FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Taburiente, 50 años | Francisco Pomares

Del lado de acá de la herejía, cincuenta años después de comenzar su revolución, Taburiente vuelve regresando a sus orígenes. El grupo más emblemático, trasgresor, ecléctico y mestizo de la historia musical canaria reaparece con un cd dedicado a celebrar la Navidad, que es también una suerte de homenaje al 75 aniversario de ‘Lo Divino’, con 25 villancicos del repertorio de las rondallas navideñas.

¿Taburiente cantando la Navidad? Chocante.

Bueno, chocante para mí, que no soy palmero. Para los incondicionales de la isla, no se trata de ninguna sorpresa, más bien de algo que ha tardado demasiado tiempo en ocurrir. Manolo Pérez lleva cinco años trabajando en los arreglos y teclados del disco número 15 del grupo, desde aquel primer De Canarias somos, que nació en La Contra, antes incluso de que Taburiente existiera. Después vinieron los dos trabajos que harían saltar por los aires todas las convenciones del folclore insular –Nuevo Cauce y Ach-Guañac–   producidos ambos por Teddy Bautista, y en los que colaboraron Los Canarios, Caco Senante y Coz. Fue un salto cualitativo desde la tradición a la modernidad, fusionando los ritmos y sonidos de la música canaria con el zumbido de los sintetizadores, el pop y sus instrumentos y la canción protesta, con temas explicitamente políticos. Ocurrió en el contexto de la reivindicación social de la primera Transición y el discurso nacionalista de la izquierda local: Ach-Guañac se convirtió de forma instantánea en himno del independentismo canario, y la portada del LP, obra de ese artista del Renacimiento que es Luis Morera, en el poster sobre la cabecera de la cama de miles de jóvenes deseosos de cambiar el mundo para siempre. Taburiente recorrió con ellos y por ellos –su público- todas las islas, cantó en bares y escenarios de Madrid y otras ciudades, sedujo a la crítica y a los colegas, viajó a América y galvanizó el alma herida de los canarios de Venezuela.

Como toda mi generación, yo recuerdo vivamente aquél Taburiente de ese tiempo de miedos y esperanzas: el Taburiente de Luis Morera, Manolo Pérez y Miguel Pérez, el trio original de fundadores. Pero es verdad que después ha habido otros, se han parido decenas y decenas de nuevas canciones, nuevos sonidos, nuevos compromisos y enfoques, pero ninguno ha renegado de aquella raíz original, aquél compromiso con la tierra que define Ach-Guañac y ese hacer magia con la música y la voz, aprendido en la rivalidad de las rondallas navideñas de las parroquias de El Salvador y San Francisco.

Manolo Pérez había abandonado el grupo muy pronto, demasiado pronto, pero llevó siempre clavada en alguna parte la rabia de una despedida prematura. Hace ahora diez años, volvió a la historia de Taburiente con una propuesta singular: dotar de nuevos versionados y arreglos los dos discos más conocidos del grupo. Trabajó más de un año en su propuesta y lo que parecía imposible se logró, con la integración de una voz nueva incorporada al trío original, la de José Eduardo Martín. 40 años después, volvieron a sonar en las islas, con acordes adaptados a la música del momento, las antiguas canciones de lamento y rebeldía. Para algunos supuso una sorpresa, pero el Taburiente de siempre no había perdido nunca el afecto de su cuadra. Una palmera ilustre y adoptiva, Elsa López, lo explicó muy bien hace ahora diez años: “Ellos fueron para mi uno de los referentes más importantes en los años más duros y felices de mi vida. Y lo que nunca supieron ni yo les dije, es que fueron sus voces las que me dieron el valor suficiente para seguir adelante”.  Así fue para miles.

Y ahora, este sorprendente requiebro de esas mismas voces de denuncia y protesta, acariciando con poesía y ternura el adviento del Niño.

¿Pero aquí que ha pasado?

Han pasado muchas cosas, y después de todas las que han pasado, el confinamiento, la pandemia, el volcán… pero sobre todo, han pasado cincuenta años, y con ellos la vida, y con su gasto y exilio, el regreso a la infancia y adolescencia, a los lances de ‘Lo Divino’, traídos por los estudiantes de La Laguna en los años 40, para quedarse para siempre en las calles vestidas de Navidad de Santa Cruz de La Palma (y San Andrés y Sauces).

Taburiente es el espíritu irredento e inconformista de una Canarias que ya no está donde están ahora las cosas: en las redes, los telediarios y el griterío del poder; pero que sigue estando –doliente y ansiosa de paz- en el alma, las emociones y los recuerdos de los hijos de las islas.

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