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OPINIÓN | Grande Tenerife | Óscar Izquierdo

Foto: NASA (cedida)

Nuestra Comunidad Autónoma, tiene una particularidad evidente, que es un archipiélago conformado por ocho islas en el Atlántico medio. Siendo punto de confluencia de tres continentes, Europa, América y África, por cierto, casi siempre mal utilizado o, mejor decir, olvidado, por mucho que se hable de plataforma tricontinental. Siendo paso obligado del tráfico marítimo internacional, uno de los destinos turísticos de más calidad e importancia global y frontera sur de la Unión Europea. Lo que significa que nuestra realidad física nos identifica, además de contar con valor indudable como zona geoestratégica de primer orden. Ser isleño tiene algo especial, el mar nos rodea, lo vemos desde cualquier vertiente, es omnipresente en nuestro convivir. Los poetas le han cantado, y lo siguen haciendo, con mucho afecto, casi siempre soñándolo como punto de encuentro, pero la realidad manifiesta, es que también nos separa, no para alejarnos, sino para que cada isla tenga unas particularidades específicas, que sirven para engrandecer el conjunto. Unidad, que es donde se admiten las diferencias, no es lo mismo que uniformidad, que significa que todo tiene que ser igual y no hay espacio para las desemejanzas.

Cuando se defienden los intereses de una isla en concreto, suelen salir, inmediatamente y en tromba, académicos de turno, puristas interesados, algún que otro culichiche y, por supuesto, los políticos avezados, que ponen el grito en el cielo, porque no es políticamente correcto, ya que hay que hacer región por obligación, aunque sea artificialmente, olvidándose de la isla como base indudable de nuestro existir. Todo un contrasentido, que suele esconder intereses más o menos inconfesables, pero que siempre tienen buenas dosis de egoísmo político o económico. Entonces entran en escena, para denigrar a aquella persona que defienda con ardor, sin descanso y con razón a su isla, particularizándola. Inmediatamente le ponen la etiqueta de «insularista» con marcado acento despectivo. Siempre se ha dicho que el amor es ordenado y empieza por los de casa, por lo que es normal que la defensa del terruño sea prioritaria, no para enfrentar, sino para aportar, que ya es mucho.

Tenerife lleva décadas con un decaimiento insistente, que la ha llevado a perder su posición de liderazgo en Canarias. Las causas son múltiples, pero todas centradas en que el equilibrio provincial, interinsular y capitalino, que se implantó en el comienzo de nuestra Comunidad Autónoma, se ha ido escorando de tal manera, que ahora estamos padeciendo la dejadez del olvido y en cambio, Gran Canaria, simultáneamente, ha ido acrecentando su papel de isla de referencia. No cabe duda, que se ha llegado a esta situación, por la torpeza de ciertos políticos que, con una ingenuidad de niños de primaria, creyéndose que Tenerife era su finca particular, antepusieron intereses electoralistas, para conseguir resultados halagüeños en la isla de enfrente que, por cierto, siempre se le negaron, siendo muy exiguos. Si unimos, el persistente bloqueo de los noístas, esos ecologistas endémicos, mayoritariamente funcionarios, en activo o ya jubilados, que han intentado, lo siguen haciendo y lo seguirán en el futuro, bloquear cualquier infraestructura, da lo mismo la que sea, para paralizar el crecimiento económico y el desarrollo social de nuestra isla, tenemos la respuesta a lo que sucede. Es la quinta columna que está favoreciendo, junto a intereses externos, que Las Palmas se convierta en la capital de Canarias y Santa Cruz de Tenerife, se quede como un pueblo grande, bonito, verde y bucólico.

Hay que recuperar el liderazgo, prestigio, autoestima y la valorización de Tenerife, reconstruyéndola, no sólo por necesidad económica y social, sino por dignidad. Tenemos una isla para crecer y lo vamos a conseguir.

Oscar Izquierdo es Presidente de FEPECO

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