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OPINIÓN | Vomitar | Pablo Zurita Espinosa

Subíamos al Teide en el SEAT 1430 de mi padre, mal pertrechados, con varias capas de ropa, sin cinturones en los asientos de atrás y algún XXX Súper Filtro que él se encendía con total naturalidad. Marear era habitual y no solo por las curvas o la altitud.

Estoy seguro de que el 90% de quienes critican el borrador del nuevo Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) de Las Cañadas del Teide ni se han leído ni tienen idea del actualmente en vigor. Se sorprenderían. Ahora se trabaja en un nuevo PRUG y el primer borrador lleva la impronta del equipo que lo redacta, claro está, escorado a la conservación o a la divulgación, según el caso, ambos extremos de obligado cumplimiento por la condición de parque nacional. Por eso la exposición pública y las aportaciones son necesarias, imprescindibles para centrar el péndulo.

Para aportar hay que tener algo que proponer. Criticar es mucho más fácil y ahí están todos los adversarios políticos del Gobierno de Canarias a dos carrillos, encuentran cosas que no les gusta y vomitan. Y seguro que llevan parte de razón: nadie niega que el documento borrador tiene mucho que discutir. Vilipendiar al promotor de la revisión del PRUG es más fácil que buscar alternativas a organizar las visitas a Los Roques de García o a proteger su flora y su fauna.

La política de la destrucción es un lastre para la sociedad. No se trata de avanzar sino de tener metralla. Da igual si se pretende adaptar los usos de un espacio natural protegido a la realidad del siglo XXI o una estrategia de exportación a la nueva legislación. La consulta pública: el ejercicio masoquista para que te partan la cara, a ver quién es el guapo que se atreve.
Virgencita déjame como estoy.

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