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OPINIÓN | Un plan tras la crisis del 2008: el monstruo asoma (II) | Eloy Cuadra

Habíamos lanzado una pregunta en el corte inicial, ¿qué está pasando en el mundo?, algo que no podremos entender bien si no nos damos una vuelta por lo que pasaba en la primera década del milenio. Bueno será aclarar no obstante, en nuestra visión eurocentrista occidental del mundo, cuando pregunto por lo que estaba pasando me refiero a lo que estaba pasando en Occidente, obviamos por supuesto que África seguía sufriendo hambrunas devastadoras, expolio continuo y guerras sangrantes (en Somalia, en Liberia, en Sudán, en Ruanda, en Burundi, en el Congo, en Angola o en Costa de Marfil) que provocaban migraciones masivas con dramáticos resultados, olvidamos también que Estados Unidos y sus socios europeos habían invadido Irak con el pretexto de las armas de destrucción masiva y andábamos metidos en Afganistán, persiguiendo al nuevo enemigo islamista -básicamente ficticio- pero necesario para justificar la dialéctica hegemónica neoliberal y su vertiente militar. A lo que a la historia nos interesa, lo económico, comenzamos el milenio con el capitalismo viento en popa a toda vela, tan boyante que a finales del año 2000 Estados Unidos enlazaba 120 meses de crecimiento continuado de su economía, récord histórico, un crecimiento económico que vino de la mano de una estabilidad en los precios y situaciones mantenidas de pleno empleo. Esta bonanza económica tuvo su continuidad en Europa, disfrutando de los mejores años del llamado Estado del Bienestar. En España por ejemplo, seguro que lo recordamos, nuestra economía crecía a toda prisa impulsada por el boom de la construcción, el turismo y la burbuja inmobiliaria que ya se empezaba a gestar. El problema de dejar al capitalismo libre a sus apetitos es que nunca acaba de saciarse, siempre quiere más y más beneficios, y en esa lógica egoísta y descontrolada, en un escenario de tipos de interés muy bajos y situaciones de muy poco paro, los especuladores del dinero extendieron la práctica de dar créditos hipotecarios sin garantías de cobro, por cantidades que superaban habitualmente el precio del valor de la vivienda, y en 2008 acabó llegando la famosa crisis de las hipotecas subprime, o hipotecas basura, cuando la gente empezó a dejar de pagar sus créditos. Esto es lo que comúnmente se sabe de aquella crisis, lo más conocido, pero había más, había más en el terreno de la especulación bancaria y el lucro infinito, porque también por aquellos años comenzaron los bancos a comercializar los llamados hedge funds, fondos de inversión de alto riesgo sin regulación alguna prometiendo altos beneficios, al tiempo que vendían sus activos hipotecarios en forma de bonos, usando esos mismos bonos como garantías para nuevos créditos, en una espiral de ingeniería de trileros financieros que creaba dinero ficticio de la nada.

A fuerza de tanto especular el 15 de septiembre del año 2008 quiebra el banco americano Lehman Brothers. Lo dejaron caer, en un error de cálculo, no viendo venir el terremoto que arrastraría a la quiebra a otros muchos bancos americanos y europeos hasta el extremo de casi colapsar el sistema. Y de repente el capitalismo ultraliberal ya no era tan sabio ni perfecto, llegaron entonces los rescates bancarios multimillonarios. De aquellos meses data la célebre frase, too big to fail, demasiado grande para dejarlo caer, Lehman Brothers y ninguno más, fue la lección que aprendieron en el G-20 de aquel año, y el 1 de octubre de 2008 George W. Bush habilitó nada menos que 700.000 millones de dólares en ayudas, buena parte de ellas para rescatar a la banca americana, a los que siguieron los rescates europeos, de manera más lenta eso sí, por valor de 654.000 millones de euros, con una salvedad o diferencia importante que seguro muchos no conocen. Y es que el gobierno norteamericano recuperó todo lo que puso, incluso con beneficios (53.000 millones),  en cambio Europa dejó de recuperar 219.255 millones de euros, según Eurostat. Por cierto, ¿saben cuál es el país europeo que mayor porcentaje de lo prestado a la banca no se ha recuperado? Efectivamente, es España con 55.000 millones, lo que apunta muy a las claras la mala calidad de nuestra democracia, si es que aún podemos llamarla así, y lo mansitos y sumisos que somos los españoles.

Pero los rescates a la banca eran solo una medida desesperada para evitar la quiebra del sistema, un sistema que una vez rescatado debía replantearse lo que había fallado para no volver a repetirlo. Hubo entonces algunas voces, minoritarias en todo caso, que abogaron por reconvertir el capitalismo hacía un modelo más humano, más justo, menos acelerado, menos loco, menos volcado desesperadamente en la ganancia, dado que lo que había provocado el crack había sido justamente eso, la avidez de los buitres de las finanzas buscando beneficios a toda costa en un mercado sin control ni fiscalización. En definitiva, cabía la opción de hacer el capitalismo más sostenible, pero no fue esa la solución finalmente adoptada. Los que mandaban por entonces, instituciones supranacionales a las que nadie vota la mayoría, como el G-7, el G-20, el Foro de Davos, el Club Bilderberg, el FMI, el Banco Mundial, la UE, la OMC y otros tantos, para nada tenían entre sus planes reconvertir al capitalismo en un corderito amansado, entre otras razones porque esa reforma habría supuesto que muchos de ellos perdieran sus prebendas y privilegios. En lugar de eso convinieron que la democracia estaba bien como excusa o como coartada, pero había llegado demasiado lejos y no se la podía dejar avanzar más. Dicho con otras palabras, Occidente había sido víctima de su propio sueño glorioso, que a punto estuvo de matarlo de éxito. Es sencillo, los ciudadanos europeos y americanos del Primer Mundo creyeron que todos podían ser clase media, tener una casa en propiedad y un coche o dos, vacaciones en la costa, salir a cenar y un largo etcétera de parabienes y comodidades. Cierto -no me entiendan mal-, es a eso a lo que deberíamos aspirar en toda sociedad justa, que todo el mundo pueda tener un techo, suministros básicos, comida digna, sanidad, educación, transporte y tiempo de ocio, pero no a costa de necesitar cuatro planetas para cubrir la huella ecológica y las necesidades creadas, ni inventando dinero de la nada, enriqueciendo a los mismos de siempre y empobreciendo a buena parte del resto del mundo.

En este contexto, sabedores los globalistas que esta situación no podía volver a repetirse decidieron que en adelante y para siempre nunca más habría bonanza económica y superabundancia generalizada, nunca más el estado del bienestar. Había que quitarle a la gente esa idea de la cabeza, y así fue como empezaron a trabajar de manera totalmente decidida por y para el capitalismo de la escasez. Capitalismo de la escasez al que, en buena  lógica y una vez constituido le sobra mucha gente, como de hecho ocurre ahora, como decía Bolivar Echevarría, «el exterminio de los otros parece ser una condición técnica», de todos los que no son útiles al negocio.  «En 2030, no tendrás nada y serás feliz», cuentan que dijo el fundador del Foro Económico Mundial de Davos, el alemán Klaus Schwab hace unos años, y ese parece ser el lema, el plan en el que trabajan los defensores de la globalización del capital desde 2008, empobrecernos, con una falsa sensación de fatalidad, de que no se puede hacer otra cosa, de que a pesar de todo vivimos en el mejor de los mundos posibles. Fue en 2008, el año en  el que el monstruo comenzó a enseñar su verdadera cara. ¿Cómo lo llevaron a efecto? Lo veremos con detalle en los capítulos que siguen a este artículo, de lo que avanzamos unos breves apuntes.

Por supuesto, las medidas adoptadas tras el rescate a la banca no fueron para nada sociales, nada de pensar en los de abajo, y llegaron los austericidios, las fusiones bancarias, el control del déficit, la famosa prima de riesgo, cambiar la constitución para priorizar el pago de la deuda, más privatizaciones, y con estas soluciones más paro, más precariedad laboral y más pobreza. La clave, seguir restando poder a los países para convertir a sus gobiernos básicamente en títeres, no podían dejar pensar y decidir a los ciudadanos, se había demostrado peligroso, podía resultar algo poco adecuado a sus intereses, ¿recuerdan aquello de «las elecciones las carga el diablo»? Y prosiguieron con el refuerzo de los organismos de decisión supranacionales no elegibles democráticamente desde donde vendrían todas las soluciones importantes ya ordenadas. Y si se trataba de restar poder a los países y a los ciudadanos y crear escasez y pobreza, nada mejor que continuar el tránsito del mercado y del capital, de las pequeñas y medianas empresas, de los autónomos, de los trabajadores y los asalariados, de lo público, de la riqueza mejor repartida, a las multinacionales y grandes corporaciones, a lo privado, a los trabajadores esclavos y a la riqueza grosera concentrada en unos pocos. Minimizar las rentas del trabajo, encarecerlo todo, hacer trabajadores pobres, hoy mayoría en países como España, en favor de las rentas del capital. Fomentar concentraciones de poder en grandes bancos, conglomerados y holdings internacionales, concentraciones de capital en torno a la actividad financiera, y hoy si nos vamos a la lista Forbes y nos fijamos en las 10 empresas más grandes del mundo veremos que buena parte de ellas son bancos, entidades financieras o fondos de inversión, esto es, empresas que no producen básicamente nada, sólo especulan. Y aglutinar poder y dinero en torno a supuestos filántropos ultramillonarios innovadores, los mismos de siempre, para seguir haciendo lo mismo de siempre y extender su dominio y capacidad de decisión a todos los sectores estratégicos de nuestras sociedades, en la sanidad, en la energía, en la vivienda, en la alimentación, en la educación, en los cuidados y en otros tantos, y por supuesto en los medios de comunicación, para decirle a todo el mundo lo que está mal y lo que está bien, a los que debes temer y a los que debes amar, o contra quien hacemos la guerra y contra quien no, aunque sea justo al contrario. Y esto es, muy a groso modo, lo que ha sucedido desde 2008 hasta hace muy poco, en los artículos que siguen iremos prestando atención al detalle para afinar en la comprensión de nuestra historia.

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