FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Resistencia de las kellys | Salvador García Llanos

Ocho horas diarias y una media de diecisiete habitaciones para llegar a los quinientos euros a fin de mes. Esta es la síntesis de la situación de Las Kellys, las camareras de piso. Según la portavoz de la asociación que las agrupa, Ángela Muñoz, quien no haya hecho cuatrocientas habitaciones al mes, es penalizada. Muñoz dice que es otra vuelta de tuerca para un colectivo que suma a las consecuencias de la pandemia y al ajuste de costes que están haciendo los hoteles con su personal, la externalización, cuando una empresa encomienda la realización de tareas o servicios propios a otra empresa y una práctica que llevan padeciendo hace algún tiempo.

Las quejas de las Kellys se saldan con una frase: “Ahí tienes la puerta”, puerta que las camareras de piso se resisten a abrir: “Saben que tenemos necesidad y se aprovechan de eso”.

En un reportaje de denuncia emitido en la cadena SER, otros testimonios señalan que hay hoteles en Madrid donde el arreglo/mantenimiento de una habitación se paga a 2,30 euros, da igual la categoría, suite, cuádruple o doble. A esa cantidad, hay que añadir otro problema: la falta de tiempo, una singular carrera contra reloj para terminar la tarea, amenazada con una penalización si no completan las cuatrocientas habitaciones.

Y como cada vez es más difícil encontrar hoteles que contraten directamente a estas profesionales, las alternativas laborales reflejan la precariedad de las condiciones de trabajo. Ha vuelto el trabajo “a destajo” porque lo que cuenta es la producción y no los días trabajados. Para la representante de las Kellys “la externalización no es otra cosa que la explotación del siglo XXI”.

Piensan en su futuro, claro, de modo que cobrar menos ahora significa que la cotización se reduce, lo cual incidirá en las bases de la jubilación, cuando llegue. Hablan de abuso y por eso convierten las quejas en denuncias que se tramitan en la inspección de trabajo, con los problemas que suelen darse por exceso de demandas o carencia de personal para atender la tramitación.

La situación, entre reducidas retribuciones y controles insuficientes, es preocupante. Si se trata de dignificar las condiciones de trabajo, hay que operar de otra manera. El colectivo de las Kellys ven cómo pasa el tiempo y sus penurias se prolongan. Si se está pendiente de que cristalice la reactivación o la recuperación del sector, no hay más disculpas: cuando sea una realidad, cuando todo se normalice, tendrán que ocuparse de las circunstancias que envuelven al colectivo con tal de mejorar y dignificar sus condiciones laborales.

Por el bien de todos, incluido el de las prestaciones de las empresas.

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