FIRMAS Juan Velarde

Errático José María García con los pitos a Gerard Piqué y la pasada de copas de un diario riojano. Por Juan Velarde

Se equivoca de extremo a extremo José María García, maestro de tantas generaciones de periodistas, cuando sale en Marca a llamar descerebraos a los aficionados que el pasado 9 de octubre de 2015, en el estadio de Las Gaunas, se lanzaron a pitar a Gerard Piqué. ¿Es que hemos pasado de decir que el pueblo es soberano para aplaudir o censurar comportamientos a ponerle de vuelta y media porque piten a un determinado jugador?

Claro está que las críticas de José María García hay que encuadrarlas en el contexto de una emisora que forma parte de Unidad Editorial, empresa también editora de El Mundo y, por ende, de un suplemento llamado Papel donde, curiosidades de la vida, escribe sobre tecnología el propio Piqué. ¡Vaya por Dios, la cuadratura del círculo! ¿Qué pasa, que ahora llega hasta tal punto la sinergia grupal que no se puede criticar a este engendro separatista que no le hace ascos a las primas de la Selección Española? Es como Mas y su caterva, mucho rajar contra España, pero siempre están poniendo el cazo.

Lo que me llama poderosamente la atención de García es que él siempre se ha destacado por ser un periodista respetuoso con la opinión de la afición. Siempre ha mantenido que quien paga manda y nadie creo que en este nuestro país llamado España (sí, Piqué, España) tengan por hobby dejarse las perras para ir simplemente a pitar a alguien porque sí. No señor, a Piqué se le pita por antiespañol, por mamarracho y por imbécil integral y habrá que seguir haciéndole en tanto en cuanto el marqués del nabo, Vicente del Bosque, se empeñe en llevarle a la Selección Española.

Por cierto, ‘chapeau’ (ironía en modo on) al diario riojano que tuvo la feliz idea de pedir en las redes que se aplaudiese a Piqué. Soy conocedor de los excelentes caldos de esa tierra, pero hay que tomarlos con moderación y el autor de la fantochada acabó teniendo la idea en la llamada senda de los elefantes de la calle Laurel (los riojanos y quienes lo conocen ya saben a lo que me refiero). Por supuesto, ni puto caso que la sabia afición riojana le hizo a la recomendación de un mediotíntico.

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