FIRMAS

OPINIÓN | Empresa y liderazgo líquido | Momo Marrero

‘El pesimista se queja del viento. El optimista espera que cambie. El líder arregla las velas’ – John Maxwell

Los cambios vertiginosos que se están produciendo en la sociedad actual, de los que ya he hablado en otras ocasiones, tienen su reflejo en el mundo empresarial: los ciclos se acortan, los datos se acumulan y la capacidad de adaptación y de transformación se hace cada vez más imprescindible para la supervivencia. Nunca antes había cobrado tanto sentido la frase “renovarse o morir” atribuida al escritor y filósofo español Miguel de Unamuno.

En este contexto de entorno BANI  las empresas deben adaptarse si quieren sobrevivir y garantizar su futuro. Los líderes empresariales del presente y del inminente mañana que hemos empezado a construir deben dejar atrás las formas tradicionales de actuar y de decidir. Las recurrentes afirmaciones “siempre lo he hecho así”, “porque lo digo yo” o “este método me ha llevado al éxito” ya no tienen cabida. Las estructuras hieráticas y rígidas, la autocracia y el micromanagement  deben pasar a mejor vida. El liderazgo líquido es la mejor opción para el presente y el futuro inmediato.

Una empresa líquida o un liderazgo líquido es aquella o aquel que se adapta con facilidad a los cambios constantes de su entorno, que se prepara con antelación para dar respuesta a contextos cuyas condiciones se ven alteradas, que se autorregula y se adapta sin esperar a que se consoliden los conocimientos y hábitos asociados a dichas condiciones, que en definitiva sabe convivir con la diversidad y acomodarse a los cambios.

El concepto de empresa líquida fue acuñado por el sociólogo y filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman, integrado en un pensamiento aún más amplio denominado modernidad líquida (expresión que da título a uno de sus libros, publicado en 2002), que define a las actuales sociedades globalizadas como evolución de las sociedades modernas, caracterizadas por el desarrollo de la economía global, la privatización de los servicios y la revolución de la información y la tecnología. Según Bauman, una sociedad líquida se caracteriza por los cambios continuos con fecha de caducidad temprana.

Ante estas circunstancias que nos envuelven y nos condicionan, las empresas han de desarrollar una cultura corporativa y una o varias estrategias caracterizadas por su flexibilidad, que les permitan afrontar los cambios y adentrarse en lo desconocido con agilidad; han de adoptar estructuras dinámicas, introducir los equipos multidisciplinarios entre su personal y demandarlo de sus proveedores; han de ser proactivas y establecer la mejora continuada como principio corporativo, tomar las decisiones necesarias para que la curva del cambio sea corta en el tiempo y tener más presentes que nunca los recursos y capacidades con los que cuentan, promoviendo un sentido de urgencia y de visión del cambio. Una empresa líquida es, por tanto, aquella que, como el agua, se adapta y se amolda a la superficie en la que está depositada. La empresa líquida es aquella que practica un liderazgo empático y motivador, que potencia la autonomía de los equipos y el NOSOTROS por encima del YO.

En un entorno en el que las sociedades y sus individuos cada vez se concentran menos en comunidades físicas y más en comunidades digitales, en el que la información se genera y fluye exponencialmente, las empresas y sus líderes deben adoptar una cultura de constante adaptación, que cuestione lo conocido y universalmente aceptado para poder afrontar con éxito el porvenir. Y para ello el liderazgo debe ir asociado a una extraordinaria capacidad de empatía y resiliencia, en continuo aprendizaje, como dice un cliente mío “que tenga caderas” para moverse al ritmo y adaptarse a la variabilidad de los mercados y que sepa dar respuesta a las necesidades de la demanda. Estos líderes deben estar altamente capacitados para moverse con destreza y dinamismo entre la no certeza y en la ambigüedad de los entornos frágilesno linealesincomprensibles y que generan ansiedad.

El liderazgo líquido es un liderazgo compartido que lleva implícita la capacidad de los individuos y de los grupos para adaptarse a los cambios incesantes, sin dejar de evolucionar y de adquirir conocimientos. El líder líquido no espera pacientemente a que el equipo se ponga de acuerdo, sino que propicia el consenso y se ocupa activamente de que el resultado sea positivo. Como afirma el proverbio chino, los patos salvajes siguen al líder de su parvada por la forma de su vuelo y no por la fuerza de su graznido.

Un líder líquido ha de tener y desarrollar las siguientes capacidades:

  • Adaptabilidad
  • Flexibilidad
  • Resiliencia
  • Empatía
  • Motivación
  • Trabajo en equipo
  • Trabajo por proyectos
  • Trabajo por objetivos

Imagen: Momo Marrero

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario