FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Calidad ambiental, calidad turística | Salvador García Llanos

Es noticia que en un hotel de Estados Unidos han cambiado el césped natural por artificial “para así ahorrar agua y empleados”. Los críticos coinciden en que, a pesar de la justificación, la solución no parece afortunada ni duradera, tanto por tratarse de la instalación de un elemento artificial –desde el punto de vista ecológico o medioambiental, es muy discutible- sino porque los clientes, de alguna manera, van a notar una gran diferencia.  Y es que las personas no solo ven sino que perciben  con  más de un sentido. Mucho más en viajes y estancias, principalmente porque existe la opción mucho más eficiente de plantar  vegetación autóctona (las célebres cortinas vegetales de tantos puntos/obras de la geografía insular) o aquella más resistente al estrés hídrico y que con arquitectura de paisaje puede deparar resultados espectaculares.

El ejemplo del hotel aludido nos pone en la senda de cómo la calidad ambiental se transforma en calidad turística y resulta primordial para la competitividad. Partimos de esa certeza, de acuerdo, pero las circunstancias de nuestros días, con la crisis climática que condiciona las temperaturas y microclimas que afectan a los destinos y a la industria de hospedaje, inciden también en los ecosistemas y la biodiversidad. La percepción de los viajeros o turistas resulta decisiva para captar su atención y su fidelidad.  Es evidente que una mayoría de mejoras ambientales o ecológicas benefician a los hoteles, restaurante y destinos en su conjunto porque, sobre el papel, impiden la concentración de una serie de residuos que comporta la cadena de producción u operativa,  por ejemplo, la energía, el agua y la alimentación.

Cada vez hay más empresarios y profesionales convencidos de que el sector turístico está en condiciones de deber y poder regenerar el entorno natural donde se desarrolla, una estrategia más rentable que el actual ‘greenwashing’, en castellano algo así como lavado ecológico o ecoblanqueamiento consistente en orientar la imagen de marketing de una organización o una empresa hacia un posicionamiento ecológico mientras que, por otro lado, sus acciones van en contra del medio ambiente. Esa “comunicación verde” no siempre significa que la empresa sea más respetuosa con el medio ambiente ni que haya adquirido fehacientemente un compromiso medioambiental. De esa forma, el lavado o ecoblanqueamiento muchas veces incurre en un mensaje abusivo y hasta engañoso. Las consecuencias, a la larga, suelen ser muy negativas sobre la reputación.

En definitiva, lo que se valora es el compromiso del sector hotelero o turístico en general con  su entorno natural. Algunos establecimientos en la isla no solo han sido pioneros sino también un consolidado ejemplo a seguir.  Han llevado a cabo una estrategia clara de compensación, cuando no un proceso de mejora y transformación que repercute en su propia oferta y en la potenciación de la calidad ambiental de su entorno.

En conclusión, la mejora medioambiental equivale a una mayor calidad turística. Aunque resulte una obviedad, conviene reiterar que muchas empresas y destinos turísticos se localizan en un territorio con el que, en menor o mayor medida,  tienen una relación muy estrecha, por lo que es fundamental considerar que las acciones de compensación y regeneración ambiental deben estar integradas o coordinadas, incluso en el propio destino, de modo que formen parte de su personalidad, de su oferta . Que sean, pues, un factor distintivo.

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