FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Criminología | Salvador García Llanos

Aprovechemos las vacaciones escolares para glosar la figura de coordinador de bienestar y protección infantil, de nueva creación, que el Ministerio de Derechos Sociales y las Comunidades Autónomas quieren poner en marcha en el próximo curso 2022-2023.

Según los propósitos que la inspiran, el desempeño de los profesionales que la van a encarnar se concentrará en la detección de situaciones de acoso escolar para contribuir, de paso, a la prevención y eficaz solución de la violencia entre los menores de edad, un problema que, en no pocas comunidades educativas, está complicando la convivencia y el correcto funcionamiento de los órganos que velan por unas relaciones fluidas entre docentes, padres, madres y alumnado.

Algunos expertos coinciden: el correcto desempeño de los cometidos asignados dependerá de un enfoque que combine diferentes disciplinas: la psicología, la pedagogía e incluso la criminología. Y es que esta, como ciencia de naturaleza multidisciplinar, se interrelaciona con otras ramas del saber (psicología, biología, derecho…) para conocer lo referido a la delincuencia antes y después de que aparezca. El profesor del Máster en Criminología de la Universidad Internacional de Valencia, el criminólogo especializado en Análisis y Prevención de la Criminalidad, Jordi Bellver Sanchís, ha escrito que la criminología “ayuda a resolver crímenes pero también a prevenirlos”. Afirma Bellver que los criminólogos son especialistas en reconocer situaciones de violencia y criminalidad.

“Están preparados –ha dicho- para observar y tratar los factores de riesgo y protección de agresores y víctimas. Son conocedores de las leyes penales, pero también de los métodos alternativos para la solución pacífica de conflictos. Así pues, los criminólogos están plenamente capacitados para las funciones que la Ley Orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia encomienda en su artículo 35 a los coordinadores de bienestar y protección”.

Un par de datos: en España, uno de cada cinco niños escolarizados sufre acoso escolar, y solo un 15 % se atreve a denunciar, según las memorias de la asociación ‘No al acoso escolar’. En el caso del ciberacoso, la organización ‘Save the Children’ señala que un 40 % de los jóvenes encuestados en España sufrieron acoso por internet durante su infancia.

Para el tratamiento de estas cuestiones se requiere, por tanto, una concurrencia profesional adecuada. Bellver Sanchís se decanta claramente por personas preparadas para trabajar en el ámbito de la infancia y la adolescencia, y también capacitadas para prevenir, detectar y erradicar conductas antisociales. Debe conocer la psicología de la violencia, y también poder ofrecer un tratamiento adecuado a las víctimas.

Sobra decir que es uno de los fenómenos preocupantes de nuestro tiempo y a la espera de conocer datos estadísticos de lo ocurrido durante la pandemia en el ámbito escolar, hay una obligación de las autoridades académicas competentes y de la propia comunidad educativa para implicarse de lleno en su erradicación. Y conociendo las reacciones, escuchemos y tengamos presentes las recomendaciones de quienes tienen experiencia. Parece no, es fundamental.

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