FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | El último bastión | Salvador García Llanos

Falleció el último bastión de aquel equipo mítico cuya formación tarareábamos las veces que hiciera falta, aún inconscientes de que estábamos ante un hecho histórico que marcaría las vidas de jóvenes y adolescentes que apenas tenían alternativa para cultivarse deportivamente.

Gento era el último de la oncena, cuando no había cambios: Domínguez, Marquitos, Santamaría, Pachín; Vidal, Zárraga; Kopa, Rial, DiStéfano, Puskas y Gento. Con la participación de Canario en la final de la quinta Copa de Europa en Glasgow, esencias de fútbol ante más de cien mil espectadores, dicen que el partido más bello de la historia, el que hemos vuelto a ver porque el archivo de la BBC obra milagros, no en vano estuvieron repitiéndolo anualmente en fechas señaladas. Tan solo con el escaso número de faltas señaladas, ya es para contemplarlo de nuevo, así, en blanco y negro. La quinta.

Se ha ido Gento, que reemplazó a otro mito, el gran Alfredo DiStéfano en la presidencia de honor del Real Madrid. Fue aquel relevo como si la leyenda –mejor dicho: las leyendas- prolongaran su elegante, veloz y brillante papel en las canchas.

–¡Toma Paco, por fuera-, y entregaba la Saeta un pase majestuoso.

Y aquella galerna que intimidaba, sobre todo cuando de correr se trataba, terminaba desatándose para un pase al área (esos que se llamaban ‘de la muerte’) o un disparo que besaba las mallas o los palos, a menudo de forma brutal. O paraba el arquero, por supuesto.

Gento se reservó una Copa de Europa, la sexta, lograda a ritmo yeyé, en Bruselas, después de haber sido destronado.

–¡Y tú que creías el rey de todo el mundo!, cantó el periodista catalán Ricardo Pastor en genial clave humorística en años de declive. Gento acreditó que le quedaba cuerda para seguir unas temporadas más y encima, le pusieron a su lado a Manolo Velázquez, el virtuoso, a su lado para hacer un ala izquierda de postín.

Aquella final de Heysel, en la capital belga, la vivimos con el pálpito de la radio sentido en aquella plaza del Charco donde se coreaban los goles que se escuchaban en El Peñón. Las imágenes vinieron tres días después, un sábado por la tarde, en diferido pero como si se comenzara desde cero, como si fuera un directo vivido con toda la pasión y la emoción de quienes interpretábamos eufóricamente el renacimiento de un equipo al que habían inoculado sangre joven. Araquistain; Pachín, De Felipe, Sanchís; Pirri, Zoco; Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento. La sexta.

Cuando se retiró Gento, en los primeros años de la década de los setenta del pasado siglo, uno de los sustitutos fue Oscar ‘Pinino’ Mas, argentino procedente de River Plate. Desde entonces, habita en el Olimpo balompédico, ganándose el respeto y el afecto de cuantos le trataron y sabían que era, ante todo, una buena persona. En una entrevista televisiva, confesó que él soñaba que seguía jugando. Los pases, las internadas, los disparos, los regates, los desbordes…

Un futbolista de leyenda. Y seguía jugando el tío. Con seis Copas de Europa a sus pies. Qué grande.

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