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VIAJES | Portugal, Galicia y Costillas en adobo. BMW 1600 GTL

Islas Cies, amanecer.

EBFNoticias | Willy Sloe Gin |

Resulta imprescindible en esta ocasión, hacer una crónica de este viaje como se hacía antaño. No adelantándome al final desvelando la aventura y empezar como Dios manda, que diría el maestro Cela.

Recién soltada la Adventure, moto gordita donde las haya, agarro la K 1600 GTL, también bien entrada en carnes, pero ciertamente más bajita. Esa falta de altura dota al piloto de una falsa seguridad en parado. No deben olvidarse sus trescientos cincuenta kilos con un par de calzoncillos y tres camisetas por todo equipaje. No incluyo el neceser por lo obvio… En marcha resulta una moto fácil, cómoda, veloz, con un par prodigioso y francamente manejable. Resulta un pelín gastadora para mi gusto y economía, pero como he relatado antes, hablamos de que tiene un peso cercano a dos pianos de cola. (Me da igual la marca).

Faro de Cabo Silleiro.

La primera etapa me lleva hasta Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca. (Cosa que aclaro para los que son de ciencias o víctimas de la LOGSE y posteriores aberraciones educativas). Allá me espera mi pareja, a la sazón,  consumada fotógrafa. Algunos hombres, seguramente más hombres que otros, se refieren a sus parejas como sus “costillas”. Jamás lo he hecho y luego de este viaje, los únicos costillares que me interesan son los que vienen embadurnados con salsas espesas y con colores “balísticamente improbables”. De mi costillar derecho hablaré a su debido tiempo.

Toca al día siguiente cubicar el equipaje en dos maletas laterales y en un top case parecidísimo a un sofá Chester. A pesar de todo, andamos justitos de espacio. Colocado todo con no poco esfuerzo, la motocicleta debe rondar los cuatrocientos kilos. Nosotros, de momento, no hemos embarcado.

Faro da Barra, Aveiro.

Partimos hacia la frontera con Portugal. Camino de Fuentes de Oñoro, último o primer pueblo de España según se vaya o venga, reparo en que esta 1600 corre lo mismo que sin equipaje pero que las rayitas que indican el combustible que portas, bajan a una velocidad insultante.

Podríamos haber elegido una ruta española, pero como nos gusta la aventura, decidimos pelearnos con todos los peajes portugueses en lugar de tirar hacia Zamora y recordar los mil cabezazos que dio el Cid Campeador por estas tierras leonesas.

En la primera gasolinera lusa, procedemos a comprar una tarjeta prepago para atravesar sin problemas todos esos arcos plagados de cámaras. Vemos sorprendidos como un motorista oriundo de Sevilla, luego de intentar sin éxito que una máquina asocie su tarjeta de débito a  la matrícula de su motocicleta, se lía a patadas con la máquina en cuestión al tiempo que maldice en arameo. Le explicamos que el aparato fotografía la matrícula delantera, que las tarjetas tienen que ser de crédito y que lo suyo es que compre una tarjetilla al gasolinero. Nos dice que no compra nada, le pega tres patadas más a la máquina de retratar y sale escopetado con dirección Aveiro.

Islas Cies desde Nigrán.

Poco antes de Aveiro volvemos a ver al hispalense. Esta vez “orillao” en el arcén de la autovía y escuchando atentamente a la Guardia Republicana. Paramos por si podemos servir de ayuda. Imposible. Se conoce que el gasolinero ha dado parte a la autoridad y ésta le está explicando que no llevar la tarjeta, malo, pero que eso de las patadas mejor que se las de a la Giralda. Al ver la cantidad de papeletas que le dan, una por patada y una genérica por los peajes, le deseamos suerte y buen viaje de vuelta a Sevilla, que es lo que anuncia. Nuevamente en arameo…

Nos dirigimos hacia el Farol da Barra, sito en la citada ciudad de Aveiro. Es la Luz más alta de Portugal y la segunda de la Península después de Punta del Perro en Chipiona.

Faro de Montedor, Portugal.

A la vera de este Faro se concentran cada domingo innumerables motoristas. Es este lugar a la zona, lo que la Cruz Verde a Madrid y alrededores. Como vamos buscando tranquilidad y sosiego, hacemos alguna foto y salimos pitando hacia Oporto. Previamente he desaparcado  utilizando la marcha atrás que tiene la motocicleta por aquello de tirarme el rollo. Vemos con regocijo la cara de pasmo de no pocos portugueses. Casi todos con motos japonesas, que como todo el mundo sabe, carecen de estos adelantos tecnológicos.

Cabo Silleiro, Pontevedra.

Nos dirigimos ahora al Farol de Leça. Para ello hay que cruzar Oporto y su infernal tráfico. Tiene éste una densidad comparable a la mezcla entre la M50, la M40, la M30 y la calle José Abascal, todo junto. Tortuoso camino para encontrarnos con esta maravilla de Faro…

Luego de un refrigerio y de una tranquilidad pasmosa, ponemos rumbo a Viana do Castelo. Allá tenemos previstas dos paradas. La primera para visitar el Santuario del Monte de Santa Lucía y la segunda, para comer en el Farol de Montedor, otra belleza. Preciosidad repleta de trampas en forma de adoquines mal puestos y arenas traicioneras.

Mortadelo hubiera llegado a Montedor infinitamente mejor que yo, y eso que ésta era la cuarta vez que iba. Me equivoqué de desvío, agarré una carretera por llamarla algo, y que, como no podía ser de otra forma dada mi suerte, no tenía salida. De esta guisa le indico a Aída, sílfide donde las haya, que se apee del vehículo que ya pesa bastante sin ella. Y como Mortadelo, pongo la pata izquierda en el suelo y al poner la derecha se me escurre entre tanto adoquín y arenas movedizas yéndome al suelo con la moto encima. Sentí el mismo ridículo que muchos hemos pasado al tropezar en las escaleras del metro, hacernos trizas la espinilla y, sin reparar en el dolor, dar  un brinco con la esperanza de que no nos haya visto nadie. No fue el caso, allí no había un alma a parte de nosotros dos. Creo que fue al levantar el Columbia cuando me hice el destrozo… Tres costillas rotas y un derrame en la pleura, que no sé muy bien qué es, pero  suena fatal.

Santa Lucía, Viana do Castelo, Portugal.

Aun así nos comimos los bocatas. Aída con mucha más facilidad que un servidor.

Y de allí, mal que bien, nos dirigimos hacia España, a Nigrán concretamente. Antes paramos en otro Faro, el de Cabo Silleiro, este con un firme como Dios manda. (Que diría nuevamente el maestro Cela…)

A pesar de todo, disfrutamos de Nigrán y de las celebérrimas Islas CÍes que guardan y abrigan su costa.

La vuelta a Casa fue solucionada con presteza por BMW. Grúa para la moto y repatriación a Ciudad Rodrigo para nosotros. En este caso por Zamora.

Ya sabía yo que Ruy Diaz de Vivar acabaría apareciendo en esta crónica…

Willy Sloe Gin

BMW K 1600 GTL

Mil gracias a BMW Motorrad España, BMW Movilnorte Motorrad, Shiro Helmets, Pablo Acosta, José María Alegre y a toda la familia BMW

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