FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Perdón no es olvido | Francisco Pomares

GRAFCAV9439. SAN SEBASTIÁN, 18/10/2021.- El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi (i), y el secretario general de Sortu, Arkaitz Rodríguez, han hecho pública este lunes en San Sebastián una declaración "solemne" con motivo del décimo aniversario de la Conferencia de Aiete y del fin de la violencia de ETA, en la que la izquierda abertzale ha mostrado su "pesar y dolor por el sufrimiento padecido" por las víctimas de ETA, que, ha afirmado, "nunca debió haberse producido". EFE/Javier Etxezarreta

El coordinador de Bildu, Arnaldo Otegi, y Arkaitz Rodríguez, secretario general de su partido matriz, Sortu, presentaron ayer una declaración, bautizada como Declaración del 18 de octubre, en la que –por primera vez de forma clara y explícita-, se dirigen a las víctimas de ETA para decir “que sentimos su dolor y afirmamos que nunca debería haberse producido”. Se trata de una declaración llamativa, aunque un poco tramposa, porque en ella ni se reniega ni se condena la violencia de ETA, ni siquiera el que esa violencia llegara a existir, sino su duración, su continuidad: “no debería haberse prolongado tanto en el tiempo. Deberíamos haber llegado antes a Aiete”, al anuncio del fin de ETA. La parte más interesante de la declaración, es aquella en la que aseguran que aunque “desgraciadamente, el pasado no tiene remedio”, y “nada de lo que digamos puede deshacer el daño causado”, en la izquierda abertzale “estamos convencidos de que es posible aliviarlo desde el respeto y la memoria. Sentimos enormemente su sufrimiento”.

Han pasado diez años de la derrota del terrorismo etarra, un terrorismo que provocó, a lo largo de medio siglo, 853 muertes irreparables, envileció en el odio y el miedo a una comunidad –el País Vasco- y malogró miles de proyectos y expectativas vitales. Creo que ya era tiempo de que Otegui pidiera por fin perdón por el daño causado, incluso aunque no utilice esa palabra cargada de simbolismo, que las víctimas esperan como reparación. Y también es una buena noticia que la izquierda abertzale reconozca la inutilidad de ETA, aunque limite ese reconocimiento a su última etapa.

Otegui, uno de los personajes más polémicos y denostados de la política española, al que mucha gente sigue considerando vinculado a delitos de sangre, aunque la justicia española nunca probó su participación en asesinatos o en atentados que provocaran pérdida de vidas, ni en los secuestros de los políticos de UCD Javier Rupérez y Gabriel Cisneros, de los que fue acusado por la policía. Si se demostró su participación en el 79 en el secuestro del director de Michelín en Vitoria, Luis Abaitua, al que mantuvo preso en una cueva de Elgóibar diez días. A Otegui se le reconoce gran habilidad política, que algunos definen como cinismo, pero su papel en la rendición no declarada de ETA fue sin duda determinante. Entendió antes que muchos otros abertzales que el camino de las armas no llevaba a ningún lado. Su declaración, diez años después del abandono de las armas, cuatro después de la disolución de la banda terrorista, demuestra que la izquierda abertzale avanza con lentitud y cautelas en dirección a asumir la normalidad democrática. Es también fruto de un cálculo político, que tiene que ver con la negativa del PNV y el Partido Socialista vasco a compartir con ellos Ajuria Enea, más allá de su vergonzante contemporización en ayuntamientos y diputaciones forales. Pero a pesar del tacticismo y la voluntad de poder que sin duda hay tras la declaración de ayer, estamos ante un hecho trascendente, que demuestra que el País Vasco está cerca de un futuro en el que se den las condiciones para el perdón, que no es lo mismo –ni puede serlo- que para el olvido.

Quizá cuando desaparezca la última generación que sufrió el terror homicida de los ‘años de plomo’, la sociedad vasca y la española puedan superar la insensata enormidad de aquella locura y olvidar. Pero aún no ha llegado ese momento. Para los que vivimos aquél diario goteo de muertes inútiles, probablemente no llegue nunca.

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