FIRMAS

OPINIÓN | Santa Cruz en su distopía | Pablo Zurita

Casual. Ni siquiera quienes profesan el determinismo fanático dejan de mirar antes de cruzar por un paso de peatones. Y las cosas son como son, como decía mi padre, aunque pudieron ser de otra manera, al menos en el ejercicio de la política. El azar está sobrevalorado. El futuro se construye con decisiones que toman quienes manejan los hilos cuya motivación poco o nada tiene que ver con aquello que pueda resultar de interés general o que propicie el bienestar de los vecinos. Nuestro carácter asume con naturalidad que alguien mande, déjeme que especule con la herencia ancestral de aquella conquista con matanzas y victorias, del derecho divino sobre la propiedad y la voluntad y de las buenas costumbres. En Nivaria quien manda manda.

Lucrativa. Santa Cruz podría ser otra cosa pero es lo que es, y no por cuestión de buena o mala suerte, sino por la acción o inacción de personas de carne y hueso. El Toscal podría ser un barrio marinero pero es un enorme aparcamiento en superficie al que no le llega el sol hasta bien entrada la mañana. Porque alguien pensó que construir edificios de doce plantas en el frente de costa, sobre el dominio público marítimo-terrestre, era buena idea y así se hizo. Así lo hicieron personas concretas, con nombre y apellidos, amparadas por el antiguo régimen. Resultó ser una idea malísima para la ciudad pero súper lucrativa para sus promotores.Aprovechada. En los noventa se liberó millones de metros cuadrados de suelo industrial para la expansión de la ciudad hacia el sur, nada de altruismo ni falta que hizo. Manzanas cerradas a tres plantas y edificación abierta de ahí para arriba: aprovechamiento máximo, ramblas absurdas, aceras demasiado estrechas, ausencia de zonas verdes, solares llenos de coches y más coches. En los noventa se planificó recuperar la playa de Valleseco, construir una marina deportiva en San Andrés, trazar la vía de Cornisa para circunvalar la zona centro y la del barranco de Santos para desahogar la zona alta. Ya sabemos cómo fue. Después vino el tranvía al que todavía falta sacarle partido. El Toscal sigue igual, e igual siguen los setenta y nueve barrios restantes. Las obras para reponer reconstruyen lo existente con escasas excepciones.

Abandonada. Santa Cruz vive su propia distopía no casual. Que el exalcalde, exlíder del partido que aun gobierna, fuera procesado y condenado por gestión delictiva en el ejercicio de su cargo lo dice todo. Que la ciudad estuviera sucia, sucísima y los que mandan manden y contraten en baja temeraria –pudiendo no hacerlo– al concesionario de limpieza que menos personal propuso, dice nada de buscar la mejoría. Parecía imposible ir a peor y lo han conseguido. De este último episodio aun no ha trascendido la contrapartida. Sufrimos la distopía sin saber qué hubiera pasado si tuviéramos una ciudad limpia y ordenada, abierta al mar, con aparcamientos subterráneos y alternativas al tráfico… orden y limpieza no parecen exigencias desproporcionadas para quienes religiosamente abonamos nuestros impuestos municipales.

Inútil. “Pues preséntate tú, Zurita, que bien te gusta poner a parir, sacar esqueletos de los armarios y levantar alfombras” pensará usted. Y puede que tenga razón, mejor me callo como hacemos todos. Estará conmigo, en que mejor sería si el futuro de la ciudad –y por extensión de quienes vivimos en ella–, no estuviera condicionado por no sabemos qué intereses de parte. Deje que me queje. Deje al menos que señale que este presente no es casual sino causal, consecuencia de. Deje que me desahogue y aunque poco puedo aportar, que esta gentuza sepa que nos damos cuenta de lo que hacen.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario