FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Arriba y abajo | Francisco Pomares

La jueza Noelia Gallo, del Juzgado de Primera Instancia Número 6 de Santa Cruz de Tenerife, ha condenado a la dirección nacional de Ciudadanos a readmitir a Evelyn Alonso –expulsada del partido y convertida en ‘la primera tránsfuga de España’–, restituyéndole todos los derechos de los que hubiera sido privada, y al pago de las costas judiciales. Para el partido se trata de una derrota en toda regla, y además una derrota autoinfligida, cuando los abogados de Ciudadanos aceptaron avenirse –allanarse, en términos jurídicos– a todas las exigencias de la concejal chicharrera, para evitar que Carlos Cuadrado se viera forzado a declarar como testigo, como había pedido el fiscal.

Cuadrado, secretario de organización de la ejecutiva nacional, fue el responsable de la chapucera expulsión de Alonso, en la que se saltó la obligación de comunicar la expulsión y escuchar las alegaciones de la expedientada. Cuadrado es también responsable del desastre en que acabó el intento de moción de censura en la región de Murcia.

Retirado de la primera línea de exposición, reducidas sus competencias ejecutivas al mínimo, la dirección nacional no quería volver a exponerlo –y exponer al partido– a un esperado fracaso en un juicio público. Por eso, en una sorprendente decisión, Ciudadanos decidió aceptar todas las condiciones de Alonso, incluyendo el reconocimiento de haberla expulsado sin respetar sus derechos.

Confirmada por sentencia judicial la avenencia de Ciudadanos a la reincorporación de Alonso al partido –una formalidad que tiene mucho más de ficción que de realidad- la situación política en el ayuntamiento santacrucero roza lo surrealista: Alonso se reincorpora al grupo mixto, recupera todos sus derechos como afiliada y como concejala –incluyendo los salarios que dejó de percibir–, deja de ser “la tránsfuga”, y tiene ya un punto ganado en la reclamación laboral que mantiene contra su partido, que la despidió de su trabajo como asesora del grupo parlamentario, amparándose en una justificación–haber actuado como tránsfuga al apoyar la moción de censura contra Patricia Hernández– que el propio partido niega ahora.

Todo el asunto adquiere connotaciones que van desde el ridículo a la perplejidad ante el vuelco en los acontecimientos. Pero esto no ha hecho más que empezar: Alonso seguirá apoyando el gobierno de Bermúdez y acabará por ser nuevamente expulsada de su partido, si es que queda algo del partido tras el 4-M. Pero mientras eso ocurre, y el procedimiento puede dilatarse un par de años hasta ser firme, la concejal pasa al grupo mixto.

Allí, Alonso queda bajo la dirección de su archienemiga Matilde Zambudio, aunque probablemente por poco tiempo. Supongo que no habrá acuerdo entre ambas sobre quién debe desempeñar a partir de ahora la portavocía del grupo mixto, con lo que la decisión sobre ese particular corresponderá legalmente al alcalde. Es de suponer que a la abogada Zambudio se le van a poner las cosas complicadas: le quedan un par de telediarios como portavoz, y muy escaso recorrido político en el consistorio. Probablemente tenga que beber la misma agria pócima de silencio en los plenos y ostracismo municipal a la que ella sometió a su colega Alonso. Por lo menos hasta las próximas elecciones, y eso si es que Patricia Hernández decide incorporarla en 2023 a las candidaturas del PSOE.

La política tiene estas cosas: un día estas arriba y otro día muy abajo, en el pozo. A la gente se la distingue a veces más por su comportamiento cuándo toca bailar con la más fea, que cuando las cosas vienen bien dadas. Alonso demostró bastante cuajo en estos meses en los que fue despedida, privada de sus derechos, insultada y amenazada. A la señora Zambudio no le espera ese calvario. Pero va a quedarse muy sola. ¿Aguantará?

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario