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EMERGENCIAS | IGN: «Las campañas formativas, sensibilización, etc. no son competencia del Instituto Geográfico Nacional.»

EBFNoticias | María del Mar Pérez García | Imagen: Pixabay | Estaba redactando una entrada sobre lo que me ocurrió hoy en dos páginas de Facebook: la del IGN y la de Gevolcan. Iba a ser un relato largo y detallado, con pruebas, para que no quedara ni la más mínima duda de lo que está sucediendo. Estaba sola en el sofá, enfrascada en esta nueva lucha por la verdad en la que me veo inmersa y aún no sé ni cómo ni por qué (eso tendrían que responderlo ellos). Había apagado la tele en cuanto los demás se fueron a sus habitaciones, no quedaba más que el sonido de las teclas entre este silencio, a estas horas de la noche.

De repente, sentí una leve vibración. «Habré sido yo al teclear», pensé. Me quedé quieta unos instantes, y volví a sentirlo. Empecé a descartar posibilidades: no era yo; no había pasado ningún camión ni ningún otro tipo de vehículo pesado por la calle; no había ruido, ni gente, ni nada. Y aquellas microsacudidas, aunque muy leves, continuaban.

Les eché un vistazo a la aplicación del móvil, a la página del IGN, a las páginas de Facebook que están siguiendo la evolución de esta fase en las Canarias. Nadie había puesto nada. «Bueno, será que estoy ya demasiado sugestionada con todo esto». Pero las vibraciones continuaban. Aunque ya era tarde, le envié un mensaje a Mike, por si él tenía noticias de que estuviera ocurriendo algo (en vista de que el IGN tarda días en responder, no me molesté en preguntarles). Al principio él tampoco sabía nada, pero lo reportó en su Facebook por si alguien más estaba sintiendo algo. Mientras él me daba indicaciones para que colocara un vaso con jabón en el suelo, que me serviría de sismómetro, yo hablaba con mis hijos (que estaban en sus dormitorios) y el mayor vino a sentarse junto a mí, descalzo, y enseguida notó las vibraciones bajo sus pies (sin yo decirle nada) y me lo dijo.

De entrada no recibimos más testimonios como el mío en la página de Mike, pero al cabo de un rato le llegó el sismograma con los datos de un gran LP (un movimiento de larga duración) y lo publicó.

Una vez más, el tiempo (esta vez no tuve que esperar mucho) me dio la razón. Sí, es cierto que vivo lejos del epicentro y que es extraño que lo sienta desde aquí, pero lo noté.

Ahora estoy tratando de entender por qué, si otras personas no lo notaron, nosotros sí, como otros que también hemos notado en días anteriores. Tal vez mi preocupación parezca exagerada pero hoy se demostró que está fundada. ¿Puede ser que este edificio sea especialmente inseguro o que nosotros seamos especialmente sensibles? Lo cierto es que por algún motivo, esto se está convirtiendo en el centro de todas mis preocupaciones. Bueno, no tanto, tengo otras más importantes, pero sí es una muy urgente.

Está claro que el padre Teide (aunque a mí siempre me ha parecido una silueta muy femenina y me gustaría llamarla la Madre Teide) me está avisando. Nos está avisando a todos/as, pero algunos/as estamos recibiendo su llamada antes que otros/as. Y su mensaje es muy claro: «prepárense, porque no están listos para lo que viene».

No estamos en condiciones de afrontar grandes movimientos, ni sísmicos ni volcánicos. Hace tiempo que, por ejemplo, los vasos de cristal que usamos a diario para beber agua se nos han ido estallando. En unos meses hemos tenido que tirar a la basura casi tres docenas. Algunos eran nuevos, otros tenían más tiempo de uso, pero todos se han ido quebrando en los últimos meses.

La fachada de este edificio también se está resintiendo. Empezaron a caer cascotes hace dos años y, desde entonces, está rodeada por una cinta de la Policía y tenemos la entrada trasera cancelada.

Hemos empezado a sufrir migrañas, especialmente desde principios de junio (aunque lo achacaba al estrés).

Cuando salió a la luz aquel enjambre del día 14, lo primero que pensé fue: «como esto se mueva, estos edificios van a caer como fichas de un dominó». Al cabo de dos días, se hizo público que se estaban produciendo movimientos muy cerca del cráter; el domingo 16 reportaron uno de 1,8º a -2,2 km bajo el cráter. Parecía que se estaba acercando el momento. También dijeron que había una deformación del terreno de 6 cm, y que estaban apareciendo más fumarolas. Pocos días después, se produjeron aquellos «conatos de incendio» tan inusuales cerca de los Roques de García.

Pensé en mi familia, en mis vecinos, en la gente que me importa. ¿Qué haríamos? Y empecé a buscar la forma de saber más para transmitírselo a ellos. No pensaba en mí, sino en mis hijos, mis hermanas, mis padres, mis sobrinos, mis vecinos. Si tuviéramos que dejar nuestras casas, ¿dónde iríamos?

Creía que, después del lamentable espectáculo que dieron nuestras autoridades durante la crisis del Hierro en 2011, habrían aprendido la lección y esta vez reaccionarían a tiempo, que tendrían todo preparado para informar y evitar, así, aquel desasosiego que nos hizo sufrir tanto a propios y extraños. Pero me equivocaba. Busqué en las fuentes oficiales primero, y no encontré nada. Fui, entonces, a aquellas páginas que recordaba que sí informaban en aquella época (la que más solía visitar era AVCAN) y otras que encontré más actualizadas (Volcanes y Ciencia Hoy, Vivir Entre Volcanes, Instituto Volcanológico de Canarias, la del IGN, la del USGS, etc.). Volví a instalar una aplicación de seguimiento y alertas (había cambiado de móvil y aún no había agregado ninguna) y empecé a buscar información sobre consejos de prevención, protección, seguridad… en resumen: supervivencia.

Me di cuenta de que había pasado toda mi vida sin preocuparme por lo que debería hacer en caso de terremoto o erupción. Nos habíamos acostumbrado a esa especie de hipnosis colectiva que nos convencía de que aquí no pasa nada, que tardará tanto en suceder que no lo veremos, que ni siquiera sabemos dónde ir si ocurre o, mejor dicho, cuando llegue el momento.

Durante mi búsqueda, descubrí, con asombro, que no solo el Teide se estaba despertando. Todo el Cinturón de Fuego (incluida la Falla de San Andrés) se estaba activando. En estos momentos hay más de 20 volcanes en acción, y a mi aplicación llegan cientos de terremotos de diversa intensidad cada día, desde todo el mundo… o casi.

Y digo casi porque, aunque llegan datos directos desde todo el planeta, parece que aquí, en Canarias, la cosa es alto secreto. No sé qué tipo de interés es el que los impulsa a tardar tanto en publicar los datos que tienen, en cambiar continuamente los resultados, en no responder a tiempo a nuestras preguntas en redes sociales, pero está quedándome muy claro que el factor humano (al menos, el nuestro, el de la gente normal y corriente que vive aquí), es el que menos se está valorando. Tal vez lo estén midiendo en silencio, sin que lo sepamos, pero no están teniendo en cuenta que con ese oscurantismo están poniendo nerviosos/as a muchos/as.

Hoy mismo viví dos experiencias de las que quiero dejar constancia porque lo demuestran de manera muy gráfica.

Hace cinco días, cuando el IGN publicó los folletos con instrucciones para casos de terremotos o tsunamis, les hice una simple pregunta en su página de Facebook: » Ya era hora. ¿Para cuándo campañas formativas para la población? «. Creí que, dada la situación, estarían preparando algo importante relacionado con los volcanes. Esperé su respuesta durante cinco largos días. Hoy se lo recordé. Miguel Carrasco insistió.

A continuación, el IGN respondió:

Instituto Geográfico Nacional de España y CNIG Las campañas formativas, sensibilización, etc. no son competencia del Instituto Geográfico Nacional. Estos son consejos que a nivel técnico hemos considerado más oportunos.

IGN

Y esa fue su manera de «no alarmar», «informar» y «formar» a la población. Tardar cinco días para negar su responsabilidad. Así es como funciona, al menos, quien lleva esa página.

Sí, sí, escribe una respuesta, porque si esperas por ellos…

Por otro lado, Gevolcan, otra página que seguía en esa red social, publicó hoy una serie de datos sobre los últimos movimientos y, a continuación, un extraño mensaje, en el que defendía y alababa la labor del IGN y acusaba a otras páginas de «alarmistas» y de estar propagando «fake news». Preocupada, como siempre, por querer saber de quién fiarme y de quién no, porque lo único que quiero es la verdad, no me interesa perder el tiempo con mentiras ni con mentirosos/as, les pregunté directamente que a qué páginas se estaban refiriendo. Considerando la gravedad de la situación, en la que en un futuro nuestras vidas estarán en juego, creo que si alguien está divulgando mentiras, quien lo descubra no puede tirar la piedra y esconder la mano: si acusas, dime a quién. Si no, solo estarás creando más alarma y confusión, no estás ayudando a quien se supone que estás informando.

Me respondieron que no darían datos para no hacerles propaganda. Acto seguido, me expulsaron de esa página y bloquearon la posibilidad de que pueda volver a preguntar. Me quedé ojiplática, lógicamente. Me encanta esa expresión: ojiplática. Y patidifusa. Suena muy cómico, y esto es mejor empezar a tomárselo con sentido del humor, para evitar males mayores. No me dieron tiempo ni a sacarle una bonita captura de pantalla para el recuerdo (lástima, otro motivo que sumar a mi mal de amores, qué tristeza arrastro, en serio).

En fin. Pues una vez comprobado que el IGN no solo no se digna a responder adecuadamente y a tiempo, sino que se lava las manos y reniega de la obligación que, según el BOE, tiene de mantenernos informados y facilitarnos la formación necesaria, y que algunas páginas los defienden hasta el punto de imitar y llevar al extremo sus políticas de relaciones públicas, solo me queda confiar en que la relación con la prensa sea más cordial y que esta, a su vez, no nos traicione y sea más transparente.

Ah, espera… ¿transparente? Pues resulta que tampoco. Por si no nos habíamos dado cuenta, desde el día 17 se han producido muchos enjambres y movimientos en las islas, varios sismos importantes en la Dorsal Atlántica que nos están afectando, pero… si no vamos a las fuentes originales (portales de servicios geológicos de otros países, aplicaciones para el móvil que nos muestran esos datos, páginas de científicos y aficionados que nos las interpretan…), no nos vamos a enterar de absolutamente nada. Al contrario, en lugar de ponerse de nuestra parte, del lado de la verdad, guardan un mutismo colectivo, nos dicen «no hay riesgo inminente para Tenerife» (¿Cuándo caduca lo «inminente»? ¿Y qué pasa con las otras islas?), y punto. Y si encuentran a alguien que, fuera del periodismo, ejerza su derecho a la libre expresión, puede que llegue alguno a tratar de amedrentarlo, como sucedió hace unos días la página Volcanes y Ciencia Hoy, en la que un fotógrafo freelance de cuyo nombre no quiero acordarme (al ver su actitud lo bloqueé inmediatamente y olvidé cómo se llamaba, qué suerte que tengo esta memoria de pez, a veces) entró a saco como elefante en una cacharrería, a atacar al administrador y a cuantos se le pusieran por delante. De este sí me libré a tiempo, menos mal. Pero, claro, nada ocurre por casualidad. Ese modus operandi no es propio de un periodista que va en busca de la verdad, no son maneras de preguntar, interrogar, investigar, tirar del hilo… Más bien parece el estilo del típico machito acostumbrado a las trifulcas que tanto divierten a cierto sector de cierta isla a la que es muy asiduo. El Periodismo con mayúscula tiene otro estilo. Que conste, por lo que pueda ocurrir.

Así que, llegados a este punto, queda meridianamente claro que en estas islas, sus habitantes no tenemos derecho a que se nos responda cuando preguntamos sobre seguridad en situación de emergencia por erupción volcánica, porque nos castigan con el silencio, la mentira, el desprecio, la expulsión y el bloqueo. En serio, los que se están tomando la situación sísmico-volcánica como un jueguecito de laboratorio o como una guerra de poderes, se están equivocando mucho. Con mi vida NO SE JUEGA. Y con las de mis familiares, menos.

Por lo tanto, remito, otra vez, a los recursos externos a los que, por ahora, sí podemos acceder aunque sea de forma virtual. En otros países, por suerte, este tipo de preguntas sí son bien atendidas, sí se desarrollan medidas para concienciar tranquilamente a la población (en lugar de esperar al último momento y provocar, así, ansiedad, confusión, histeria, etc., que es lo que van a conseguir aquí si continúan por este camino), sí enseñan a la gente cómo prepararse.

Si estamos ya asistiendo a los precursores de una erupción, o si podríamos estarlo, ¿qué vamos a hacer? ¿Prepararnos como si nos fuéramos a ir dos semanas de acampada? ¿Comprar mochilas de emergencia por Amazon? ¿Inventarnos las posibles rutas de evacuación? ¿Decidir nosotros mismos cuáles serán los puntos de encuentro?

Las respuestas sobre lo que deberíamos hacer las encontraremos aquí:

  1. Tenerife, la primera isla con Plan de Actuación frente a Riesgo Volcánico.
  2. El nuevo PEVOLCA
  3. PEVOLCA pdf

Tengo la sensación de que no nos darán consejos, instrucciones, formación, etc., de manera colectiva hasta que esté activado ese «novedoso» semáforo naranja. Se está perdiendo una gran oportunidad para normalizar la formación en actuación frente a este tipo de eventos que todos deberíamos conocer (y no solo el típico «ponte bajo una mesa»), y más, quienes vivimos en islas volcánicas o quienes suelen viajar a lugares de riesgo.

Supongo que debe tranquilizarnos, por lo tanto, el hecho de que no nos estén contando lo que pasa. Significa que podemos seguir con nuestras vidas, que ellos lo tienen todo controlado y que, cuando ocurra algo, sabrán cómo actuar y cómo protegernos. No hay más que hablar. La pelota queda en su tejado.