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OPINIÓN | El descubrimiento oculto (ficción irónica) | Agustín Gajate Barahona

Un grupo de investigadores de la Universidad de Tchin Tchin, que no se encuentra en China como muchos piensan sino situada en la ciudad francesa de Afflelou, en colaboración con centros de estudios de medio centenar de países, ha concluido un vasto trabajo de campo por todo el planeta realizado durante los últimos meses, que ha dado como resultado un importante descubrimiento, que puede cambiar el futuro de la humanidad y que ha sido publicado por la prestigiosa revista científica Proceedings of the International Resort Society of Sciences and Nature Academy for the Best World (and two hard boiled eggs).

Las conclusiones de este estudio afirman que las gafas que utilizan imanes en sus monturas para acoplar cristales de sol, de cerca, para reducir los brillos nocturnos o la intensidad de las pantallas de los ordenadores, son capaces de bloquear los mensajes que emiten y reciben los nanochips creados por Bill Gates e introducidos en los cuerpos de millones de personas a través de la campaña de vacunación masiva contra la pandemia de la covid-19.

Los autores de la investigación han comprobado que una vez introducidos los nanochips en los cuerpos de las personas vacunadas, éstos se van posicionando en el cerebro a través del flujo sanguíneo, de ahí los efectos secundarios de las vacunas como cefaleas o cefalitis, y empiezan a emitir ondas que son captadas por antenas terrestres de 5-G, que las redirigen a satélites y éstos, a su vez, a superordenadores en red que analizan las señales a través de potentes algoritmos y envían diferentes mensajes para potenciar que esas personas sigan con su vida consumista y anodina y se posicionen a favor de lo que más convenga a las multinacionales patrocinadoras de este programa de control, entre las que se encuentran cadenas de comida rápida, plataformas de compra por internet y de televisión de pago, cadenas de hipermercados, fabricantes de tecnología inteligente, empresas de programación de software y videojuegos, casas de apuestas y casinos de juego ‘online’, consultorios de tarot o sectas religiosas, entre otros lucrativos negocios.

El equipo científico multidisciplinar analizó y entrevistó a más de un millón de vacunados de un centenar de países, después de que observaran diferentes videos por internet en los que personas ponían imanes, cucharillas y otras pequeñas piezas de cubertería, así como cualquier objeto metálico con poco peso, en el lugar donde se les había inyectado la vacuna instantes antes, quedando adheridos a la piel. Estos hechos fueron puestos a prueba en diferentes centros de vacunación y posteriormente refrendados, pero días después se dispersaban los efectos y lo que se detectaba era una mayor intensidad magnética en el cráneo.

La vacuna que presenta mayores efectos en este sentido es la distribuida por la farmacéutica Janssen. Los investigadores creen que eso se debe a que la tecnología que utiliza esta firma procede de su matriz Johnson & Johnson y que aloja los nanochips en la base del folículo piloso del cabello, otorgando a éste un mayor vigor, grosor y longitud para poder ejercer mejor la función de antena.

Sin embargo, en los individuos que llevaban gafas con monturas que incluyen pequeños imanes se observó con diferentes instrumentos de medición una menor carga magnética sobre sus cabezas, ya que dichos imanes aminoran e interfieren  las ondas que emiten y reciben los nanochips, convirtiendo a estas personas en más independientes y críticas con los comportamientos sociales de los rebaños inmunes, además de apreciarse una mayor propensión a la calvicie.

Fuentes consultadas por este informador han revelado que, nada más publicarse el artículo redactado por el grupo investigador con sede en Afflelou en la revista científica Proceedings of the International Resort Society of Sciences and Nature Academy for the Best World (and two hard boiled eggs), agentes de la Central de Inteligencia Americana (CIA) enviaron un informe a sus superiores en Washington, trasladado posteriormente al Pentágono, en el que pedían lanzar un misil con varias cabezas nucleares contra el campus de la Universidad de Tchin Tchin “situada -dice textualmente el documento- en pleno centro de la Francia Comunista, para que el escarmiento sirva de ejemplo a otras naciones e instituciones de similar ideología”.

Preguntado al respecto, un portavoz de la Casa Blanca declinó hacer manifestaciones públicas, pero luego filtró a un grupo de periodistas de medios de comunicación afines al presidente que estaban barajando todas las posibilidades, pero que se trataba de una operación muy compleja, ya que el entramado de esta organización criminal tenía ramificaciones en decenas de países, tanto aliados como enemigos, y que operaba a través de una amplia red de ópticas que se encargaba de la venta de las monturas de gafas con imanes, que impedían el progreso de la civilización, de la libertad y del modo de vida americano y occidental.

La publicación del artículo también ha provocado una crisis diplomática con Turquía, donde el gobierno y su polémico presidente, influidos por el poderoso ‘lobby’ de clínicas dedicadas a los implantes capilares, han denunciado ante el Tribunal de La Haya a la farmacéutica Janssen por competencia desleal y por potenciar el crecimiento del cabello para que cumpla la función de antena, lo impide que los varones se conviertan en potenciales clientes de los servicios estéticos que se ofrecen en dicho país.

Los expertos jurídicos consultados creen que la demanda acabará en un acuerdo de conciliación entre las partes, de manera que Janssen o su matriz Johnson & Jonhson facilitará los nanochips de Bill Gates a los implantadores capilares turcos, para que los puedan incorporar ellos en sus tratamientos, ya que Turquía forma parte de la estructura militar y del paraguas defensivo de la OTAN, aunque a veces no lo parezca.

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