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OPINIÓN | LO QUE NADIE DICE | El secreto de los Reyes Magos | Pablo Zurita

Foto: cedida por el autor.

Mola la fiesta de los Reyes Magos, plasmar nuestros deseos en una carta, tangibles o intangibles, y esperar a ver qué pasa. Acuérdate de la versión de Rhonda Byrne en “El Secreto”, aquel best seller sobre la ley de la atracción, cuyo fundamento a priori revolucionario comprobamos que arranca en nuestra tradición cristiana. Y funciona, ella ganó mucha pasta. Los Reyes dejan los regalos que ofrece el entorno de cada cual -la vida misma- y de propina el aprendizaje del mecanismo desear/obtener que interiorizamos desde que somos muy chiquitos. Porque casi nunca los Reyes dejan todo lo que pides, ni falta que hace ni tampoco pasa nada… la vida misma.

“El deseo conduce a la frustración, la frustración a la infelicidad, la infelicidad al sufrimiento” sentenciaría el maestro Yoda para advertirnos de lo fácil que es caer en el lado oscuro. Nosotros somos inmunes, estamos entrenados para dar gracias por un año más, por ver esa cara al rasgar el papel de regalo, por ver abrazar la primera vez al peluche que se convertirá en su amigo más leal. En la primera mitad del siglo veinte, en las medianías del Sur de Tenerife, los niños recibían una naranja el día de Reyes, una pieza de fruta, era lo que había. Hoy nos congratulamos de poder comercializar las pocas naranjas que escaparon de las cenizas del volcán de La Palma, un regalo de otro tipo que nos habla de volver a la normalidad después del cataclismo. Simbolismos antiguos y modernos cargados de matices.

La navidad, el año nuevo y los Reyes Magos funcionan como sistema de reseteo espiritual, individual, muy sofisticado y eficaz. La navidad para replantear la necesidad de reinventarnos, de renacer, de empezar de nuevo cuántas veces haga falta. El año nuevo permite fijar plazos ciertos a nuestros propósitos y evaluar cómo van, romper el continuo tiempo, establecer fases y rememorar con orden. Los Reyes Magos para desear sin límites, para ayudar a satisfacer el capricho de quienes están a nuestro lado, para aprender, para no sucumbir en el pozo de la frustración. Hay gente que busca negocio en todo, que mercantiliza y de qué manera estos conceptos espirituales… es verdad y qué más da, no todos los años hay que resetear ni hacer planes ni luchar contra el desánimo: reivindica también la fiesta en sí misma, al estilo nuestro de comer, beber, conversar, reír y bailar.

El reseteo colectivo es más complejo y obedece a sus propias reglas. Y la jodida pandemia que no ayuda, veremos si en su último estertor esta variante menos agresiva nos devuelve a la calle. Cuántas amistades tocadas y hundidas por los jodidos chats de whatsapp -esa invención yanqui para dominar el mundo- y la particular interpretación del sarcasmo, de las bromas o del doble sentido que hace cada uno que jamás ocurriría cara a cara. En los locos años veinte que nos esperan el móvil se volverá a usar para quedar en un sitio a una hora, que era una de sus grandísimas aportaciones a la sociedad digital. Y el cálculo de los miles de hectolitros de cerveza que hicieron falta para reconciliar a los españoles será pregunta del Trivial en los años treinta.

Soy optimista para 2022 porque la prosperidad erradica el miedo, miedo que azuzaba los radicalismos, el péndulo de la reforma laboral se fue al otro extremo y de su reajuste saldrá algo bueno, Cataluña dejó de ser problema y nos enfrentamos al de La Palma que será un reto. Y una última confesión, mi carta a los Reyes Magos de este año tenía solo un deseo: salud.

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