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OPINIÓN | El mágico gol de Cuco en La Manzanilla | Salvador García Llanos

Dos días antes de fallecer, en plena semana grande de las fiestas del Corpus Christi, pudimos transmitir, por medio de su hija Cheli, en medio de un encuentro casual, el último saludo.

Felipe Padrón Jordán, popularmente conocido por Cuco, llevaba algún tiempo internado en el hospital de Icod de los Vinos.

Natural del Puerto de la Cruz, mecánico de profesión, prestó servicios en Transportes de Tenerife (Hernández Hermanos) y Titsa. Era inconfundible su estampa enfundada en un mono azul, recorriendo las calles portuenses y de la Villa, donde contrajo matrimonio con Nena Hernández Méndez. Sus hijos, Cheli y Felipe Padrón Hernández.

Jugaba de delantero, se formó en la formidable cantera portuense y perteneció al célebre equipo del Once Piratas dirigido por el inolvidable Roberto Hernández Illada. Fue la primera gran época de esplendor del fútbol local. Dio el salto al primer equipo, en el que, pese a la fuerte competencia, pudo hacerse con un sitio en la línea delantera, alternando la titularidad. En la temporada 1959-60, formó parte y tuvo una intervención decisiva en La Laguna, de aquel equipo que logró el ascenso a Primera categoría regional, posteriormente inmortalizado en los versos populares de Vicente Yanes, “aquel Puerto Cruz llamado el pequeño Real Madrid”.

Felipe o Cuco era, de algún modo, el sexto delantero, según la configuración de líneas de entonces, lo que se dice un suplente de lujo. Le atribuían picardía, rapidez de reflejos, agilidad y capacidad de desmarque. Aprovechaba los rechaces, esos balones sueltos en el área.

En el libro Recuerdos de un partido memorable C.D. Puerto Cruz-Juventud Silense, original de Pedro Barreto, Gregorio Dorta y José Manuel Martín, publicado por Asociación de Vecinos La Peñita-Aqualia, se recoge el testimonio de Cuco, autor de un gol que a la postre sería decisivo.

En efecto, después de haberse proclamado campeón del Grupo Norte, Puerto Cruz habría de enfrentarse al de la zona Capital-Laguna, el Estrella, para disputar la plaza de ascenso a Primera. Para los autores del libro, esa tarde el delantero anotó un gol mágico en La Manzanilla. Relata Cuco:

“Yo entré en el equipo porque Del Pino no pudo jugar y la verdad es que estaba un poco nervioso. Aquel día fue lluvioso, encima jugábamos en el césped, no estábamos habituados y todo pareció estar en nuestra contra. Pero todavía hoy, me acuerdo de aquel importante gol que marqué. El centro vino desde la derecha y no sé si fue Germán o Vicente que había cambiado la banda, pero lo que sí sé es que me metí entre dos defensas. Ello no lo esperaban y me lancé en plancha, metí la cabeza y marqué. Fue extraordinario. La pena fue que sufrí un golpe en la rodilla y ya no jugué el partido de vuelta que ganamos 2-1 en El Peñón y alcanzamos el ascenso. Aquello fue memorable”.

Cuco memorizó aquel gol y repetía su relato cada vez que alguien se lo pedía o recordaba. Un testigo presencial dijo que no había gritado un gol con tanta intensidad como aquel día.

Desde entonces, si lo permiten, el delantero se quedó en el lado bueno de la historia.

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