FIRMAS Juan Miguel Munguía Torres

OPINIÓN | El anonimato en internet | Juan Miguel Munguía

A lo largo de la historia, tanto escritores como periodistas y otros artistas han usado pseudónimos para ocultar su verdadera identidad ante la aparición de un posible problema. 

Existen múltiples razones por las que una persona puede querer escoger ser anónimo tras un pseudónimo, como mantener la privacidad para poder opinar con libertad, evitar el acoso, las convenciones sociales, las posturas u opiniones controvertidas, los entornos hostiles, las restricciones de las dictaduras, evitar etiquetas, etc. La llegada y uso masivo de Internet no ha hecho más que acentuar esta situacio.

La realidad es que, de un tiempo a esta parte, resulta que el anonimato está en el límite entre la libertad de expresión de las cuentas en las redes sociales frente a la protección de derechos individuales, como el honor y la intimidad, con los que son atacados. Y existen dos vías que diferencian la gravedad del ataque: por un lado, están las campañas de desacreditación de una persona, que se resuelven por la vía civil y, por otro, las injurias, que se resuelven en la jurisdicción penal.

En el caso de utilización de un pseudónimo que impida saber la identidad del autor, es necesario solicitar auxilio judicial para identificar la dirección IP. 

Hay pocas leyes en las que se hable del pseudónimo y, casi siempre, de pasada: la Ley de Propiedad Intelectual, la Ley de Marcas, la Ley de Fundaciones, la Ley de Prensa, la Ley de Firma electrónica…Según la Ley de Propiedad Intelectual, un autor tiene el ‘derecho moral’ a decidir cómo quiere que se divulgue su obra y, si decidiera hacerlo bajo un pseudónimo, a que su identidad no se revele hasta que él lo decida

En Internet, el anonimato no sólo se utilizan para atacar a una persona en concreto. Existen casos que pueden ser más graves al tratar de desacreditar a una institución pública o una empresa, como el caso de que un trabajador que tiene acceso a material sensible de una compañía y se dedica a revelarla en las redes sociales puede generar pérdidas millonarias para la empresa. 

Ni el anonimato ni los pseudónimos son exactamente un derecho. Pero en Internet son algo más que tolerado: una práctica común que da para mucho, tanto bueno como malo. Sin las posibilidades que la red ofrece para camuflarse habría sido muy difícil ver las filtraciones de Wikileaks, Edward Snowden o las acciones reivindicativas de Anonymous. El anonimato es, pues, lícito. Y lo es para todos. Pero tampoco hay que dejarse engañar: no se pueden esconder hechos delictivos bajo un pseudónimo.Un delito lo es igual en internet que fuera de la red y se debe denunciar. 

munguia@munguiaabogados.com

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario