FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Torres en triunfo | Francisco Pomares

Resulta que el Congreso regional del PSOE se celebra el penúltimo fin de semana de noviembre, pero Ángel Víctor Torres llega ya al Congreso reelegido como secretario general de los socialistas canarios con el apoyo “abrumador” de los afiliados, y después de que la Comisión de Ética y Garantías del PSOE de Canarias, terminara ayer de contar los avales exigidos y los sobrantes. La información facilitada por el PSOE no aclara cuantos fueron los avales recibidos, ni los sobrantes, ni que es lo que se considera “abrumador” en estos casos, cuando el secretario general, además de ser candidato a la reelección, es el único que se presenta, y es –también- presidente del Gobierno de Canarias. Puede que “abrumador” sea un cincuenta por ciento del censo. O un sesenta, o un setenta. Porque en los partidos, cuando no hay sangre ni bronca ni pelea, la gente como que se moviliza menos en estas cosas.

Muy abrumado o menos abrumado por el apoyo de los suyos, Torres ha logrado ya –y sin necesidad de mover una ceja- lo que quería: se encamina a su nuevo mandato como secretario general sin que nadie le chiste ni un soplido en la oreja. Podrá componer su ejecutiva como se le antoje, resolver antes de que estalle el conflicto de Gran Canaria (donde hay dos comendadores para un único califato, y ninguno de los dos quiere asumir el rol de visir) y hasta es posible que Casimiro se dé un saltito por el Congreso y diga cuanto echa de menos las casa común de la izquierda, aunque él de su casa gomera no piensa moverse.

El estilo de gobierno de Torres al frente del PSOE –yo diría que también en el Gobierno- se basa fundamentalmente en huir del conflicto y dejar que las cosas pasen o se pudran. En la política española ese es un estilo muy clásico, del que el mayor maestro fue Mariano Rajoy, que ya se sabe que acabó volviendo al Registro. Y es que las cosas no suelen ocurrir en política si no las empujas, y –para desesperación de Torres, supongo- de lo que él no se ocupa no lo mueve nadie ni en el partido ni en el Gobierno. Es lo que sucede por no tener el mejor equipo de la historia del socialismo canario, y por eso al final suele mojarse el presidente tan personalmente en la solución de casi todos los problemas. Torres interviene en la crisis de Tomas Cook, Torres se pone al frente de las brigadas que apagan los incendios en las islas, Torres se reúne con los sanitarios que quieren quitarse de encima a la consejera, Torres recibe a los empleados públicos en abuso de temporalidad, Torres prepara personalmente las reuniones con los portavoces de los partidos del Parlamento para convencerles de que apoyen el pacto aquél para enfrentar la pandemia del que ya nadie se acuerda, Torres viaja a Madrid a pedir más ayuda, Torres monta reuniones con los ministros para pedir más pasta para el volcán, y hasta es capaz de tirarse dos horas de conversación más o menos inútil con el primero que le toca en la puerta y le pide audiencia. El problema es que -con todo lo que hace- no le queda casi tiempo para hacer nada.

Torres ha asegurado alguna vez que es “el alcalde de todos los canarios”, y aunque la idea no es suya, que se la copió a Paulino, siempre juega con la cordialidad, el interés y la proximidad. Para llegar más lejos solo le falta alguien que se ocupe del partido (el palmero Jorge para eso no le vale, creo que está apostando por Nira Fierro, que es la diputada más lista del PSOE canario, y además aprende muy rápido. Es la mujer con más futuro en el entorno presidencial. Y también necesita alguien que se ocupe de vigilarle el Gobierno, que aunque Julio Pérez hace lo que puede, la verdad es que ya se le nota mayor. Dicen que para ayudarle en el Gobierno pensaba Torres en tirar más de Antonio Olivera, pero es otro que va por la vida saturado, con tantas cosas entre manos, que algunas se le caen. Aún así, Olivera le cae bien a casi todo el mundo, es cauteloso y mide mucho lo que dice, lo que hace y –sobre todo- cómo y cuándo lo hace. Si le interesará más la política que la economía, sería el man.

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