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OPINIÓN | Puerto de la Cruz luce orgullosa | Momo Marrero

Ermita de San Telmo, Puerto de la Cruz. Tenerife, Canary Islands, Spain, Southwestern Europe.

Entre los años 2016 y 2019 escribí toda una serie de artículos sobre mi ciudad, decana de los municipios turísticos de Canarias, en los que reflexionaba sobre el modo en que se había ido degradando por distintas circunstancias hasta convertirse en un destino obsoleto y carente de atractivo, mas allá de su ubicación y su entorno (que no es poco).

Con el paso de los años, la unificación de criterios y fuerzas y el desarrollo de un plan estratégico del destino arrojaron cierta luz al final del largo túnel. La pandemia nos hizo pensar que la reactivación se detendría o, cuando menos, se ralentizaría, pero afortunadamente, gracias al trabajo y el esfuerzo de todo el sector y de las administraciones, la realidad nos ha superado: Puerto de la Cruz ha salido indiscutiblemente fortalecido como destino y goza de una salud turística envidiable.

Me he propuesto no hablar hoy de datos (algo que me resulta complicado, pues son realmente clarificadores) sino de emociones y de sentimientos.

Relaté años atrás cómo empresarios, taxistas y conocidos me preguntaban entonces cuál sería el futuro de nuestra ciudad. Lo hacían con desazón, tristeza y no poco enfado y hartazgo, pues se sentían abandonados, viendo cómo la ingente cantidad de riqueza que el municipio llegó a generar había desaparecido por la culpa de unos, la desidia de otros y la incapacidad del resto. El destino iba camino de convertirse en un destino de segunda fila. Sobra decir que tanto la ciudadanía como el empresariado estaban heridos de orgullo.

Durante décadas, mis constantes viajes por motivos profesionales me impidieron hacer vida en mi ciudad, hasta que la pandemia y las circunstancias personales requirieron que recogiera velas y dedicara todo mi tiempo a estar en mi terruño, con los míos, más cerca que nunca de palabra y de hecho. Circunstancias que también han generado momentos intensos de felicidad, al estar más próximo a la familia y retomar el reencuentro con viejos y queridos amigos y amigas.

Esto me ha permitido volver a recorrer mi amada ciudad después de tantos años. Y debo decir alto, claro y públicamente que me encanta Puerto de la Cruz, como municipio y como destino turístico. Hay infinidad de rincones acogedores, de gente entrañable, de tradiciones profundas pero respetuosas con la multiculturalidad, y se disfruta de un inmejorable clima primaveral. Esta ciudad, mi ciudad, luce hoy orgullosa un espléndido e ilusionante futuro generador de riqueza (más allá de lo económico), de experiencias y de sentidos.

Este año nadie, absolutamente nadie, ni vecinos ni empresarios, me ha parado por la calle o me ha llamado preocupado por el futuro, porque el futuro ya se ve, ya está aquí y podemos disfrutarlo segundo a segundo. Hay nuevas inversiones, nuevos planes pensados para que el esplendor perdido aflore y luzca más atractivo que nunca.

Créanme, es una maravillosa experiencia caminar por sus calles, sentarse en una terraza a degustar los productos locales, sin desdeñar los internacionales. Pero también sentarse en la orilla del mar con el único objetivo de escuchar el susurro de las olas y ver cómo se estrellan en los acantilados o se mecen sobre la negra arena. Puerto de la Cruz huele a mar y sabe a salitre, esculpidor de la faz de sus pescadores.

Sentarse en el muelle de pescadores debería “costar dinero” por la grandeza de la experiencia, de lo que se siente, lo que se oye y lo que se ve… y me van a disculpar la petulancia, pero así lo pienso y así lo siento.

Pocos municipios en estas islas (y fuera de ellas) tienen tanta, variada e incesante actividad cultural. Como comentaba hace unos días con cierta sorna con el insigne paisano y prestigioso columnista Salvador García Llanos, “ahora resulta que la cultura también genera riqueza turística y ocupa camas”. Sí, estimado maestro, la cultura también llena hoteles, bares y restaurantes aunque algunos desmemoriados del sector lo hayan negado durante décadas.

Lo dicho: Puerto de la Cruz (¡al fin!) luce orgullosa.

Ermita de San Telmo, Puerto de la Cruz. Tenerife, 
Canary Islands, Spain, Southwestern Europe.

 

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