FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | JALO 100 años | Salvador García Llanos

El Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), con sede en el Puerto de la Cruz, hace una aportación inestimable al conocimiento y la difusión de la historia local coincidiendo con las Fiestas de Julio. En la presente edición, una exposición titulada Jalo 100 años, dedicada al artista portuense, Ángel Acosta Martín (1922-2015), al cumplirse el primer centenario de su nacimiento, propicia un acercamiento a su biografía y a su obra que los portuenses harán más suyas, seguro. No es solo identificarse con el autor de la imagen de la tan venerada Virgen del Carmen sino de entender su dimensión artística, su generosidad y su talante. “El artista más prolífico de cuantos dio el Puerto de la Cruz durante el siglo XX”, en palabras del historiador portuense Eduardo Zalba

La exposición, inaugurada ayer tarde por el alcalde de la ciudad Marco González Mesa, complementa el trabajo editorial iniciado en un primer momento por Inmaculada Acosta Carrillo a quien siguió la aportación desarrollada por la Asociación de Vecinos La Peñita en 2004, cuando vio la luz la publicación La Virgen del Carmen de Ángel Acosta y el Puerto de la Cruz: 1954-2004, de la que es autor el bibliotecario Fernando Viale Acosta. En esa ocasión, según se explica en uno de los paneles explicativos de los contenidos de la exposición, “una cuidada propuesta editorial aportó un documento sin precedentes en el contexto local para aproximarse a la figura del artista plástico, así como a los pormenores concernientes a la ejecución de la nueva talla de la Virgen del Carmen, entronizada en 1954”. Años más tarde, Emilio José Zamora González publicó una exhaustiva crónica de los homenajes sucedidos entre 2001 y 2005.

La exposición, por tanto, se centra en el estudio de la actividad productiva de Ángel Acosta para evidenciar las cualidades y destrezas en sus más de siete décadas de producción artística. Junto a ello, un material inédito de primer orden relativo a su trayectoria más personal, perteneciente al fondo familiar custodiado por sus herederos. Su contemplación es una oportunidad imperdible para quienes quieran profundizar en la vida y obra de un personaje singular que superó las adversidades de la vida y encontró en Tortosa (Tarragona), su villa de adopción, el marco donde desarrollar un trabajo artístico sobresaliente.

Su localidad natal nunca le olvidó. Ni le olvida. Como quedó acreditado en la apertura de esta exposición, con decenas de familiares y portuenses que siguieron atentamente las explicaciones de Eduardo Zalba que describió con esmero, para corresponder a la importancia del artista, los cinco ámbitos en que está dividida la colección de fotografías, bocetos, esquemas y hasta las esculturas que dejó inacabadas. El esfuerzo para recopilar parte de la obra ha sido meritorio, desde luego.

Si el relato cronólogico y técnico de Zalba sobresalió por su minuciosidad y porque condensó hitos de la producción del artista, no fue a la zaga el de Emilio Zamora, su sobrino, quien ponderó las vicisitudes –nombre incluido- de sus últimas estancias en el Puerto, donde probó en primera persona, con la modestia que le caracterizaba, los limitados afectos que se ganó, una suerte de prolongación del fervor que los portuenses dispensan a la Reina de los mares. En uno de esos desplazamientos desde Tortosa, décadas después de la entronización, pudo Ángel Acosta saber lo que la gente le apreciaba. Y ya como Hijo Predilecto de la ciudad, pudo pasar noches enteras desde el balcón del lugar donde se alojó, mirando el Atlántico infinito e imaginando a su Virgen surcando las olas.

En fin, Jalo 100 años, una exposición memorable que los portuenses, sin distingos sociales, deberían admirar.

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