FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Museo Rodin | Francisco Pomares

El Museo Rodin de París es probablemente el más conocido y visitado de los museos del mundo dedicados a la escultura, fundamentalmente porque fue con Auguste Rodin con quien dio comienzo la escultura moderna. El museo, fundado por el propio Rodin y con sede en el palacete del Hotel Biron de París y sus extraordinarios jardines, alberga la gigantesca donación realizada por el escultor, no solo de sus propias obras, también de las que había coleccionado a lo largo de su vida, más de 6500 esculturas en mármol, bronce, escayola, terracota y otros materiales, además de diez mil bocetos y dibujos en muy diversas técnicas. De la totalidad de esa ingente muestra, alrededor de un centenar de grandes obras, muchas de ellas expuestas en los jardines, fueron realizadas por el propio Rodin. Entre ellas, la más conocida, El Pensador, pero también maravillas como la escultura de BalzacLos burgueses de Calais o la excepcional La Puerta del infierno, realizada en colaboración con su alumna y amante, Camille Claudel, compuesta por distintas figuras inspiradas en la Divina Comedia, de Dante o Las flores del mal, de Baudelaire. En el interior, el Museo conserva miles de obras del propio Rodin, como El Beso, o la mejor colección que existe de la obra Claudel.

​En 1926, un magnate de Pensilvania, Jules Mastbaum, decidió regalar su extraordinaria colección rodiniana, con muchos originales duplicados de los existentes en Paris, a la ciudad de Filadelfia, y ordenó a los arquitectos franceses Paul Cret y Jacques Greber el diseño de un museo a imagen y semejanza del Hotel Biron, con un edificio central y amplios jardines. Mastbaum murió antes de que el museo estuviera concluido, pero su viuda mantuvo su deseo y el museo se inauguró en 1929, tres años después del fallecimiento del coleccionista, convirtiéndose desde entonces en una de las mayores atracciones culturales de la antigua capital de los Estados Unidos. Hoy, el museo funciona como una reconocida hijuela del de París, aunque actúa con casi absoluta independencia de aquél, gestionado por una fundación propia, en la que participa el Museo Rodin francés, siempre muy celoso de la conservación y custodia de la obra del escultor.

​Con la directora del Museo parisino, Amelie Simier, el alcalde de Santa Cruz y el vicepresidente del Cabildo de Tenerife, Enrique Arriaga, cerraron ayer un acuerdo para establecer en la capital tinerfeña una segunda hijuela del Museo Rodin, que se ubicará en el antiguo edificio del Colegio delas Asuncionistas, hoy un abandonado Parque Cultural Viera y Clavijo, al que no se había logrado adjudicar una función digna del imponente edificio de las Asuncionistas. Tras la firma del acuerdo de ayer en París, y a lo largo del año que comienza, deberán definirse con precisión los compromisos museísticos y plazos de ejecución de las obras de adaptación del edificio, encargadas al más internacional de los arquitectos tinerfeños, Fernando Menis.

El proyecto de convertir Santa Cruz en capital atlántica de la escultura moderna no surge de la nada: tiene su precedente en los años 70, con la exposición internacional de Escultura en la calle, uno de las apuestas culturales de la ciudad que más impacto han tenido en su imagen internacional y en su propia idiosincrasia como capital. La apuesta de traer la obra de Rodin -una parte de ella- a Tenerife se ha mantenido con reserva y cautela durante meses de negociaciones, pero es una extraordinaria noticia. La mejor para estos tiempos de proyectos raquíticos ypalabrería baldía que muchas veces lo que esconde es la ramplona incapacidad de quienes gobiernan las instituciones para ponerse de acuerdo en beneficio de todos. Esta vez no ha ocurrido así, Ayuntamiento y Cabildo han actuado de la forma correcta, y Santa Cruz contará en pocos años no solo con un importante reclamo cultural, también con un museo de importancia internacional, foco para la creación de talento y el amor por la cultura.

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