FIRMAS

OPINIÓN | Irresponsables | Óscar Izquierdo

La diferencia fundamental que explica muchas cosas de la situación precaria que padecemos en Tenerife y no sucede en las otras islas de nuestra Comunidad Autónoma, es que no hay una continuidad normalizada en la planificación de las obras de infraestructuras a lo largo del tiempo, porque se cambia de criterio o prioridad, según las circunstancias particulares que se produzcan, por ejemplo,  cuando sucede un cambio de legislatura o también, con el revelo del partido gobernante, cuando así lo provocan las elecciones correspondientes.

No hay una perspectiva a largo plazo, todo es para mañana, lo máximo que dura las ganas por un planeamiento, en cualquier ámbito económico, es de cuatro años. Sobre el papel, se define, pero después no se hace o pasa directamente al baúl de los recuerdos, que desgraciadamente en Tenerife es muy grande. Tenemos múltiples y vergonzantes ejemplos, donde se cambia todo según el gusto personal del concejal de turno o de cualquier otro responsable público, que quiere pasar a la posteridad con su obra emblemática.

El cortoplacismo se impone a la seriedad de una política como servicio público, donde se mira al futuro, preparándolo desde el presente, con una anticipación suficiente. Las obras públicas no son como los zapatos, que entramos a la tienda, los probamos e incluso podemos salir al instante con ellos puestos. Exige mucho tiempo de trabajo concienzudo, empezando por la identificación de la necesidad, que viene dada principalmente por la demanda social, económica o estratégica, después sigue la localización, diseño, cálculo de inversiones, presupuesto, financiación, estudios de impacto ambiental, exposición pública, trámites o permisos que deben solicitarse antes de la ejecución de la obra, aprobación administrativa, licitación y por último ejecución.

Durante todo este proceso se gastan muchas energías, demasiado tiempo, costos inmensos, estudios tediosos, reclamaciones legitimas o simplemente partidistas e ideológicas. Cuando por fin se plasma en una realidad ejecutable, empieza el calvario de poner la obra pública en marcha. Entonces, de repente, por arte de magia, aparecen escarabajos por doquier, restos arqueológicos, que precisamente hasta ese momento nadie había descubierto, asambleas populistas, manifestaciones coloristas, recogidas de firmas en plataformas globalistas, encierros aparentes, acampadas de verano, denuncias ante los tribunales de aquí y europeos, con el único fin de parar o retrasar todo. También hay que sumar los pruritos personales de algunos profesionales, que no admiten que un compañero, con los mismos estudios o experiencia, se atreva a contradecir su opinión, en cuanto a la idoneidad de la obra pública a ejecutar. Los egos y celos, al final los pagamos los ciudadanos en las colas de todos los días.

La planificación de las infraestructuras viarias, aeroportuarias, hidráulicas, educacionales, culturales, sanitarias, deportivas, además de los equipamientos comunitarios, llevan en sí mismo un proyecto general, metódicamente organizado, frecuentemente de gran amplitud, con el objetivo de conseguir un progreso económico y desarrollo social de un territorio determinado. Esto significa, que no se pueden cambiar alegremente por caprichos personales, electorales o ideológicos. Hay un proverbio africano que dice con mucha sabiduría, “el mañana pertenece a las personas que se preparan para ello hoy”.

En la isla se ha planificado mucho, se han realizado cientos de estudios, incluso más de la cuenta, pero todo se ha quedado ahí. Incluso lo que se ha aprobado normativamente, no se cumple, por cierto, sin responsabilidades asumidas por nadie, en cambio, siguen inventando nuevas propuestas, algunas pintorescas, otras electoralistas, algunas envidiosas, olvidándose, la mayoría de las veces, adrede, que siguen sin ejecutarse las infraestructuras, que ya tenían que haberse terminado hace treinta años, que es el retraso histórico que Tenerife tristemente soporta.

Oscar Izquierdo es Presidente de FEPECO

 

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