FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Ahora, agresivos | Salvador García Llanos

Que la política española está enconada y encanallada, que la crispación predomina en muchos ámbitos, que algunos políticos no saben conducirse siquiera en los niveles más elementales, que antes y después de la pandemia –pero principalmente después- el ambiente se ha enrarecido y el respeto ha pasado a mejor vida, que buena parte de las diferencias o de la crispación se quiere resolver por las tremendas… son evidencias que generan desasosiego y hacen cada vez más difícil la convivencia, en tanto que los resortes del funcionamiento de la democracia se resienten.

Pero algunos episodios últimos enredan aún más la situación. A algunos les ha dado por lucir un instinto de agresividad que es, cuando menos, preocupante. Así le sucedió hace poco a Miguel Ángel Rodríguez, ex portavoz del Gobierno que presidió José María Aznar y actual director de gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Rodríguez empujó, antes de iniciarse el acto de toma de posesión del presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, a una periodista de La Sexta, Andrea Ropero, quien se comportó con admirable temple durante los hechos y en las comparecencias posteriores. La razón de las imágenes estaba de su parte. Rodríguez siguió una máxima que hay que tener presente en situaciones similares: cuanto menos se diga, menos complicaciones. O lo que es igual: si lo intentas arreglar con explicaciones difícilmente justificables, peor el resultado.

El otro caso es el del alcalde de Ourense, Gonzalo Pérez Jácome, quien encabezó la candidatura de Democracia Ourensana (DO) que solo obtuvo dos actas de concejal. Por esos insólitos avatares de la política, Pérez, con siete ediles electos, quedó en tercera posición, pero recibió el apoyo de José Manuel Baltar (PP) después de que éste decidiera votar a su favor antes de que accediera a la presidencia de la Diputación. Pese a los desencuentros y los recelos entre alcalde y presidente, el reparto de cargos les satisfizo. Al menos inicialmente. Lo peor estaba por venir.

Bueno, pues Gonzalo Pérez Jácome se ha lucido con otro empujón a otra mujer –¡qué valientes!– en la misma puerta del consistorio. La víctima, Lola Panero, veterana dirigente sindicalista de Comisiones Obreras (CC.OO.) que, megáfono en mano, se dirigía a los trabajadores de la empresa urbana de transporte que efectuaban una concentración en su primera jornada de huelga. Cuando el alcalde se puso frente a los huelguistas, la sindicalista le acercó el megáfono y Pérez Jácome, claramente alterado o molesto, se la quitó de encima en una instintiva reacción, llegando a empujarla.

Las consecuencias de tan reprobable comportamiento están aún por digerir. El alcalde se defiende diciendo que era víctima “de la amenaza de una agresión acústica”, con el consiguiente “riesgo potencial de pérdida auditiva”. Pero demasiado visible la acción como para refugiarse en eufemismos.

¿Saben quién tiene ahora el problema? Pues el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. Sobre la formación política, ya recaen peticiones de que retire el respaldo al alcalde… y de que sea la lista más votada la que pase a asumir el gobierno local, es decir, justo lo que él ha venido predicando apenas asumir la presidencia nacional del PP. Buena prueba.

La perdiz puede sufrir un mareo de aquí te espero. Pero lo grave es que aquel encono o aquella crispación de la que hablamos en el primer párrafo se van acentuando. Pobre democracia: a estas alturas, sus representantes conduciéndose así.

En Canarias, se dice: “Y no mejora el enfermo”.

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