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OPINIÓN | Sin rumbo | Óscar Izquierdo

En medio de la tormenta perfecta que padecemos, con la combinación de varias crisis, que no sabemos por donde seguirán, porque todo es cambiante de manera inmediata, estamos en una incertidumbre constante, que afecta no sólo a los ciudadanos, temerosos ante el presente y porvenir, sino también al mundo económico, donde no hay seguridad alguna para planificar, ni a medio y mucho menos a largo plazo. Estamos acostumbrándonos a vivir dentro de una nueva normalidad, no la que prometió, alegremente en su día el presidente Pedro Sánchez, que nunca apareció, ni existió, sino la verdadera, a saber, la que se sustenta en la provisionalidad absoluta en todo. Hay miedo, no podemos obviarlo, que viene precedido de la machaconería de las élites gobernantes, que les gusta una sociedad asustadiza, porque es más fácil de controlar.

El dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht atinó cuando dijo que “el hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo”. Una verdad de Perogrullo, que nos sirve para seguir adelante, rompiendo barreras, saltando obstáculos y derrumbando muros estorbadores. La humanidad, a lo largo del tiempo, ha pasado por múltiples dificultades, naturales, sangrientas, hambrunas, sanitarias, guerras, conflictos, enfrentamientos, pero siempre ha terminado avanzando, aunque no podemos olvidar y para eso sirve la historia, que detrás han quedado muchas heridas e inmenso dolor. Nos ha tocado una edad contemporánea convulsa, donde se repiten los mismos errores de siempre. Parece que no aprendemos de lo experimentado, porque es un hecho demostrable y verídico que el ser humano, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

El mundo occidental lleva décadas perdiendo el rumbo, no sabe dónde está, ni cual es su papel en estos momentos, desvaneciéndose su influencia internacional de manera preocupante. Ganándolo sobre todo la zona asiática, con China e India a la cabeza, donde ya hay algunos agoreros que dicen que el siglo XXI es suyo.  Se intenta imponer un nuevo orden global, que quiere arrasar con toda la base cultural que lo sustenta ahora. Nuevas ideas, prioridades e imposiciones ideológicas de las más variadas y pintorescas, por no decir que algunas son peligrosas más que ridículas, inundando nuestro convivir y haciéndolo farragoso. Machaconamente se nos imponen propuestas, donde las minorías, con todo el respeto que se les debe tener, intentan y lo están logrando, imponer sus criterios, sobre una mayoría silenciosa, que está haciendo dejadez de su responsabilidad, porque deja hacer, decir y proponer a unos pocos, cuestiones básicas para el mantenimiento de una Sociedad saludable, convirtiéndola en un verdadero lodazal, donde todo vale, en un relativismo pernicioso.  Unas veces de manera solapada, otras con un bombardeo publicitario o mediático agobiante, acaban con tradiciones, costumbres, modos de convivencia, que se han forjado a través de las distintas edades del hombre y que han permitido sobrevivir y afrontar las más diversas dificultades.

Hay un intento intencionado por acabar con lo bueno que hemos experimentado en nuestro país, como fue la época del diálogo, consenso y el acuerdo, que se ha trocado por un frentismo insoportable, donde se lleva todo al abismo de la radicalidad, sólo se encuentra la nada. Tenemos que recuperar la cordura, para conseguir conjuntamente salir adelante. Ya sé que es una quimera lo que digo, porque nadie quiere aportar, sumar y sobre todo escuchar o ceder. Pero hay que insistir en plantar el encuentro, buscando el interés general, para cosechar frutos agradables. Buscar la conversación con quien piensa diferente, sabiendo escuchar, para ser escuchado. La dirección correcta se llama acuerdo.

 

Oscar Izquierdo es Presidente de FEPECO

 

 

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