FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Los ricos son los otros | Francisco Pomares

Después de varios meses resistiéndose su Gobierno a rebajar impuestos, Ángel Víctor Torres explicó ayer en sede parlamentaria los motivos de su negativa, ahora corregida, después de que Sánchez corrigiera también: resulta que se actuó de forma prudente, no adelantando rebajas fiscales hasta conocer tanto la financiación estatal que llegaría a las islas, como las medidas que adoptaría el Gobierno de su jefe, para poder complementarlas. Quizá lo razonable habría sido que Torres reconociera que tanto Sánchez como él mismo habían decidido rectificar su inicial intransigencia en relación con las reducciones fiscales, después de comprobar que la práctica totalidad de los gobiernos de toda Europa las están aplicando, algunos de ellos de forma bastante locuela, dicho sea sin ánimo de señalar a nadie.

Torres descartó nuevamente deflactar el IRPF el próximo año “a todos los niveles de renta”, como medida para compensar a los contribuyentes por la inflación disparada, y aseguró que se hará sólo a las rentas medias y bajas. En realidad, Torres juega un partido que sabe perdido, porque es poco probable que los tribunales acepten una reducción fiscal específica para determinados tipos de renta. En España, como en toda Europa la tributación por renta ya está corregida para que paguen más los que más tienen, y paguen poco o nada, los trabajadores situados en los últimos escalones de renta.

Si lo que Torres quiere de verdad es que los ricos, o aquellos a los que considera ricos el PSOE (que son sólo quienes tienen ingresos que superan los entre 70.000 y 90.000 euros que puede cobrar el presidente del Gobierno, un diputado o un alcalde), esos pocos ricos paguen más, entonces lo razonable sería cargar contra el patrimonio y las SICAV: ahí sí que pagarían más lo que más tienen. Igual que sería razonable reducir el IGIC, un impuesto que pagamos todos en el mismo porcentaje, y que –dicho sea de paso- es el que más recursos aporta al Gobierno de Canarias y a las corporaciones locales isleñas. Pero de tocar el IGIC nada de nada, porque con él –según Torres- se sostienen también los servicios públicos y el Estado de Bienestar, ese Estado que esta Administración pretende preservar de la avaricia de los que más tienen y menos quieren aflojarse el bolsillo. Es curiosa la resistencia a aplicar criterios comunes a los impuestos directos, y la facilidad con la que se aplican a los indirectos: el IGIC se queda como está para todos, y también se aplica el mismo criterio de ‘para todos por igual’ a la bonificación del impuesto a los carburantes para los profesionales, un impuesto tan injusto como el IGIC, porque pagan igual ricos, pobres, colombófilos y mediopensionistas.

En realidad, la presentación que de este asunto hace el presidente Torres es pura demagogia: ayer fue incapaz de desgranar cuáles serán las medidas concretas de su Gobierno para “que paguen más los que más tienen”. Torres se limitó a repetir que deflactar el IRPF a todo el mundo es injusto, y que lo que hay que hacer es establecer ayudas directas y deducciones a las familias con ingresos medios y bajos. Muy bien, muy loable, pero que diga ya cuales, que deje de camelarnos con sus buenas intenciones y nos convenza con sus decisiones. Porque Torres, como suele, no arriesga ni una sola opinión propia: no va más allá de proponer lo que ha planteado el Gobierno de la nación, después de subir el ocho por ciento a todos los pensionistas, cobren 400 euros por una pensión no contributiva, o 2.800, por haberse jubilado con el salario -no vitalicio- de un presidente del Gobierno. Para los pensionistas sí se aplica ese criterio de ‘igual para todos’, que no se aplica a los contribuyentes, en un país en el que la pensión media se acerca peligrosamente al salario medio. El concepto de rico que maneja Torres se debe antojar bastante restrictivo a quienes viven de un salario mileurista y ven cómo ejércitos de paniaguados de partido, instalados como asesores o expertos en quien sabe qué en las Administraciones, cobran salarios indecentes, pero justo justo un poco por debajo de lo que Torres considera que es ser rico: cobrar más de cien mil pavos.

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