FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Un neologismo | Francisco Pomares

La jefa de comunicación de Podemos en Canarias, Yurena Corujo, una de las portavozas más aguerridas de doña Noemi Santana en sus guerras de redes, se descolgó hace un par de días con un twiter calificando a sus socios socialistas de pollaviejas. Confieso que me pareció bastante ordinaria la señora, y pensé la que podría haber liado ella misma si alguien se hubiera referido en términos parecidos a una colega suya de sexo no masculino. El lenguaje coloquial está plagado de insultos estrambóticos y estrafalarios que recurren a características supuestas o reales de los atributos sexuales para zaherir a gente delicada. Lo primero que hice fue acudir al DRAE, a ver si entre las últimas incorporaciones de los señores académicos se encontraba el vocablo de marras. Pues no. Pero la ventaja que tiene internet es que uno encuentra respuesta a sus preguntas donde menos la espera, porque internet es un pozo de sabidurías.

Pues eso, que encontré la definición del vocablo pollavieja en una sorprendente página de palabras trambólicas y me quede muy que pero muy pasmado. Al parecer, pollavieja no significa lo que yo creía: la expresión, al parecer un podemismo de última hora, se utiliza coloquialmente para definir a personas que sin ser viejas piensan de forma anticuada. Según la web Trambólico, “se puede pensar que es lo mismo que un cuñado o un viejoven pero no es así aunque compartan características. Un pollavieja también se puede relacionar con la expresión facha pero aun teniendo cosas en común un pollavieja no siempre es un facha, es probable que todos y todas lleguemos a una edad en la que seamos pollasviejas, una edad en la que la música actual nos parezca una basura y solo sea buena la creada en nuestra juventud o por artistas de nuestra generación. A un pollavieja tampoco le gusta el cine actual aún siendo cinéfilo, te dirá que el buen cine es el clásico o el cine de los 80. Los pollaviejas muestran sus quejas en las redes sociales, Twitter es su principal herramienta”.

Según esa última definición, la twitera Corujo también sería bastante pollavieja, pero lo sea o no lo sea, que yo no voy a entrar en el asunto, lo cierto es tiene bastante razón en su definición: la respuesta de Sánchez a la ocurrencia del ministro Garzón recomendando reducir el consumo de carne –que es de lo que iba la cosa– es bastante antigua. Lo del chuletón y eso, me refiero.

Garzón es un pésimo ministro, un vago irredento al que le crearon un ministerio de juguete pero con 580 funcionarios, que nos cuesta 40 millones al año y que no ha llevado en toda la legislatura más que tres Reales Decretos al Consejo de Ministros, uno para autorizarse el alquiler de una oficina de lujo en la calle más cara de Madrid. Su declaración sobre el consumo excesivo de carne es probablemente una forma de estar en el candelero, y no se ha hecho de la forma en que debe hacerlo un ministro: negociando con sus compañeros de Gobierno mecanismos para modificar los hábitos alimentarios inadecuados. Pero siendo todo eso cierto, lo que ha dicho también es verdad: el consumo excesivo de carne en las sociedades desarrolladas es insano e insostenible. No ha dicho nada nuevo, por muy polémico que pueda resultar, como lo era hace cincuenta años referirse a los problemas derivados del tabaquismo. Sánchez puede (y quizá deba) cesar al ministrillo Garzón por incompetente, por vago y por inútil, pero no debería trivializar divertido sobre un asunto de cierta importancia para nuestro futuro, y sobre el que existe consenso entre dietistas y científicos: el consumo excesivo de carne es malo para la salud y contribuye de forma importante al calentamiento global. Doña Yurena tiene razón al decir Sánchez se ha portado como un pollavieja. Con su chuletón se lo coma.

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