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Del material con el que se hacen los sueños… Por Eduardo García Rojas

La mejor crónica negra de este país no está en su literatura, por norma general demasiado mimetizada por el demonio americano, sino en las noticias que leo en los periódicos tanto en su versión digital como de papel.

La última que me ha llamado la atención, por crudamente celtíbérica, ha sido descubrir la identidad del autor confeso del robo del Códice Calixtino, sustraído hace como cosa de un año de la catedral de Santiago de Compostela.

Su nombre es Manuel Fernández Castiñeiras, electricista, y hombre confianza de los responsables del templo –la Iglesia– hasta que fue despedido y ninguneado al reclamar 40.000 euros como indemnización.

Atentos al marco y a los personajes:

La Catedral de Santiago de Compostela.

El Códice Calixtino que parece estar hecho del material con el que se hacen los sueños…

Los curas…

El electricista y su familia…

Esta historia suena a España profunda.

A esa España que aún no se ha podido maquillar con los polvos de talco de Europa…

La policía, en sus pesquisas, asegura que llevaba un año vigilando a Manuel Fernández, Manolo.

Acechándolo…

Manolo mientras tanto compra casas para los suyos y muestra billetes de quinientos euros en el bar donde va a tomar café y probablemente a ver los partidos de fútbol.

Nadie explica por ahora y sin embargo que hacía este señor con 1,2 millones de euros aparte de 30.000 dólares y otra pequeña cantidad de dinero en pesetas, que se encontraron en su domicilio.

Algunos de estos billetes eran nuevos y estaban empaquetados en fajos.

La policía sospeeeeecha del origen de ese dinero: “supuestamente de hurtos realizados de los cepillos de la catedral, además de cuantiosos donativos hechos por particulares a uno de los principales templos de la cristiandad. Estos hurtos los habría cometido a lo largo de los 25 años que estuvo contratado de electricista en la catedral.”

Y pienso…

Demonios, esto es crónica negra con denominación de origen netamente española.

Un año después de su desaparición, la policía encuentra el Códice en el garaje trastero donde reside Manolo, el electricista.

Qué historia, carajo.

Se recupera en un trastero el  material con el que se hacen los sueños…

Saludos, ¡viva, viva, viva España!, desde este lado del ordenador.

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