FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Atentos a una dimisión | Francisco Pomares

La dimisión de Elías Castro como gerente de Gestión de Servicios para la Salud y Seguridad en Canarias, confirmada el lunes después de meses de haberla presentado y de mantenerse de forma interina en su puesto, evidencia la situación de ruptura interna en la empresa pública. Castro, un socialista palmero vinculado desde hace años a la dirección de empresas gubernamentales que también se desempeñó en la política institucional durante algún tiempo -fue portavoz del grupo municipal del PSOE en la capital palmera- decidió hace unos días tirar definitivamente la toalla, harto –según él mismo ha dicho- de “predicar en el desierto”.

Gestión de Servicios para la Salud y Seguridad en Canarias es una empresa del Gobierno dependiente al alimón de las consejerías responsables de Seguridad y de Sanidad, ambas desempeñadas por dos hombres con largo recorrido en el PSOE, el incombustible Julio Pérez y Blas Trujillo, amigo personal del presidente Torres. Esa doble dependencia ha provocado históricamente algunos conflictos en la empresa de la que dependen el transporte sanitario, la coordinación de las emergencias, y la formación para la salud y la seguridad pública, pero también la gestión económica y la recaudación sanitaria. Los trabajos principales y más conocidos de la empresa se desarrollan a través del Servicio de Urgencias Canario –el SUC- y el Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad –el Cecoes, más conocido por su acróstico 112-. Al pasar la gestión de Sanidad y de Seguridad dos consejerías controladas ambas por el PSOE, se esperaba una reducción de las tensiones que hace ya años dividen a la empresa, donde conviven dos culturas, dos formas de entender el trabajo público. Sin embargo, lejos de resolverse los conflictos, la situación se agravó con el Pacto de las Flores, cuando se produjo la incorporación al comité directivo de José Julián Isturiz, uno de los hombres de mayor confianza del vicepresidente Román Rodríguez.

Isturiz fue –cuando la consejería de Sanidad estaba ocupada por Julio Bonis y Román era director del Servicio Canario de Salud- el hombre clave de aquél equipo, al que –en ocasiones- había que sumar al quien más tarde se desempeñaría como consejero de Turismo en el Gobierno de Rodríguez, el conejero Juan Carlos Becerra. Isturiz, un habilísimo gestor sanitario, especializado en control de estructuras públicas y en la ingeniería de licitaciones y compras, fue responsable del montaje del 112. Su aterrizaje dos décadas después en el comité ejecutivo de la empresa de la que Castro era gerente, agudizó los problemas. No sólo con Castro, también con Conrado Domínguez, también miembro del comité ejecutivo en representación de la consejería de Sanidad, y hoy seriamente afectado por el ‘caso mascarillas’.

Desde su llegada, Isturiz ha estado más interesado en sacar adelante uno de los proyectos estrella de Román Rodríguez, la creación de los dos bunkerizados edificios de Seguridad y emergencias,  y menos por la necesaria actualización de los presupuestos de una entidad que hace veinte años se ocupaba de las emergencias, el transporte sanitario y la seguridad en una región con millón y medio de habitantes y seis millones de turistas, en la que hoy se mueven 2,2 millones de habitantes y 15 millones de turistas.

Castro Feliciano ha protagonizado una espantada sonada, al explicar públicamente que no se va porque le haya llegado la hora de la jubilación, sino por “claras discrepancias” con los consejeros de Administraciones Públicas y Sanidad y con el presidente Torres, tres compañeros de partido. Se ha referido a dos discrepancias en concreto: una sobre la situación de quiebra en la que se colocó la empresa por la gestión de la línea telefónica y la contratación de personal durante el Covid, recurriendo a partidas extrapresupuestarias, y otra las intervenciones de “miembros del comité directivo” –una velada referencia a Isturiz- pretendiendo incorporar a la empresa “actividades que no le son propias”, una situación que dice se negó a aceptar.

Es probable que la salida de Elías Castro nos traiga nuevas revelaciones en los próximos días. Sobre los bunkers de Román, sobre porqué la fracasada operación de compra de mascarillas señaló a Conrado Domínguez, sin legitimidad ni poder para que prosperara, o incluso sobre los motivos que llevaron a que a Castro se le recortaran sus poderes como gerente. Sospecho que está a punto de comenzar un revelador culebrón.

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