Marisol Ayala

La carroña de Sálvame y Cía. Por Marisol Ayala

“Sálvame” se ha adueñado de las tardes televisivas del país. Su fórmula es fácil, cómoda y barata. Se trata de un grupo de personas de tan ínfima calidad cultural y humana que se atreven por orden de “los que mandan” a emitir juicios sobre las cuestiones más espinosas ¿no saben, no entienden?, bueno, ¿y qué importa?. Recurren al insulto y a otras cosas. Pero Paolo Vasile no se chupa el dedo. Una coletilla constante preside cada uno de los programas basura de la cadena basura: Telecinco no se hace responsable de las opiniones que se vierten en sus programas. ¿Cómo que no…?, miente. Lo es el autor directo de la calumnia y lo es también la empresa, la cadena en este caso, que ofrece la cobertura para escupir sangre.

Pero vamos a lo que vamos. “Sálvame”, el programa “que no ve nadie” tiene una audiencia que ronda en 22% de audiencia en términos generales, es decir, la repera, con la que está cayendo no nos engañemos. Confieso que hace meses que andaba buscando un rato simplón para despacharme a gustos con estos sujetos, los telepredicadores que se descuartizan cada tarde, calumnias, inventan y difunden cuestiones ajenas que en cualquier medio de comunicación serio no se permitiría y que ha elevado el “todo vale” porque “la audiencia lo demanda”. Y sin rubor. De eso conozco un poco. Por esa regla de tres, el día que los espectadores de la tele mierda/Telecinco le den la espalda “Sálveme” o sucedáneos, tal vez algún ideólogo de la cadena entienda que sabe Dios si programando una ejecución en directo remontan; y allí estará la banda de Alcatraz entrevistando a la familia, minutos antes de proceder a la inyección letal. Verán. Ejecución en director con intervenciones sesudas a cargo de los Kikos, la Bollos y La Esteban. Ese día revientan la audiencia, que la exclusiva la cobre la familia y que se joda el muerto.
La carroña, la mierda, los gritos, la mentira guionizada, la burla diaria está alcanzando cotas que en mi opinión suponen una ofensa para quienes incluso se reconocen adictos a esa basura. Viendo hace unos días a Mauriho y su famoso “dedo en el ojo” recordé a “Sálvame”: todo vale y la autocritica no existe. Vale la agresión verbal, en el caso Mou, la física, porque el ejercicio de mala educación alimentan a los suyos, los seguidores del Madrid; y en Sálvame un lío similar servirán para que al día siguiente los salva/adictos enciendan el televisor a ver si hay más sangre. Vasile y su banda carroñera se han ido extendiendo peligrosamente desde el “tomate” a “Sálvame”, desde “Sálvame” a “Enemigos Íntimos” y desde ahí a “La Noria y, en medio, a todos esos recopilatorios que la cadena usa como marca de la casa. Más de lo mismo, de manera que de “Sálveme” viven todos estos programas, ¿puedes ser más rentable este asunto para los inmorales de Telecinco?. Hagan números. De un programa, hacen cinco.

No pediré nunca que un medio de comunicación cierre, desaparezca. Jamás, pero he de reconocer que en alguna ocasión he sentido ganas de gritarlo a los cuatro vientos. Paolo Vasile ha reunido en un plató a lo peor de casa; gente sin formación, francotiradores de la desinformación, sin dignidad, pagando exclusivas a quienes tienen como único curriculum el haber pasado una temporadita en la trena o en el juzgado y tan a gusto. Recuerden a Roldán y Julián Muñoz entre otros. ¿Hasta cuándo…?, ¿hasta cuándo una sociedad debe aguantar que sus hijos crezcan escuchando las opiniones de un analfabeto como Hernández, de una Mila, de una Bollo, de un Matamoros, de una Rosa, de una Nizar, de un Antonio David, de una Makoke, de una Padilla, de una Belén Esteban de una…¿pero, qué es esto?. Es verdad que una solución eficaz es no ver esa cadena pero creo que no es justo.

En Telecinco, como en todos los medios, hay magníficos profesionales del periodismo que están (lo sé bien) avergonzados de la carroña y del fango de sus colegas; de la filosofía de trabajo de las productoras que ceden, venden, inventan, insultan y maquillan historias a su conveniencia. Lo que si considero eficaz es apagar el televisor cuando comienza el circo de “Sálvame”; cuando los gritos en el salón son insufribles o cuando (como hace dos semanas) buscaron a una mujer del público para que se prestara a ser insultada por el insultador de plantilla, el tal Matamoros.

En fin, que las mejores perlas de una profesión (aunque no son profesionales del periodismo) tan machaca como ésta se citan cada tarde sin más mérito que el siguiente: Mila Ximénez, ser ex del tenista Santana, amiga de Encarna Sánchez y enemiga de Isabel Pantoja; Kiko “Gran Hermano”, un analfabeto reconocido y de lo que además presume; Lydia Lozano famosa por su credibilidad profesional como todos sabemos; Raquel Bollo, por saltar a la fama por su divorcio y agresión de Chiquetete; Rosa de Benito la peluquera de Rocío Jurado y como guinda del suculento pastel la entronizada Princesa del Pueblo, la simpar Belén, balón de oxígeno de todos ellos, Vasile incluido. Todos ellos, ya ven, se reúnen a merendar lo que les regala el público y entre polvorón, mazapanes y yemas de Doña Ursula, dejan el plató perdido. De mierda, claro. No me resisto a comentar lo último que me cuentan de “Sálvame”: La Esteban preguntándole al público “si ellas no se tiran pedos delante de su marido” o alardeando de que “soy una señora en la calle y una puta en la cama”.

Libertad para verlo, toda, pero…¿ y aquello que se llamó Defensor del Espectador, dónde ha quedado…?. Me pregunto si esta banda de buitres los habrá amenazado para que no metan el dedo en una tarta que deja tanto millones.

“Asím” de claro, que dirían ellos.

Marisol Ayala

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