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OPINIÓN | Ucrania aplastada | Francisco Pomares

A veces, a pesar de la intoxicación de vídeos que nos sacuden las entrañas desde YouTube, hay todavía imágenes que valen más que mil palabras:  el vídeo al que me refiero está tomado ayer desde una ventana de un barrio residencial en la zona suburbial de Kiev. Un coche circula por una calle. Un carro pesado ruso, que circula por la misma vía en sentido contrario, lo detecta, lo intercepta y aplasta bajo sus cadenas a los ocupantes del coche, sin que medio previo aviso o violencia alguna por parte de los ocupantes del vehículo. En su minimalismo y previsibilidad, la imagen -ampliamente difundida por las redes desde ayer al mediodía- es tan impactante que provoca estremecimiento y terror.

Es lo que persigue. Con su toma de Kiev, con el bombardeó de edificios civiles sin ningún uso militar, con actuaciones bárbaras y asesinas como la descrita, lo que Rusia quiere es aterrorizar. Eso es lo que están haciendo, de forma aleatoria e indiscriminada, asesinar a ucranianos a boleo y por sorteo, porque se tropiezan contigo en una calle, o simplemente porque hay que sumar muertos, apenas dos semanas después de que Putin se refiriera a rusos y ucranios cómo “un solo pueblo”. ¿Y quienes ocupaban el coche aplastado por las cadenas del carro ruso? ¿Quienes viven en las viviendas destruidas sólo para demostrar a un mundo acobardado y vencido que el nuevo zar de todas las Rusias va en serio? Que quiere ganar esta guerra y que para ganarla no le importa lo que puedan sufrir los civiles de su pueblo hermano. ¿O Ya no son parte del pueblo ucranio estos pobres muertos de la guerra relámpago desatada por Putin para demostrar su poderío? ¿Formaban parte quizá de las elites gobernantes a las que Putin pretende desnazificar?

El presidente ruso actúa en esta guerra -que no es, de momento ni de exterminación, ni genocida- como un psicópata, como alguien sin empatía alguna por el enorme sufrimiento, dolor y desgracia que está causando a sus vecinos, como un autarca al que la única moral que le mueve es la moral de la victoria, la moral inmoral del poder.

En eso, Putin no es peor -ni mejor- que otros dirigentes dispuestos a asesinar personas antes que él. Solo más cínico, más mentiroso, más hábil, más seguro de sí mismo y de su voluntad de ganar, que la mayoría de los que hoy se enfrentan -es solo un decir- a él. Putin es el demonio que destruye la vida de miles de seres humanos porque conviene a sus planes y objetivos, pero eso lo hemos visto antes en un puñado de hítleres y napoleones, en un buen montón de líderes soviéticos, en una docena de presidentes estadounidenses, en el delirante Polt Pot de los jemeres rojos, o en la cuerda de dictadores estrafalarios que han recorrido el pasado siglo y este. Incluso en nuestro admirado Winston Churchill, capaz de arrasar Dresde solo para demostrar a los alemanes que podía hacerlo. Lo que en realidad diferencia a este ex agente de la FSB (antigua KGB) de tantos otros, es que actúa desde la certeza de que no va a ser frenado, al menos mientras no cruce hacia el centro de Europa las fronteras de Ucrania, o intervenga en el Báltico, en cualquiera de las tres pequeñas repúblicas que son hoy la espina nuclear de la OTAN en lo que fuera el imperio soviético. Putin se permite actuar cono Señor de la Barbarie, porque sabe que tiene el campo libre. En Occidente se ha jugado tan rematadamente mal esta partida, que incluso se le dijo -antes de que le rompiera el espinazo a la antigua Rus de Kiev- que podía hacerlo, que nadie le iba a responder. Putin es una creación de este Occidente cada día más decadente, cobarde e incapaz de defender sus valores, que entre seguir calentando a sus jubilados con gas ruso o mandar a sus jóvenes a defender la democracia y la legalidad internacional, siempre optará por lo primero. Putin no es solo un psicópata más. Es un psicópata inteligente, calculador y sin moral que sabe que tiene enfrente a una legión de cobardes que adormecen sus principios y creencias en una cuna de sofisticadas palabras y mentiras que ya nadie entiende.

El vídeo es terrible. Es terrible porque en el hay gente que muere ante nuestros ojos, aplastada por el peso del poder. Y porque explica muy bien de qué va esto: de gente abandonada que va a ser masacrada mientras ponemos cara de pasmo.  Putin es un inmoral inteligente.  La inacción de Occidente es inmoral y además estúpida, porque alienta que haya cada vez más gobernantes como Putin.

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