FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | 50 cochitos para propaganda | Francisco Pomares

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El consejero Valbuena, responsable de transición ecológica, se felicitó ayer por la decisión del Gobierno de Canarias de comprar medio centenar de coches eléctricos, y defendió la medida como una demostración clara de la voluntad del Gobierno de avanzar en la descarbonización planetaria.

He de reconocer que me dejó un poco patidifuso: el consejero sabe perfectamente que los coches eléctricos se cargan enchufándolos a la red, y consumen la energía que circula en la red eléctrica. En Canarias, algo más del 80 por ciento de la energía que circula por la red de transporte se produce en centrales de ciclo combinado que podrían usar gas, pero consumen fueloil, el más contaminante de los combustibles fósiles que se utilizan para producir energía eléctrica. Cada vez que uno de los cincuenta coches eléctricos del Gobierno se ponga silenciosamente en marcha, lo hará gastando un 80 por ciento del fueloil usado en la recarga de sus pilas. No creo que eso genere mucha descarbonización, aunque funcione bien para la propaganda.

Usar un coche exclusivamente eléctrico en Canarias –no un híbrido, que produce una parte de la energía eléctrica que consume cuando rueda– es una decisión que no tiene ningún efecto directo en la reducción de emisiones de carbono, o sólo en la mínima parte de consumo de la energía incorporada a la red desde fuentes renovables. ¿Quiere decir eso que es algo inútil? ¿Un mero capricho? No. Comprar coches eléctricos contribuye a mejorar los resultados económicos de una producción aún reducida en el conjunto de la industria, y a mejorar una tecnología que apenas ahora comienza a ser realmente eficiente. Es también una declaración de intenciones, una bienintencionada profesión de fe.

Lo que sucede es que yo soy un antiguo: creo que los Gobiernos deben centrarse más en cambiar las cosas, en lograr resultados, que en hacer bonitas declaraciones de intenciones. El consejero responsable de avanzar en la descarbonización, debería centrarse en facilitar la incorporación de fuentes de energía renovable a la red, implementar la autoproducción y autoconsumo, llenar los tejados de los edificios del Gobierno de fotovoltaicas y favorecer una mayor producción de energía eléctrica no dependiente de hidrocarburos. Además de alentar que la ciudadanía incorpore hábitos de consumo eléctrico más eficientes y razonables. Porque hasta que no haya al menos cien mil coches eléctricos circulando por las carreteras y calles de Canarias, no tiene mucho sentido hablar de la utopía de los coches eléctricos como fuente de almacenaje alternativo de electricidad (un coche eléctrico es una pila recargable con ruedas), pero desde ya, desde ahora mismo, hay que empezar a pensar que el actual sistema de transporte eléctrico no va a poder soportar la carga nocturna de medio millón de vehículos. Y es este concreto consejero quien tiene que ocuparse de que la red eléctrica de Canarias esté en los próximos años en condiciones de atender el transporte de toda la energía necesaria para cargar esas pilas.

Lograr eso es mucho más importante que comprar coches. Y más complicado. Y más laborioso. Aunque es verdad que romperse el lomo resolviendo los verdaderos problemas nunca ha dado tan bien en las fotos publicitarias como posar delante de una flotilla reluciente de coches recién comprados.

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