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ENTREVISTA | VINOS | Pedro Sánchez: “Los premios no se compran, se ganan y tienen mucho trabajo detrás” 

Pedro Sánchez, en la Bodega Guayonge. Fotos: Tachi Izquierdo

El enólogo tacorontero, ganador este año, y por tercera ocasión, del galardón al mejor vino de Canarias, con el tinto de Finca del Parque Los Olivos, elaborado en Arico (las dos anteriores con Hambre de Tierra y Jable), realiza un análisis valiente del sector, al que considera que le “sobran envidias” y “le faltan ilusión y unión”. 

EBFNoticias | Tachi Izquierdo |

Pedro Sánchez transformó la tradición agraria familiar que le rodeaba de pequeño y la inspiración que le trasmitía su padre, en una pasión que ha ido moldeando con el paso de los años a fuerza de trabajo y estudios, que le han llevado a acumular multitud de premios con sus creaciones. Sánchez tiene un sello propio, en el que se destaca su valentía y conocimientos, aportando unos vinos diferentes y necesarios para lograr esa apuesta por la calidad que tanto ha perseguido a lo largo de los años.

Todo comenzó en las fincas de su Tacoronte natal, cuando Pedri, que es como  se le conoce, soñaba con otra forma de afrontar la viticultura, un relevo generacional que solo podría liderar si estudiaba lo suficiente. Esa brecha la inició con un ciclo de Grado Superior en la Escuela de Capacitación Agraria, centro que considera ha vivido mejores tiempos y que en la actualidad no goza del reconocimiento y respaldo que merece por su potencial.

Como hombre de campo, habla claro y sin rodeos. Llama a las cosas por su nombre y describe su periplo francés, desarrollado en varias etapas, y en el que obtuvo muchos reconocimientos por sus creaciones, con la sencillez y el agradecimiento de quien ha recibido y aprendido más de lo que esperaba.

Antes de entrar de lleno en la aventura del vino, que comenzó cuando arrendó cuatro hectáreas de viñedo con un grupo de amigos, Sánchez trabajó en diferentes explotaciones agrarias, hasta que recibió la primera llamada de peso del sector, que fue la de Miguel Pacheco, de Bodega La Baldesa, aventura que llegó hasta que se lo permitió la crisis económica. Ese parón fue la oportunidad que dio paso a los estudios, con dos años en el ciclo, que concluyó con una estancia de Erasmus al Sur de Francia, en la cuna del Syrah.

¿Qué supuso esa etapa en Francia para tu carrera?

Para mí fue la revolución francesa. Los franceses, a diferencia de los canarios, aman la viticultura y a su campo, ya que aquí solo existe la envidia. Allí hay más unión y defienden su producto. Durante mi estancia, me ofrecieron quedarme, pero no podía porque tenía que terminar los estudios. Afortunadamente, con posterioridad pude regresar, y elaboré vinos, investigué sobre parámetros de maduración, innové en la producción, trabajé en vinificaciones especiales o clonaciones de plantas, entre otras muchas cosas. Cada día trabajaba 12 horas, porque me apasionaba aquella forma de trabajar.

Pero ha habido más experiencias en el exterior 

Y en materia de formación también. Por ejemplo, hice una certificación de sumelier; un módulo del Máster de la ULL en Enoturismo, y multitud de cursos, entre ellos el Wine Set, que es la escuela más importante del mundo de las catas, del que me faltan las certificaciones 3 y 4, y que ahora estoy preparando.

«Considero que deberíamos centrarnos más en producir vinos de alta gama, sin olvidarnos de otros bolsillos»

«Nos olvidamos del viticultor, que está todo el día mimando sus viñedos para que después no le compren la uva o no pueda vender su vino, porque entra mucha uva para hacer vino que luego se vende como si fuera de aquí»

¿En un sector como el canario, donde se innova poco, una situación en la que la gente se forme está bien visto? 

Falta unión. Creo que nos podemos ayudar, porque no todos hacemos los vinos iguales. Para llegar lejos, nos tenemos que complementar las bodegas, pero en Canarias hay mucha envidia en el mundo del vino.

¿Ese comportamiento afecta al propio avance del sector? 

La envidia el horrible. Yo cuando hago un vino, solo pienso en que salga bueno y no pensar en lo que me van a decir. Uno de los principales problemas es la falta de unión de los 11 consejos reguladores, que si fueran todas de la mano, llegaríamos muy lejos. Cada uno va a los suyo.

Tenemos vinos muy valorados y premiados dentro y fuera, y de eso usted conoce un rato. 

Sí. Afortunadamente. Muchos de esos premios a nivel internacional los he ganado en muchos países, y se trata de vinos elaborados con mucho cariño y alegría, y eso lo han sabido valorar los concursos con los mejores catadores, sommeliers y periodistas del sector.

¿Qué hay detrás de cada premio? 

Los premios no se pagan. Se ganan y tienen mucho trabajo detrás. Y para ganar un premio hay que hacer un buen producto. Lo que no puede ser es que tenemos una viticultura en las islas, que es muy trabajosa y heroica, donde casi todo es manual, y queremos competir en precios con otras regiones. Debemos identificarnos por lo que tenemos y eso es paisaje, suelo, microclimas…

¿Y a cambio de eso, qué es lo que tenemos? 

Creo que en la viticultura cada uno tiene su opinión. El año pasado trabajé en la élite del vino a nivel mundial, en Burdeos. Nuestros vinos van a los certámenes y ganan y son reconocidos.

¿Pero, qué papel jugamos? 

Podríamos ser una referencia si hubiese más unión. No podemos ir a mercados internacionales solo con la producción que se logra una sola bodega de Rivera del Duero. Nosotros tenemos que buscar mercados de calidad. Creo que nos estamos equivocando con nuestros vinos, pues considero que deberíamos centrarnos más en producir vinos de alta gama, sin olvidarnos de otros bolsillos.

«Aquí se cosecha en septiembre y ya se quiere consumir en diciembre. El vino necesita un reposo, una crianza y que madure en sus propias botellas y bodegas. Se quiere vender rápido»

¿Son tan caros nuestros vinos como se dice por ahí? 

No. En absoluto. Hay botellas de Château Pétrus que pueden alcanzar un precio de 7.000 euros. El problema de que nuestros vinos se vendan a un precio muy bajo, es que aquí entra mucho vino de fuera y nos olvidamos del viticultor, que está todo el día mimando sus viñedos para que después no le compren la uva o no pueda vender su vino, porque entra mucha uva para hacer vino que luego se vende como si fuera de aquí.

¿Qué opinión te merece la versión de esas personas que consideran que los vinos foráneos, más competitivos en precio, son similares en calidad a los nuestros? 

Hay un libre mercado. Los que yo gestiono tienen un valor y un precio. El que diga eso, tendrá un problema. Cuando ponemos el precio a los vinos no es para hacernos ricos, porque de esto nadie se hace rico. Simplemente alcanza para mantener una marca y puestos de trabajo. En Burdeos se consume vino francés, aquí deberíamos tener en la hostelería, como mínimo, el 70% de las cartas con vinos canarios.

¿Y, por qué no se hace, si se lleva reclamando años y años? 

Porque no es lo mismo comprar a dos euros que a 6 euros.

Pero estamos en Canarias, no en La Rioja.

Es un problema de gestión política. Como hay libre mercado, esas son las reglas del juego. Si las denominaciones de origen estuviesen más unidas, tal vez tendríamos más peso y se haría algo más.

Trabajas para bodegas y bodegueros que apuestan por lo que tu sueñas

La Bodega Guayonge es una que quiere potenciar la investigación y desarrollo, para potenciar nuestros varietales, nuestro clima y nuestros vinos. Por eso cada vez nos centramos más en lograr productos de alta gama. No podemos competir en precio, y a pesar de que somos pobres, lo hacemos con mucho cariño y los frutos que obtenemos son de primera categoría, reconocido por los mercados foráneos.

«Si las denominaciones de origen estuviesen más unidas, tal vez tendríamos más peso y se haría algo más»

¿Y el mercado interior qué dice de estos vinos? 

Aquí existe mucho la crítica. Detrás de una copa de vino hay mucho trabajo y no se puede estar criticando, porque puede gustar más o menos, pero siempre respetando al productor.

¿A partir de qué momento podemos decir que un vino es bueno? 

En Canarias hay una cultura entorno al vino mal estructurada. Aquí se cosecha en setiembre y ya se quiere consumir en diciembre. El vino necesita un reposo, una crianza y que madure en sus propias botellas y bodegas. Se quiere vender rápido, pero mi experiencia en las grandes bodegas me lleva a una producción por añadas. Por ejemplo, Bodega Guayonge sacará ahora el Hambre de Tierra de 2018.

Ese es un concepto absolutamente diferente a la práctica habitual 

Hay cabida para todos. Se pueden vender jóvenes, afrutados o maceración, pero sin perder el norte. Cada vino debe salir en el momento óptimo. Cuando el que lo hace considere que llegó el momento, que lo saque sin precipitación.

¿Y vinos malos?

No creo que los haya. No puedo decir que un vino es malo. Puede estar mejor o peor.

¿Y dudosos? 

De eso sí. Ese es un mundo difícil de contestar.

«El problema es que se trae el vino de fuera, te lo envasan aquí, que es legal, pero te lo venden como si fuera de aquí. Eso se ha hecho, pero a mí no me interesa, porque lo único que provoca es el abandono de la viña»

A ver…¿Es una leyenda urbana lo de las cubas de vino de fuera?

El problema es que se trae el vino de fuera, te lo envasan aquí, que es legal, pero te lo venden como si fuera de aquí. Eso se ha hecho, pero a mí no me interesa, porque eso lo único que provoca es el abandono de la viña. Pero el mercado está invadido por vinos foráneos, y en algunos guachinches, que son para vender de cosecha propia, te ponen caldos de La Mancha, Alicante y otros sitios, que se mezcla con vino local. Eso es un fraude y el viticultor acaba arrancando la viña y plantando aguacates o dejando secar los terrenos.

¿Se abandona mucho los terrenos de viñedos?

Y se va a seguir abandonando, porque las administraciones ni el Gobierno hacen las cosas cómo se deberían hacer. Primero, que nos acosan con inspecciones a los que estamos al día. En vez de ayudar y apoyar, las pequeñas bodegas estamos como cuando llevas el coche a la ITV, que siempre esperas que te busquen el fallo. Eso, fuera, no es así. En mi experiencia he visto que hay que sumar y mejorar.

¿Y a la hora de hacer vinos, se suele ir por modas o tendencias?

En el tema de las variedades es muy complicado aquí. A mí, por ejemplo, me han criticado por el vino con el que he ganado el mejor vino de Canarias, porque dicen que mezclo variedades propias y foráneas. Yo recuerdo que en las islas no nacieron las parras de la nada. Todo ha sido introducido. El error es que no sabemos vender la región. No las variedades.

Aquí hemos introducido las ratas, los gatos, las cabras, el plátano…¿Qué hace tan particular a nuestros vinos?

El clima. Yo he hecho Syrah en la cuna del mundo donde se emplea esta variedad, y también, lo hago en Tenerife, en la Bodega La Hijuela, que es el Hiboro, y también en Bodegas Guayonge, que es Jable, y ninguno tiene nada que ver entre ellos. Eso quiere decir que, todo lo que pongamos aquí, estará influido por la tipicidad de nuestro suelo, nuestro microclima, los alisios, el sol…Todo influye. Igual, el problema está en las variedades canarias, que a lo mejor necesitan ayuda. Las foráneas son menos productivas, más polifenólicas y mejoran nuestros productos.

¿Y no crees que en este sector hay demasiadas prohibiciones y complejo?

Sí. Y mucha bobería. Nos olvidamos de lo que es el campo.

Pero, ¿por qué renunciar a algo que nos puede dar una mayor calidad?

Porque no hay unión. No hay cultura del vino.

Entonces, ¿quién lo ha hecho mejor, las nuevas generaciones o los viejos viticultores?

Nosotros estamos intentando hacer algo diferente y que el vino canario llegue lejos.

¿Cuántos?

Conozco gente, que pertenece a mi generación, que nos ayudamos y nos damos consejos.

¿Pero, visto lo visto, eso te convierte en enemigo para determinadas personas?

Yo ayudo y me gusta sumar. Para mí todos tienen un trabajo y un sacrificio detrás. Es triste que exista esta división en el mundo del vino. Debería haber más ferias y que se promocione nuestro mercado. Hay que hacer más charlas y promover todo lo que rodea al vino, tenemos que hablar de nuestros productos.

 

«Me han criticado por el vino con el que he ganado el mejor vino de Canarias, porque dicen que mezclo variedades propias y foráneas. Yo recuerdo que en las islas no nacieron las parras de la nada»

¿Hay más envida que vino, entonces?

Casi. Hay gente muy buena. Pero también están los que están esperando a que las cosas te salgan mal, para tirar voladores. Mi objetivo es hacer un buen vino, ayudar al viticultor y crear empleo.

¿Y por qué no se le da al vino el reconocimiento que se merece en los lugares en los que se produce?

Yo soy de Tacoronte, la tierra del vino, que debería tener un monumento  dedicado a esta actividad, pero la sensación es que está todo abandonado. En Europa, cada glorieta, te recuerda que estás en tierra de vinos. Sin embargo, entras al municipio que es la referencia de Canarias, y no se ve nada. En La Geria, en Lanzarote, da gusto. Vas allí, y las bodegas están abiertas para ser visitadas.

¿Y qué falla?

Fallamos los propios bodegueros. El visitante busca cosas exclusivas y calidades supremas, y eso lo deberíamos potenciar. Lo tenemos, pero no le sacamos partido.

¿Cuál fue la sensación cuando te comunicaron que habías hecho el mejor vino de Canarias?

Me alagó, como profesional. Es el reconocimiento al buen trabajo que hemos realizado. Yo soy el enólogo, pero también son importantes los dos chicos que trabajan en la finca, y todo lo que hay detrás. La viña empieza por el viticultor y el trabajo sacrificado. Las dificultades, con el premio se olvidan y estoy muy alegre por ayudar a una bodega a alcanzar lo más alto en un corto espacio de tiempo.

Pero no es la primera vez que recibes este galardón.

No. Lo he obtenido en otras dos ocasiones. La primera me produjo una gran ilusión, que fue con el vino Hambre de Tierra, y ahí sientes que está bien hecho el trabajo y te da ilusión para seguir adelante.

Pero tú perteneces a una generación que quizá cuida todo con otra perspectiva, desde la etiqueta o la botella, y que busca otras cosas con el vino.

Nosotros apostamos por la imagen, pero asegurando que lo que va dentro de la botella es bueno. En Bodegas Guayonge apostamos por la imagen, apoyándonos en el diseño que llame la atención porque nos identifica.

«Fallamos los propios bodegueros. El visitante busca cosas exclusivas y calidades supremas, y eso lo deberíamos potenciar. Lo tenemos, pero no le sacamos partido»

Eres muy critico y te has formado, pero me gustaría saber qué discurso tienes para el futuro del vino

También soy inquieto. Lo mejor que puedo decir ahora es que debemos todos sentar la cabeza y aportar por los productos kilómetro cero, que son la marca y fuerza en Canarias. De resto, no sé que vendrá, pero el vino no debe ir solo y tenemos que apostar por el paisaje y por evitar que se abandonen los viñedos. Los consejos reguladores deben ser más unidos, aunque cada uno venda su etiqueta.

¿Y la denominación Islas Canarias?

Eso se debió iniciar hace muchos años, aunque también me parece bien que sigan existiendo todas las denominaciones de origen, y que ambas situaciones se fusionen. Por ejemplo, si en una zona hay problemas para lograr una buena cosecha, y no hay uva un año, puedes obtenerla en otra denominación en otro municipio o en otra isla. Estar en las dos denominaciones es hoy en día un problema para una bodega. Es burocracia y falta unión. A mí, por ejemplo, que soy tacorontero, no me han felicitado de los consejos reguladores por el mejor vino de Canarias. Del Ayuntamiento de Tacoronte, si me ha felicitado el alcalde, José Daniel Díaz.

¿Y cómo se pude mejorar la promoción de nuestros vinos?

Con ferias y más actividad, de manera permanente. Todas las que se han hecho, han funcionado. Hacer un cambio en la cultura del vino y que los políticos escuchen más a los que saben sobre este sector, ayudaría. Tengo muchas ideas desde hace muchos años, pero es muy difícil llevarlas a cabo porque todo el mundo va a lo suyo. La familia que conforma la Bodega Guayonge ha crecido, obteniendo vinos premiados a nivel mundial y sigue pensado en llegar a cotas mas altas. Eso también es promoción. He realizado una labor fundamental junto a Blas González, mi socio y cómplice en este proyecto, creando una propuesta que es referente aquí y fuera de nuestra tierra, ya que cada año recibimos a alumnos franceses e italianos que realizan sus estudios en enología en sus países.

¿Tiene futuro el vino, después de la Covid?

Si. Creo que la gente va a empezar a valorar más el producto local. Yo, por mi parte, seguiré aprendiendo en favor del vino, y no sé dónde estaré. Tengo ofertas del extranjero, y si son para aprender para mejorar luego el producto local, yo me voy. Saldré para sumar, aprender nuevas tecnologías y vinificaciones. Yo soy quien invierte en mí.