FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | ¿Quién carga ahora con el muerto? | Francisco Pomares

O sea: que Isabel Díaz Ayuso barre en Madrid con una propuesta política declaradamente antisanchista, confrontándose con el presidente del Gobierno durante toda la campaña, y como resultado, el PSOE de desbarranca en la peor caída de su historia en los últimos cuarenta años, pero el pato del batacazo lo tiene que pagar el profesor Gabilondo, al que encargaron hacerse cargo de una situación que ya era de quiebra.

A Gabilondo, un hombre sensato pero melifluo, lo pusieron allí para no hacer sombra al machomen podemita que iba a lograr la unidad de la izquierda, y que dos horas después de fracasar en su declarado intento de salvar Madrid de pijos y fachas, se fugaba a los cuarteles de invierno catódicos y bien pagados del boss Roures.

No fue Gabilondo, sino la candidata de Más Madrid, Mónica García, quien le paró las patas al político más detestado de la actual democracia española, cuando lo calificó de venir en plan ‘macho alfa’ a arreglar las cosas en Madrid. Es probable que con esa definición de don Pablo –aplaudida por miles de madrileños y prólogo de la quiebra de las ilusiones de Iglesias de ser mandamás en una candidatura unitaria de la izquierda–, Mónica García comenzara su camino para convertirse en la segunda ganadora de estas elecciones madrileñas.

Es cierto que la política tiene muchísimo de simbólica, y que por un minúsculo puñado de votos –cinco mil de diferencia- el tercer puesto del PSOE podría haber sido el segundo y ahora quizá estuviéramos hablando de otra cosa. Pero no ha sido así. La política es una actividad de alto riesgo, en el que tus amigos de hoy pueden ser tus más feroces adversarios mañana. Después de prestarse a resolverle a su jefe Sánchez el papelón de una campaña perdida de antemano, Gabilondo se enfrentó la noche de marras al total abandono de los suyos.

El presidente ni salió de Moncloa a pasarle la mano por el lomo a su víctima propiciatoria. Ni siquiera asumió la derrota con un discreto y gallardo acto de presencia y apoyo a su colega asesinadito por los resultados. Unos resultados de los que el verdadero responsable no es Gabilondo, sino el propio Sánchez.

De hecho, el profesor Gabilondo intentó resistirse a las directrices de la ruinosa campaña teledirigida desde Moncloa: ¿Recuerdan aquello de “con este Pablo Iglesias no”, la frase con la que arrancó? Fue inmediatamente llamado a capítulo por el todopoderoso demiurgo de Sánchez, Iván Redondo, y obligado a cambiar el tono. ¿Recuerdan la hora que se pasó el hombre platicando en el estudio de la SER después de que Iglesias se mandara a mudar tras escenificar su cruce de acusaciones con la señora Monasterio? Le avisaron del partido exigiéndole que abandonara el debate en solidaridad con Iglesias. ¿Recuerdan cómo intentó Gabilondo centrar la campaña –lo mismo que hizo más Madrid– y desde Ferraz le pidieron que apretara los dientes, se sumara a la política de confrontación y polarización y se pusiera de perfil?

El PSOE quiere ahora librarse de Gabilondo, después de que hiciera exactamente lo que le pidieron que hiciera: sacrificarse como una oveja sacramentada, camino del matadero. Ábalos fue muy preciso la misma noche del recuento, cuando dijo aquello de que Gabilondo ya “ha cumplido su función”. Más claro, agua.

Ahora: agradecimiento de los servicios prestados, y puerta.

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