FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El cuento del pródigo | Francisco Pomares

Torres quiere anunciar la nueva en el congreso de la reentré, pero no es muy probable que eso vaya a ocurrir: negocia con Casimiro Curbelo un acuerdo preelectoral para las próximas regionales, que podría extenderse también al Cabildo y a los ayuntamientos de La Gomera. Curbelo se deja querer, le preocupa el futuro de su tinglado cuando él se retire y hay quien cree que ya ha puesto precio a una confluencia de su agrupación con el PSOE, y que ese precio es la salida de Román Rodríguez del Gobierno, que el propio Curbelo insinuó en sus última y sonada entrevista en SER Las Palmas.

Yo creo que a Curbelo le tienta la posibilidad de volver al redil. En toda su larguísima carrera política, plagada de vicisitudes y conflictos, no hay nada que le haya dolido más que haber sido expulsado del PSOE tras el escándalo del bar Sauna. Ni siquiera su inhabilitación para ejercer como alcalde de San Sebastián durante un año, dictada por la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife cuando era alcalde. Se le condenó por dos órdenes de detención ilegal dictadas en 1985 contra dos vecinos de su pueblo, uno por sustraer agua pública y el otro por obstruir sistemáticamente el paso al vertedero municipal. Los detenidos se querellaron contra él por abuso de poder y Curbelo fue juzgado mientras permanecía internado en el hospital, donde acababa de ser intervenido de un cólico nefrítico. Una decisión sorprendente, la del tribunal que decidió constituirse en el hospital, para evitar el retraso de la vista. Fue inhabilitado, aunque eso no redujo un ápice el apoyo de los vecinos de San Sebastián. Sólo unos años más tarde ganaría el Cabildo, donde ha cumplido treinta años ininterrumpidos de presidente, con o contra el PSOE.

Pero su querencia por el partido al que se afilió en 1982, y del que fue secretario general en La Gomera desde 1983 hasta 2015, cuando fue expulsado de malas maneras, es obvia. Sigue considerándose socialista, y la mayoría de sus votantes en la isla votan al PSOE en las elecciones al Congreso, aunque lo apoyan a él o a quien él proponga, en las del Senado.

Sin duda, a Curbelo le gustaría volver a su viejo partido y sumar los cuatro diputados de la isla. Le gustaría, sobre todo, dejar su proyecto político insular encarrilado más allá de él mismo, de su propia carrera vital, vinculado al PSOE, protegido por las siglas por las que él se batió el cobre durante años. Supongo que también le gustaría disfrutar de un cierto reconocimiento en el socialismo nacional, y –sobre todo– que le entregaran la cabeza de los dos o tres traidores –alevines suyos– que aprovecharon su expulsión para hacerse con el control del PSOE en La Gomera y montar una miserable campaña de descrédito contra él que a la postre provocó la reacción a su favor de los gomeros. Se dice que Torres le ha ofrecido llevarlo de número dos en la lista regional, rompiendo incluso con las listas cremallera, La Gomera y lo que La Gomera aporte bien vale renunciar a algún principio.

Pero que a Curbelo le gustara pactar una lista conjunta con el PSOE, y que se lo hayan ofrecido, no significa que vaya a hacerlo, mucho menos antes del Congreso del PSOE. A veces, las querencias y deseos no van de la mano de los intereses. Curbelo mareará la perdiz, seguirá demostrando su aprecio hacia Torres (el único del que se fía en el Gobierno) y se dejará querer. Pero sólo tomará una decisión cuando tenga claro que el PSOE presidirá de nuevo el próximo Gobierno. Y es curioso: quizá eso dependa precisamente de que él aporte a Torres sus tres diputados.

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