FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Porque por / porque con | Francisco Pomares

El primer día que escuché el anuncio ‘porque tú/porque te’ me pareció bastante idioto. El segundo le encontré un cierto ritmo al recitado, dentro de la bobería del asunto. La tercera vez ya se había instalado en mi cabeza. El anuncio, creado para el Santander por MONO Madrid, la ‘boutique creativa’ de la que Jorge Fesser es managing director es, según el managing en cuestión una publicidad “original, entretenida y simpática”. No voy a llevarle la contraria al managing, que seguro que de estas cosas sabe más que tú y que te, pero sí es verdad que ahora     el anuncio lo escucho con tanta frecuencia por todas partes que me parece imposible haber vivido antes sin la grandiosa magia de su musicalidad, amplificada por una sucesión en cascada de tús y tés previos a acciones de diversa consideración, que hacen del spot del banco una memez muy empapante y pegajosa.

Tanto que ayer el consejero de las buenas y malas noticias del Gobierno de Canarias, Julio Pérez, recurrió al modelo para informar sobre las cuentas de víctimas mortales que ofrecen las diferentes comunidades autónomas, y que el Ministerio de Sanidad luego encaja a su libre albedrio en la empanada diaria de números poco útiles que sale de sus hornos, señalando –Julio Pérez- que parece ser que algunas cifras de las que se presentan se refieren a muertes ‘por’ Covid y otras a muertes ‘con’ Covid. O sea, un ‘porque por/porque con’, de lo más simpático y ocurrente. Dice don Julio –experto gramático en preposiciones- que no es lo mismo ‘por’ que ‘con’. Tiene razón: morir ‘por’ Covid no es lo mismo que morir ‘con’ Covid, aunque lo cierto es que no es tan  fácil discernir la diferencia en todos los casos. Si yo tengo Covid y resbalo y me caigo por una ventana, y me mato, es fácil diagnosticar que morí por torpe. Pero si me muero porque tengo Covid y se me para el corazón, ya es más difícil diagnosticar de que he muerto: si ha sido por Covid o porque se me ha parado el corazón. Porque tú/porque te, cada vez que alguien muere de algo –sea Covid o no- se le para el corazón. Con lo que podríamos diagnosticar que todos los que dejan de vivir contagiados de Covid, en realidad mueren de parada cardiorespiratoria.

Pero lo que Julio Pérez quiso decirnos ayer en realidad –de hecho lo insinuó- es que en Canarias las muertes se cuentan de forma distinta a como se cuentan en otras regiones, lo que para él debe ser sinónimo de que se cuentan mejor. Yo sí creo que se cuentan distintamente, pero no que la forma en que se hace aquí sea mejor. De verdad que no. El problema no es ése, ni la dicotomía preposicional por/con, ni cualquier otra majadería de rueda de prensa. El problema es que está muriendo en Canarias más gente de la que nunca ha muerto por/con Covid, comparando las cifras de ahora con las cifras de antes, y contándolas de la misma manera.

Lo que ocurre es que estos pobres muertos de ahora ya no nos asustan como los difuntos de antes. No nos cogen por sorpresa como antes, ni colapsan nuestro sistema sanitario como antes, porque en estos años de pelea con el Covid se ha casi duplicado el número de camas en UCI. Y además, podemos alegar que dos tercios de ellos son responsables de morirse por no haberse vacunado, y que un tercio sufrían –qué mala mata han tenido- de padecimientos previos.

Pero todo eso son fruslerías.

Porque ahora toca lo que toca: recuperar la animosidad, mantenerse vivos y productivos y construir la normalidad. Nadie quiere insistir demasiado en el hecho de que esta enfermedad –en cualquiera de sus variantes- sigue siendo peligrosa, muy peligrosa, que mata gente y que va a seguir matando gente. Y mucho menos se quiere asumir una verdad de Perogrullo que pone los pelos de punta, que es que en Canarias muere ahora en relación a la media española más gente de la que moría antes, precisamente por eso: porque antes moría menos gente. Porque las estadísticas de muertos en pandemia tienden a igualarse en todas partes con el paso del tiempo. Los epidemiólogos se refieren a eso como ‘efecto cosecha’: mueren quienes tienen que morir, antes o después. Aquellos a los que les tocaba: algunos por Covid, muchos con Covid, y hasta unos cuantos sin Covid, pero porque el Covid impide al sistema sanitario atenderlos como debieran ser atendidos. Son los números de los muertos de la nación, otro infame y musical recitado diario. Que nadie sabe con certeza cuando va a parar.

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