FIRMAS Salvador García

Políticos por un lado y técnicos, por otro. Por Salvador García Llanos

La conclusión parece clara: los políticos van por un lado y los técnicos, por otro. La semana pasada nos ocupábamos de la discrepancia pública del gobierno municipal con la gerencia del Consorcio Urbanístico para la Rehabilitación Turística, a propósito de la priorización de las actuaciones y del ritmo de ejecución de algunas de ellas. Ya dijimos que navegando las partes en el mismo barco esa disparidad era difícilmente digerible.
Pero ahí no acaba la cosa porque ahora es la arquitecta María Luisa Cerrillos, redactora del Plan Especial de Protección del Casco Histórico del Puerto de la Cruz (PEC), la que ha expresado sin ambages, en Diario de Avisos, su escéptico parecer: “El Ayuntamiento está dejando morir el Plan Especial. Tendrá futuro solo si la Administración local quiere y pone empeño”.
Afirmar que el Ayuntamiento deja morir un instrumento de planeamiento que resulte primordial para el futuro del municipio, desde el punto de vista de la reorganización urbanística, revela algo más que una disfunción o un desencuentro. Porque estamos ante un documento que fue entregado al Ayuntamiento hace más de tres años y todavía no ha sido aprobado de forma definitiva. El asunto merece explicaciones por parte de los responsables. Estamos ante la insensibilidad mayúscula, la carencia del sentido de planificación o el menosprecio hacia la obra de quien, al calor de su experiencia profesional, encontró en la personalidad urbanística del Puerto de la Cruz unos valores o unas situaciones merecedores del tratamiento adecuado para conservar o actuar de la forma más positiva.
Estamos, sobre el papel, ante una divergencia, que se pudiera entender, por múltiples razones. Pero no se entienden ni la desidia ni el silencio. Sí la falta de voluntad política que parece primar, como tantas otras cosas. Cierto que la labor de planificación es poco apreciada, difícilmente encuentra proyección desde el punto de vista político-mediático y hasta puede que genere más dudas o rechazos que afectos o identificaciones. Pero hay que acometerla y tratar de ejecutarla, a poco que se tenga una mínima visión de futuro.
Es más: hasta resulta probable que los postulados o las ideas de la arquitecta Cerrillos, profesional de notable prestigio incluso fuera de la isla, no gusten o no persuadan o difícilmente resultan viables teniendo en cuenta algunas peculiaridades del espacio sobre el que se quiere operar. En ese caso, se habla, se discute y se llega hasta donde se puede. Y se aprovecha lo que procede.
Lo que no puede ocurrir es esa inacción de años. Ahí faltan, por cierto, las respuestas a las alegaciones que formularon los afectados o los interesados. Porque este Plan, recordemos, empezó presumiendo de transparencia, una forma de involucrar y de procurar que la población lo hiciera suyo.
Cerrillos llega al borde de la desesperación en sus manifestaciones: “Ha habido falta de interés por parte del consistorio… Hace muchísimo que no me reúno con ellos… Estoy esperando la resolución de las alegaciones de nuestro informe… No sabemos cómo colaborar más”.
El problema es que esta paralización -no cabe otro término- repercute en el futuro. Desde la previsible declaración de nulidad, teniendo en cuenta la Ley de Ordenación del Territorio de Canarias, al bloqueo en iniciativas y proyectos que va en perjuicio de propietarios y promotores.
Lo dicho: políticos por un lado y técnicos, por otro. No debería ser así. Ambos se necesitan. Unos para plasmar su modelo de ciudad -si es que alguna vez lo tuvieron- y otros para plasmar su talento y sus concepciones. ¡Cómo se sentirán los segundos entre tanta desidia! Lo cierto es que, en el caso que nos ocupa, asistimos a un desencuentro preocupante, precisamente en épocas en la que se quiere reactivar y relanzar el destino.

Bueno, y eso también: mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Solo que ya, viendo estas cosas, causa reparo escribirlo.

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