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Poeta hermafrodita. Por Eduardo García Rojas

– Los animales del Zoo.0 son criaturas que nunca verás en una película de Walt Disney. A mi me parecen, de hecho, de la familia del chupacabras. O amebas con forma humana que proceden del espacio exterior y….

– Quiere dejarlo.- digo.

– …Y que caminan entre nosotros dando latigazos clandestinos.– prosigue el hombre de negro– Y es que la mayoría, que no se entera, piensa que no existen pero sí existen. Yo sé que están ahí, por eso le advierto: desconfíe de ellos.

– En fin, póngame usted otra cerveza, Mariano.- le ruego al camarero que está en el otro extremo de la barra.

– ¿Una caña?.- pregunta Mariano.

– No, otra cerveza, hágame usted el favor.

El individuo, mientras tanto, continúa con su perorata:

– Entre los miembros de esta fauna se encuentra un espécimen que a mi me recuerda vagamente a Anton LaVey. Claro que Lucifer fue el ángel portador de la luz y eso explica que el señor con barba algodonosa y blanca expulsará del paraíso —de ahí lo de Paraíso perdido, John Milton y  toda esa jarea– a quien más tarde se convertiría en príncipe de los demonios…

– ¿No era ese Satanás?

– Pues no.- responde el indviduo- Ni Belcebú, que es Señor de las Moscas. Por cierto, qué extraordinaria novela El señor de las Moscas, al menos cuando tenía diecisiete años. Pero divago, me despista usted… ¿Qué le contaba? Hmmmm, ah, ya sé, lo de las criaturas del Zoo.0 es que, sabe usted, a mi me mordieron a tierna edad y pasé por todo un calvario eliminando su veneno.

– A su salud.- le digo a Mariano, el camarero, mientras doy el primer buche de la cerveza.

– De hecho, aún me asaltan efectos a lo flash back, que dicen por ahí.

Ta bien, ta bien, pero ¿por qué me está dando usted la milonga con esta historia?

– ¿Historia? Oh, no, no, nada de eso. Antes de entrar me enteré por boca de una señorita a la que no he vuelto a ver que ya circula por la calle su nuevo catecismo: Poeta hermafrodita.

– Catecismo, Zoo.0, fauna…. ¿Pero esto qué es… ?

– Una advertencia.

– ¿Y usted quién es?

– Un legionario de Cristo.  Lea, lea usted esta aberración que me dio tiempo de anotar.

Y leo.

Si eliges bajar la cabeza, ok.

No tengo tiempo que perder.”

Me encojo de hombros.

– ¿Y?

– ¿Cómo que y? Es palabra de poeta hermafrodita.

Termino la cerveza y pido otra con un gesto.

– ¡Mariano! ésta la paga el legionario de Cristo.

Saludos, en ese instante una sombra cruzó su mente, desde este lado del ordenador.

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