FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Periodistas necesarios | Salvador García Llanos

Durante la pandemia se incrementó la confianza en las noticias publicadas en los medios de comunicación, concluye la última entrega del informe global de Reuters Institute. De esto se deduce que una gran mayoría de personas ha interpretado que una crisis global como la que se padece desde marzo del pasado año precisa de unas estructuras sólidas y operativas capaces de afrontar un auténtico desafío informativo, o lo que es igual, los medios de comunicación de toda la vida.

El periodista Francho Barón, vinculado a la CNN en Español, profesor de Loyola Másteres, se apresura, desde tales conclusiones, a ponderar que “la mejor información siempre será la que provenga de un buen periodista profesional y no de quien de la noche a la mañana se arroga la capacidad de desempeñar un trabajo que tiene sus métodos y reglas”.

Admite que los contenidos generados por usuarios han traído nuevas voces al debate público (muchas de ellas muy necesarias) y han obligado a los medios tradicionales a salir de su zona de confort. “Pero los verdaderos guardianes de este oficio –escribe- siempre serán los periodistas bien entrenados: los que investigan, verifican, ordenan, contextualizan y dan forma a los elementos que componen una buena pieza informativa”.

Los consumidores de información quizás no sean del todo conscientes del trascendental momento en que nos encontramos desde el punto de vista informativo, incluso desde escenarios cercanos que a lo largo de la pasada semana tuvieron focos de todo el mundo. El concepto ‘desorden informativo, como acuñó la UNESCO el fenómeno de las dudas que inspira la veracidad de las informaciones, principalmente la que nos llega a través de los dispositivos móviles, pone de relieve que, como si se tratase de un síntoma de la economía digital, “la información verificada no gana necesariamente la batalla por la atención de la gente”, tal como denuncia Barón, aunque suene apocalíptico.

En medio de ese desorden, es indispensable racionalizar la información sin dejarse llevar por factores emocionales. No se trata de ocultar sino de dimensionar adecuadamente las circunstancias que concurren. Es difícil encontrar atenuantes, incluidas el apremio de una conexión, los límites impuestos por las autoridades de turno y hasta los riesgos para la integridad física, pero resulta primordial para transmitir y ganar credibilidad. El mundo, la información, no se van a acabar en este conflicto bélico o en esta catástrofe natural: hay que esmerarse en las exigencias del buen periodista, de la profesionalidad y de las demandas de los consumidores de información, única manera de persuadir a los lectores y las audiencias de que merece la pena pagar por tener acceso a ujna información de calidad.

De modo que, aún respetándolas, tal como señala el profesor Barón, “las voces que se mueven impunemente por los meandros digitales con escasa o nula supervisión de los contenidos que difunden representan una competencia peligrosa y, con frecuencia, desleal”.

La evidencia es clara: el mundo, sus escenarios, necesitan periodistas.

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