FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Cultura de seguridad acuática | Salvador García Llanos

Las costas canarias se cobraron cuatro vidas el pasado fin de semana. Un alto precio. Nos acordamos inmediatamente de los esfuerzos del compañero Chano Quintana, periodista grancanario, empeñado en menesteres de prevención y salvamento que están resultando baldíos, cuando se conocen estos resultados. Porque cinco vidas en un par de días es un muy alto precio.

Esas noticias de ahogamientos y pérdidas humanas son muy negativas para un destino turístico en territorio insular. Luego hay que insistir, hay que redoblar la dedicación y los recursos con tal de prevenir mejor, de ir forjando una auténtica cultura cívica, a base de información con la que se involucren colegios, entidades, agentes sociales, establecimientos turísticos y administraciones públicas.

Recordamos a Quintana en el Parlamento de Canarias hablando de una cultura de la seguridad acuática como base indispensable para prevenir accidentes fatales. Hay que perseverar para evitar que la desinformación y las imprudencias sigan causando estragos hasta ser la causa de un noventa por ciento de los fallecimientos que se registran en las islas.

Tenía razón el periodista cuando afirmaba que muchísimos turistas desconocen que estamos en medio del Atlántico y que cada punto de la costa tiene su personalidad. La prevención, por consiguiente, es primordial. La seguridad en el litoral canario requiere de información y de dotaciones. Hace pocas fechas, el Congreso de los Diputados aprobó una iniciativa de la tinerfeña Ana Oramas que se hizo eco del drama familiar y de la lucha indesmayable de una madre para recuperar el cuerpo de su hijo, que había caído en el acantilado de Martiánez. Lo que se persigue es la dotación de un puesto de salvamento en la zona norte de la islas.

Los extranjeros no saben. Y son atrevidos. Se arriesgan en su ignorancia. Creen que no va a pasar nada. Y bajan y suben riscos. Y se meten por la orilla de las playas donde unos pocos metros adelante las corrientes inesperadas e ingobernables son un claro factor de peligro. Lo que viene después, en muchos casos, es una fatalidad.

Un hecho son los fenómenos naturales y otro las carencias o el mal funcionamiento de infraestructuras, responsabilidad de administraciones públicas. Acostumbrarse, sí; pero no a permanecer indiferentes ni indolentes con aquello que se puede mejorar. Una cosa es brindar la costa como elemento casi esencial de la oferta vacacional y otra no suministrar los elementos básicos para que esa cultura de la seguridad acuática sea un hecho fehaciente.

En esa cultura también hay que insistir. Porque las informaciones subsiguientes a los sucesos no son ninguna promoción llamativa.

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