FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Empleo turístico. Lástima | Salvador García Llanos

Seguimos hablando de empleo, de las fluctuaciones en el mercado laboral y de las que caracterizan algunos sectores productivos, por ejemplo, el turístico.

A propósito, un profesional en fase de retirada, habitual seguidor de este sitio, que le gusta “por lo razonable de los planteamientos”, nos comentaba días pasados que la mejora en el empleo es evidente y lógica: la pandemia –razonaba- ha entrado en vías de normalización tras los procesos de vacunación y se recuperan hábitos viajeros.

Pero, sobre la marcha, comentamos otros factores que han contribuido a tal mejora. Y es que, por citar uno, las temporadas bajas se han reducido, tanto en costa como en interior en invierno y hasta en ciudad en fines de semana, dado el aumento experimentado en el turismo interior.

Sin embargo, hay que conservar la paradoja que significa la carencia de camareros, unos cien mil, según algunos noticiarios y publicaciones especializadas. ¿Es posible?, cabe preguntarse. A estas alturas, con el aumento de la oferta, después de una pandemia que causó estragos en la práctica totalidad de los ámbitos turísticos, con los incrementos advertidos en centros de formación profesional… ¿es posible que falten camareros?

Independientemente de la cantidad, algo habremos hecho mal si en plena fase de recuperación, a punto la temporada alta en algunos destinos, nos encontramos con una carencia de esa magnitud. Es curioso, desde luego, que la queja proceda incluso desde algunos reductos empresariales.

Hace unos cuantos años, posiblemente un par de décadas, el presidente de una patronal canaria ya advertía de que los años de bonanza podrían ser desaprovechados del todo si no se incidía –y se insistía- en la formación profesional. El tiempo le ha venido a dar la razón. Si como apuntan todos los vaticinios, en el turismo volveremos a las cifras de prepandemia, desembocaremos en una situación como la de los años setenta u ochenta o como los períodos de vacas gordas –esos que llamábamos bum- tan proclives a la improvisación y al voluntarismo y tan dadas a contentar a las centrales sindicales a base de precariedad en el empleo.

Pero lo cierto es que, de no mejorar condiciones laborales y salariales, especialmente en cuanto a horarios se refiere, asistiremos en primera fila al escenario de un sector laboral de muy baja cualificación y profesionalización que se desenvuelve con muy escasas perspectivas y, por supuesto, sin solidez ni estabilidad. Y lo que es peor, tal como se advierten las circunstancias, sin conciencia ideológica.

Lástima.

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