FIRMAS Salvador García

FIRMA | Elsie | Salvador García Llanos

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En pos de la libertad/ abrazaré el ocaso/ y en la poesía nítida/ que no reflejó el papel/ cerraré los ojos/ y mis labios musitarán/ sin darme cuenta/ el prólogo de una despedida”, escribió Elsie Ribal, fallecida ayer, con el título ‘Mensaje’ uno de las estrofas contenidas en ‘Pensamientos sin límites’, el poemario que firmó junto a su hijo, Eladio Tavío, y que fue presentado en vísperas de la Navidad de 2015 en un abarrotado Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC),

    Vimos, entonces, sinceramente, a la mejor Elsie, a una Elsie pletórica, fiel a su estilo de siempre a la hora de recitar, pero como más estimulada, acaso por la concurrencia activa de su hijo Eladio que ahora incursiona en el género, procedente de la pintura y la plástica. Hay madera de artista, de creador, desde luego.

    Era como si Elsie, natural de La Victoria, intuyera sin fatalismos el final del camino, que se agotaban los apegos que la unieron toda la vida a la poesía. Su intimismo, sus adentros, sus sentimientos, sus querencias, sus ánimos… Como en tantas otras apariciones públicas, Ribal había ido desgranando, poema a poema –escribimos entonces-, la delicadeza con la que ha interpretado su propia existencia hasta volver a reencontrarse con sus valores de siempre.

    Ahí queda su aportación a la cultura portuense, plasmada en los dos primeros mandatos de los ayuntamientos democráticos, cuando ejerció como concejala delegada de Cultura y cuando acompañó a Francisco Afonso en el impulso a la creación de la Universidad Popular Municipal que, tras su fallecimiento, llevaría su nombre. Allí se afanó lo suyo para poner en marcha el grupo de teatro ‘La Recova’, uno de los logros municipales en la producción de los años ochenta (Una anécdota de la época: Elsie Ribal se adhirió en un pleno a la posición que defendió la concejala Dora García (UCD), a propósito de no permitir el ‘top less’ en el complejo del Lago Martiánez).

    Pero Elsie quería escribir y seguir recitando. Por eso, aparecieron desde ‘Torres de arena’ a ‘Acantilados de papel’ pasando por ‘Crepúsculos’, ‘Cuando se quiebra el silencio’, ‘Paréntesis azules sobre el asfalto’ y ‘Poemas a voces’, que firmó junto a su hija, Elsie Tavío Ribal. Hasta completar el conjunto de su producción bibliográfica, hay todo un vuelo de poetisa que es capaz de superar adversidades de la vida y seguir acreditando entereza al dejar en el papel una idea, un verso lleno de sutileza y sencillez que llevó a varios escenarios de la geografía norteña.

Y así, sin necesidad de demostrar nada, lució su identidad poética, consciente de que la mejor manera de enhebrar sus versos era respetar su clasicismo y refrescar sus fuentes de inspiración. Se sabía “hoja, tránsito”, la “silueta de la alborada” que hacía lo que más le gustaba en una soledad productiva, en las horas que aprovechaba para amar esta forma de escribir y decir las cosas. Lo suyo ha sido la modestia, lucir sus dotes sin alardes, en sus libros, en sus recitales, en sus cometidos públicos. No es de extrañar que en uno de sus últimos libros hubiera insertado estrofas dedicadas a un Puerto de la Cruz que ella vio evolucionar. Revelaba no solo su amor por la ciudad sino la voluntad de corresponder a ese afecto. Cuando la autora habla de belleza, lozanía, paz y algarabía, alude a los encantos del “viejo relicario” que pintores y poetas llevaron a sus lienzos y a sus páginas con el ánimo de quien descubría un mundo que fascina por tantos atractivos.

    Sabía lo que la “palabra destila” en un instante. En los silencios de esa soledad, están los secretos. Pero están también los rumores, las sombras, la brisa perceptible, los sueños, las olas de la mar cercana, los suspiros, los oníricos mensajes, la frondosidad anhelada de las lecturas y relecturas inagotables. Por eso se lanzó “una vez más/ a remar con los luceros/, mientras convergen colores/ que desnudan mi alma/ con plegarias de silencios”.

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