FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Veinte muecas | Salvador García Llanos

Actuación de Mueca en 2019

Echó a andar ayer la vigésima edición de Mueca, originariamente concebido como un festival de teatro de humor pero que fue creciendo como una manifestación artística de artes escénicas en plena vía pública, apta para todos los públicos y gente de toda condición. Circo, danza, teatro, literatura, clown, performances… se han ido incorporando a una programación cada vez más enriquecida hasta englobar un espectáculo políédrico que, al cabo de veinte años, se ha convertido en una de las convocatorias que el Puerto de la Cruz precisa para brindar una oferta llamativa, válida tanto para cualificar su especialización cultural como para constituir un reclamo turístico que se puede proyectar de forma llamativa en ferias y ambientes promocionales.

Se cumplen veinte años de aquella primera oportunidad que fraguó la que era entonces concejala-delegada de Cultura, Ángeles Marrero. Lo estuvimos recordando en la tarde del miércoles en una producción audiovisual para un medio digital interesado en los orígenes del certamen después de haberlo cubierto con generosidad a lo largo de los últimos tres años.

El nombre se le debe a Nicolás González, trágica y prematuramente fallecido, un dibujante excepcional que imprimió no solo su sello artístico sino su espíritu creativo. Nico, como le conocía coloquialmente, fue el autor del primer cartel anunciador, un rostro inexpresivo, muy en consonancia con la expectativa que despertaba la experiencia que se iba a vivir. Años más tardes, dentro del festival y de la actividades que abarcaba, se creó un espacio que lleva su nombre. En el fondo, era un tributo a su aportación.

Los primeros presupuestos de Mueca no debieron alcanzar los diez mil euros. La edición inicial tuvo como marco el ya desaparecido Parque San Francisco, al que se añadieron vías de los alrededores, como el paseo Quintana y la calle San Juan. La primera compañía de teatro que intervino se denominaba Yllana.

El festival fue creciendo y desarrollándose, no sin dificultades económico-financieras y alguna controversia política. En algún momento, se llegó a temer por su continuidad. Afortunadamente, pudo palparse la reivindicación social, la aspiración de mucha gente vinculada a la cultura y, principalmente, a las artes escénicas, que terminó pidiendo porfiar por la convocatoria. En plena zozobra, apareció el compromiso del Cabildo Insular de Tenerife. Por fortuna, siguieron haciendo Mueca, tal es así que algunas de sus imágenes llegaron a ser utilizadas en soportes promocionales que aún lucen en inmuebles y edificaciones portuenses.

Al cabo de veinte años, la gente ya espera Mueca. Hay que congratularse. Este Festival Internacional de Arte en la Calle, con su propio modelo organizativo, basado en la participación activa de la plataforma social Cómplices Mueca, recupera ese gran espacio de plazas, vías y avenidas para desplegar a más de treinta artistas y compañías en siete espacios, cuatro universos, diferentes recorridos y rutas tematizadas que acogerán más de cincuenta espectáculos que se iniciaron ayer y se prolongarán hasta el próximo domingo. Una de las novedades, en un espacio de nombre más que apropiado, ‘El universo de la palabra’ (Plaza del Charco), es la feria del libro instalada en ese siempre animado recinto urbano.

Parece que fue ayer cuando arrancó. Pero ya son veinte ediciones. Mueca se ha consolidado. Con aportación de otras instituciones (Gobierno y Cabildo). Larga vida.

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