FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Vandalismo inculto | Salvador García Llanos

Siempre hubo personas poco dadas a respetar el patrimonio público, aquellas que llevaron su protesta o su disconformidad más allá del civismo y la educación, pintando, rompiendo o causando daños, algunos de muy difícil reparación, como diría un juez tinerfeño en una insólita sentencia.

Siempre las hubo, amparadas o no en el anonimato, proclives a lanzar su valentía, aunque la fachada, el busto o el monumento hicieran poco daño o no molestasen demasiado. Pero ahora, pareciera que se han acentuado las ganas de dañar –hasta la mutilación- y el vandalismo va cobrando dimensiones más preocupantes, más allá de reflejar un comportamiento absolutamente reprobable e inadecuado.

Así ha ocurrido recientemente en Madrid, en la calle Martín de los Heros, con la estrella de Penélope Cruz. Según se aprecia en algunas imágenes, la losa donde posaba la estructura ha sido destrozada y las letras con su nombre robadas. Hasta ahora, se desconoce los autores del acto vandálico, pero llama la atención que esto haya ocurrido justo una semana después de que se anunciara que la actriz, que vive uno de sus mejores momentos profesionales tras conseguir su tercera nominación al Óscar y la Copa Volpi en el Festival de Venecia, recibiría el Premio Nacional de Cinematografía 2022 por el Ministerio de Cultura y Deporte.

Más allá de lo reprochable que es semejante acto vandálico, esto pone de relieve la diferencia abismal en España respecto a la forma de entender el cine y sus artistas en otras culturas, como bien podría ser el caso de la de Hollywood. Allí, paseando por Hollywood Boulevard y Vine Street en Los Ángeles, es notorio un ambiente de cariño y respeto hacia sus iconos cinematográficos, aquellos que engrandecen la cultura estadounidense y a los que mayormente se les admira pensando en su trabajo en pantalla.

Se dirá que es una manera de interpretar la realidad o unas costumbres adquiridas a partir de la identificación con personajes públicos y su aportación durante una trayectoria profesional. Todo aquel que camina por su paseo de las estrellas lo hace deseando admirar los nombres tallados en las losas, sacarse una foto con los de sus celebridades favoritas y respirar el aroma de un lugar icónico. En cambio, en España es difícil percibir algo así con nuestra cultura cinematográfica. Mientras que en otros ámbitos como el deporte la mentalidad de los españoles tiende a centrarse en los logros meramente profesionales, con el cine, tal vez por la mayor exposición mediática a la que se someten sus estrellas, tendemos a mezclar al personaje artístico con su opinión cultural y política.

Y así, en un país tan dividido entre izquierdas y derechas, es habitual encontrase con sectores que prefieren criticar a actrices como Penélope Cruz por no coincidir con sus opiniones que celebrar que sea una de las personalidades que mejor representan la marca España, que lleva nuestra cultura más allá de nuestras fronteras y que se erige como uno de los mayores iconos de nuestra cinematografía. Y el destrozo total de su estrella en Madrid después de obtener uno de los grandes honores de su carrera nos lo deja claro.

En este caso, se diría que es revelador de la baja estima con que valoramos a actores y actrices. Habría que mirar este acto, precisamente, más allá de los destrozos producidos y de la mayor o menor admiración que inspira la celebridad.

El periodista madrileño Alberto Cano, especializado en cinematografía, independientemente de reivindicar más recursos para la conservación y promoción de la zona donde se localiza ese ‘paseo de la fama’, cree que “al final, entra en juego este factor de que, por disidencia con sus opiniones personales y no por su trabajo artístico en un país tan dividido como el nuestro, tendemos a valorar a nuestras estrellas por causas extracinematográficas que no terminan por beneficiarlas. Y no debería de ser así, porque claro está que alguien obteniendo un no parar de logros y reconocimientos como Penélope Cruz lo último que tendría que ver es su estrella de la fama vandalizada”.

Digámoslo sin ambages: No al vandalismo. Expresión de incultura reprobable.

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