FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Periodismo de soluciones | Salvador García Llanos

Imagen: Laboratoriodeperiodismo.org

Hace pocas fechas, la Universidad de Oxford y la agencia Reuters dieron a conocer el Digital News Report 2022, un examen sobre el estado de los medios de comunicación en cuarenta y seis países. Los resultados del informe son significativos: los ciudadanos aparecen ya como saturados de información, por lo que, cada vez más, buscan sus temas de interés y no la información general. La guerra de Ucrania, la inflación, la pandemia… empiezan a resultar cansinos. En nuestro país, el interés por las noticias ha caído treinta puntos en los últimos siete años, del 85 al 55 %, siguiendo una tendencia prácticamente mundial.

En ese contexto surge el denominado periodismo de soluciones, sobre el que ya expresamos algunas consideraciones en entradas anteriores. Se trata de una manera de informar que no oculta los problemas sociales ni las situaciones de crisis, sino que refleja el relato o la historia de quien aporta una solución, como el país que ya ha contrastado la mejor forma de afrontar el desafío o la institución que está obteniendo los mejores avances. O sea: buscar evidencias reales. Darle forma periodística. Y lo cuenta.

La periodista y escritora Irene Lozano, licenciada en Lingüística, que fue diputada a Cortes y presidenta del Consejo Superior de Deportes, actual directora de Casa Árabe, acaba de publicar en eldiario.es un interesantísimo artículo sobre este particular. Por un periodismo de soluciones, lo titula. Escribe Lozano que “durante décadas, uno de los pilares del periodismo era el célebre axioma “good news are no news”, las buenas noticias no son noticia. El sensacionalista que todos llevamos dentro tendía a interesarse más por las catástrofes que por los benefactores de la humanidad. Nos atraían las noticias negativas por lo mismo que se da el efecto mirón: cuando hay un accidente en el carril de al lado queremos saber qué ha pasado. Todo eso ocurría cuando la información era un lugar al que ir: un periódico, un rato de radio o el Telediario. Ahora que vivimos en la infocracia global, por decirlo como Byung Chul Han, en nuestros cerebros ya no cabe una catástrofe más”.

En efecto, la tesis de Lozano se basa en que “nuestras vidas giran en torno a estímulos de información: imágenes de Instagram, el sonido de un podcast, los insultos de un tuitero o las imágenes de TikTok. Y ese torrente deja una cantidad de sedimentos con los que el cerebro, literalmente, no puede. De hecho, el motivo aducido por muchos de los encuestados para el informe es justamente el efecto negativo que tienen las malas noticias sobre su estado de ánimo”.

Según Irene Lozano, la solución para mucha gente es desconectar. Admite que no puede criticar a quienes, progresivamente, se van retirando de las noticias valoradas como importantes. Tras confesar en el texto que ella misma lo ha hecho, por pura supervivencia cognitiva, estima que “sin embargo, la suma de decisiones individuales de desconexión tiene consecuencias para el conjunto”.

El periodismo de soluciones no está exento de controversia. Muchos profesionales entienden que la idea de ofrecer “buenas noticias” es naíf y poco profesional, además de prestarse a la taimada intenciópn de proteger a los poderosos, al no exponer sus desaguisados. Para Irene Lozano , “quizá no sea una cuestión de qué noticias dar, sino con qué enfoque abordarlas”.

El caso es que, desde hace algún tiempo, el periodismo de soluciones sobre la mesa. Esta modalidad no pinta un mundo de color de rosa, simplemente cuenta otra parte que es tan real como el problema: las posibilidades de solucionarlo. Irene Lozano afirma que “el periodismo de soluciones no es optimista ni divulga un abaratado pensamiento positivo. Simplemente ensancha la imaginación común, aporta conocimiento útil, pone en valor la innovación social y multiplica el poder de transformación política. Muestra, con hechos, cómo hacer para que las cosas realmente sean mejores. Alivia a nuestro ánimo de la sensación de impotencia y le concede algo más de esperanza. Lo que más necesitamos”.

En estos momentos, y en determinados ámbito, desde luego.

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