FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Piel de papel | Salvador García Llanos

Damián Marrero Real tuvo que disfrutar en un acto a su medida, o sea, una presentación sin guión, impregnada de la espontaneidad que envuelve la frescura de las cosas sencillas que reivindica en su sexto libro, Piel de papel (Mestura Estudios Ediciones), presentado ayer en el Museo Arqueológico Municipal (MAM) del Puerto de la Cruz.

Primero, porque antes de empezar, recibió de manos de dos “embajadoras”, amigas de excepción, Marisol y Cristina, la distinción “Mocán de Honor” que concede la comunidad educativa del IES Cruz Santa, el centro donde trabajó, a uno de sus docentes. No pudo Damián evitar emocionarse: “Para alguien que tuvo que dejar la enseñanza abruptamente hace casi tres años, es un orgullo y una gran alegría”, agradecería con todo su corazón de docente vocacional “que vuelve a vibrar en un momento tan señalado”.

Y después, porque, flanqueado por Francis Álvarez Abrante, prologuista, y Alexsander Rodríguez Carballo, dibujante autor de las láminas que ilustran la obra, mantuvo un diálogo fluido que permitió conocer los pliegues por donde discurre esta suerte de canto contra el colonialismo digital.

Es un libro que habla de la pasión por lo libros. Un ensayo que el autor parece dejar a medias cuando al título añadió el paréntesis semi-ensayo bibliófago. Pero las páginas fluyen contrarias al colonialismo digital porque eso es lo que busca el autor: conservar espacios de materialidad. Por eso afirmó que “el formato y el medio sí importan”, intentando dar respuesta a la doble gran pregunta “¿qué leer y cómo hacerlo?”.

Marrero fue crítico sin piedad con fórmulas o métodos de nuestros días, como “el cortar y pegar que tanto daño ha causado”, y con expresiones como “nativo digital, un término nefasto que hay que dejar de emplear porque se aleja de la realidad”. Prefirió a Umberto Eco, cuando consideró que “el libro de papel es un acto imposible de mejorar”.

En Piel de papel, el autor sugiere la preservación de espacios no colonizados. Ejemplo, las librerías, donde se pueda hablar con los libros y con los libreros, donde palpar el saber, donde las obras y las opciones se abracen en un diálogo permanente que siempre aporta nuevas aristas y donde aún se respira humanismo más allá de los bosques insondables del mercantilismo informático.

Éxito seguro, pues, de Damián Marrero, al que su amigo Francis Álvarez respaldó desde su sensibilidad por la cultura y la creatividad; y cuyos pensamientos de la Piel de papel ilustró con fruición Alexsander Rodríguez, como cada vez que se empeña en ilustrar con un bolígrafo BIC en busca de la perfección. Y es que esa dermis se hace acreedora del mimo para tratar de los clásicos, hábitos incluidos.

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