FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Proyecto de país | Francisco Pomares

Llevo algún tiempo preguntándome que es exactamente eso del ‘proyecto de país’ que ahora se ha puesto tanto de moda que todos los que nos gobiernan quieren tener uno. Lo normal, hasta que Pablo Iglesias (segundo), ese gran peluquero de estilismos ideológicos, se inventó lo del ‘proyecto de país’, era que los políticos con mando en plaza se conformaban con tener un programa, preferentemente sometido al público en un escrutinio electoral. Lo del programa estaba muy bien: servía para hacerse una idea de las cosas a incumplir al llegar al poder, y cuanto más ambicioso era el programa, más posibilidades tenía de no ser aplicado nunca.

Algunos partidos de largo recorrido se habían dado cuenta de lo difícil que era cumplir lo prometido y optaron por la extraordinaria idea de tener no uno sino dos programas: uno para cumplir al llegar al Gobierno, y otro para tenerlo ahí, de repuesto. El PSOE fue el primer partido español que inventó lo del doble programa: uno ‘máximo’ para tranquilizar a los militantes, y uno ‘mínimo’ para engañar a los electores. El ‘máximo’, como su nombre indica recogía los objetivos últimos, fundamentales, los que definían la ideología del partido para sus afiliados: el programa ‘máximo’ del PSOE, aprobado en 1879 y teóricamente aún vigente, aunque oculto, declara que “el partido tiene por aspiración la posesión del poder político por la clase trabajadora, la transformación de la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad común de la nación y la organización de la sociedad sobre la base de la federación económica, de la organización científica del trabajo y de la enseñanza integral para todos los individuos de ambos sexos”. En suma: “el ideal del Partido Socialista Obrero es la completa emancipación de la clase trabajadora; es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo, libres, iguales, honrados e inteligentes”. Cien años después, en 1979, cuando los socialistas tuvieron la sensatez de abandonar el marxismo para ganar las elecciones, –en España tardaron unos cien años más que en Alemania en ajustar cuentas con Marx- mantuvieron por respeto a la figura del fundador Pablo Iglesias (primero), la vigencia del programa ‘máximo’, pero sólo a efectos de declaración, y se centraron en lo que creían poder cambiar: controlar el Ejército, que andana entonces díscolo y levantisco, democratizar las instituciones del país, hacer la reconversión industrial, modernizar la economía, universalizar la asistencia sanitaria, ampliar la cobertura de las pensiones… cosas concretas, vaya. Y a eso lo llamaron el programa ‘mínimo’. Ha llovido mucho desde entonces, y es posible que la gente no lo recuerde, pero ese programa ‘mínimo’ de los primeros gobiernos felipistas no sólo cambio la economía, también cambió completamente la sociedad, la educación, la sanidad, la justicia, las relaciones de poder en España…

No recuerdo que nadie volviera a hablar del ‘programa máximo’ del PSOE, y es lógico. Lo que resulta incomprensible es que tampoco se hable ya de ‘programas mínimos’: hemos pasado de defender la sociedad sin clases a presumir –como hacía ayer la socialista Nira Fierro- de que Sánchez tenga “un proyecto de país”, como si tener un proyecto de país fuera como poseer un cuadro, o un coche de cinco plazas o un traje pret-a-porter de dos piezas. Pues sea lo que sea, Sánchez ya tiene uno, mientras su vicepresidenta va por ahí escuchando a la gente a ver si le soplan como debe ser el suyo.

Un proyecto de país: el de Sánchez se vislumbra, nos dice doña Nira, en su presidencial solvencia y empatía, su sólida intervención en el debate, y en haber dejado claro que en sus medidas tiene a España en la cabeza, como antes decían que Fraga tenía el Estado. Pero lo que tiene Sánchez es un cacao monumental: presenta un plan de transporte público gratuito que reducirá la inflación y contribuye a la sostenibilidad, y al tiempo financia el combustible al transporte privado… Propone gravar los beneficios ‘caídos del cielo’ de las eléctricas y ¡¡¡al mismo tiempo!!! topa los precios del gas para lograr que desaparezcan esos beneficios… Y crea impuestos a la banca justo cuando la inflación dispara el precio del dinero a familias y empresas.

Sánchez no tiene a España en la cabeza, ni un proyecto de país, ni un programa ‘mínimo’ ni mucho menos ‘máximo’. Lo que tiene es apenas un plan para seguir en el poder –que no es exactamente lo mismo que gobernar- mientras pueda y le dejen. Pero hay que reconocerle que sabe darle a la gente lo que la gente quiere.

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