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OPINIÓN | La desconfianza ha vuelto | Salvador García Llanos

Las cancelaciones de reservas turísticas galopan. El aumento de contagios a raíz de la aparición de la variante ómicron de la COVID-19, tanto en nuestro país como en otros que son emisores, y las progresivas restricciones de varios gobiernos que se están viendo desbordados, abren las ventanas de otra crisis cuando las de la anterior no se habían cerrado del todo. Si a ello se suman las cancelaciones de reuniones sociales en fechas tan señaladas, estaremos ante otra tormenta perfecta.

En el seno de organizaciones empresariales, ya se habla de desconfianza en el viaje que prende muy fácilmente en circunstancias como las que se padecen. Hay habla de efecto devastador para el turismo. Canarias, en plena temporada alta, no se libra de la oleada de anulaciones. Las exigencias de vacunación completa a los menores de 12 a 17 años son determinantes. Esta circunstancia ha motivado incluso la decisión colectiva del turoperador británico ‘Jet2.com’ de cancelar sus operaciones con España hasta después del 10 de enero relacionadas con menores de esta franja de edad. Para Ashotel, las cancelaciones de reservas ya alcanzan el cuarenta por ciento.

Pero no hay duda de que la cosa se vuelve a complicar. Lo saben en el sector, donde se respira un clima de intranquilidad. Ha resurgido la desconfianza. Y FITUR está ahí, a la vuelta de la esquina. Sin olvidarnos de las consecuencias que tiene para el mercado alemán la cancelación de la ITB (Berlín) presencial, anunciada el pasado jueves. Son dos citas promocionales de envergadura.

«Es un exponente de la sensación que hay en Alemania con respecto a los viajes. De que esto va a durar y va a ser complicado. Eso llega a la mente del consumidor y pospone su deseo de viajar, hasta que haya mayor seguridad. Creemos que últimamente se está produciendo de manera muy rápida una desconfianza en el viaje”, ha advertido el secretario general de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), José Ramón Estalella.

Lo peor no es que las reacciones puedan resultar tardías sino que están muy condicionadas. Hacer previsiones, según el propio Estalella, es afrontar de lleno la incertidumbre generada por la variante ómicron. Las cosas cambian a una velocidad de vértigo, según se van conociendo decisiones de los gobiernos, lo que implica la fragilidad de los planes, especialmente en lo que concierne a contrataciones y precios.

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