FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Combustible para la democracia | Salvador García Llanos

El director del Departamento de Seguridad Nacional, general Miguel Ballesteros, ha sido rotundo al afirmar que “la mejor herramienta en la lucha contra la desinformación es el periodismo”. Lo dijo en el curso de la presentación en Madrid del libro  ‘Lucha contra las campañas de desinformación en el ámbito de la seguridad nacional’ cuya publicación ha sido coordinada por el citado departamento. Se trata de un informe redactado por cinco grupos de trabajo integrados por expertos de la sociedad civil y que ha contado con la participación de la marca ‘Verifica RTVE’.

El general Ballesteros es concluyente al considerar que “la información es el combustible de la democracia”, con lo que se pone a prueba que el periodismo y la alfabetización mediática interpretan, como tantas veces hemos apuntado, un papel determinante en la lucha contra los  bulos y las campañas de desinformación. Ese papel es aún más importante en circunstancias como las derivadas de la guerra en Ucrania y su repercusión en Europa.

Es una idea en la que coinciden otros expertos y responsables públicos como el alto representante para la Política Exterior y la Seguridad Común de la Unión Europea, Josep Borrell, quien recalcó en el curso del acto de presentación de la publicación, que “la desinformación es la gran amenaza contra la democracia”. Por eso ponderó el trabajo de los periodistas y los medios de comunicación: “Sin información –dijo- no tendría sentido ir a votar y no tendría sentido la democracia. No se podría aplicar. Es un sistema que basa su funcionamiento en ciudadanos informados”.

Sus palabras deberían hacer reflexionar a muchas personas y a muchos consumidores de información que se inhiben, se resignan o no conceden importancia a esta materia, sin darse cuenta que su indolencia es precisamente lo que buscan muchos comunicadores, editores, intrusos y hasta medios a los que no importa jugar con mentiras o falacias transmitiendo una realidad completamente falsa o adulterada. Lo mejor que pueden hacer es no seguir o no sintonizar con predicadores que claramente abusan de la buena fe de las gentes y de la democracia.

Lo ha puesto de relieve el vicepresidente de la Federación Española de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Aurelio Martín, quien no se cansa de destacar “el papel del periodismo contra la desinformación”, al tiempo que enfatiza en una coincidencia de los expertos de la sociedad civil que han aportado sus reflexiones en esta publicación: en la misma recomiendan una asignatura de educación mediática de modo que sea impartida en los colegios.

El objetivo de esta materia sería “formar a usuarios autónomos y críticos”, un hecho “muy importante”, tal como evolucionan las cosas y el alcance que cobran algunos fenómenos en la sociedad de nuestros días, principalmente en el ámbito de las redes sociales. Martín estima que “hay que dotar a los alumnos de conocimientos sobre la repercusión de los mensajes para prevenir discursos de odio y promover una cultura de encuentro, convivencia y paz”.

El informe que da razón de ser al libro es ilustrativo: aborda la desinformación como una amenaza a la democracia, expone propuestas de regulación, defiende la alfabetización mediática como la herramienta principal contra este fenómeno, desglosa recomendaciones para combatir los bulos y manipulaciones en procesos electorales y, finalmente, explica los principios para impulsar una estrategia nacional contra la desinformación. Este trabajo conjunto ha derivado en la creación de un foro de lucha contra las campañas de desinformación.

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